Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

ROBERTO CASÍN: Espías hasta en la sopa

Vamos a ver. Desde que el señor Assange destapó primero la olla de WikiLeaks, y Snowden puso al descubierto algunos secretos de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) el escándalo ha sido mayúsculo, y no ha quedado aparato de inteligencia en el país con el pellejo sano. Se ha dicho de todo: que se pasan de raya, que lo vigilan a uno en la cama, en la intimidad del baño, por teléfono, por Internet, que saben hasta dónde el jején puso el huevo. Los puritanos, los antisistema, los ofendidos y los asustados han ventilado el asunto en la prensa, a la luz pública, y los legisladores en audiencias en el Congreso, a puerta cerrada. Para unos bastaría con el castigo o una reforma, sin embargo para otros el remedio santo sería la abolición. ¿Sin espías? Eso. La presión ha sido tanta, que hace apenas unos días, el director de la CIA, John Brennan, anunció que en efecto se estudia someter a la agencia a una profunda reorganización.

Estaría bajo revisión la propia estructura de la CIA, que desde su fundación hace más de medio siglo ha funcionado dividida en cuatro grandes ramas: su servicio clandestino a cargo de las misiones de espionaje y operaciones encubiertas; la dirección de inteligencia, con miles de analistas; la de ciencia y tecnología, y la encargada de la logística en el extranjero. La idea sería recomponer todo el andamiaje burocrático de la agencia en torno a “centros” que combinen analistas, agentes, científicos y personal de apoyo. Algunos señalan que esa fórmula resultó ser muy exitosa, por ejemplo, en la captura de Bin Laden. Pero los criterios están divididos en torno a si esa manera de operar puede ser efectiva o no frente a adversarios mayores, o sea, otros aparatos de inteligencia, léase Rusia y China.

Brennan no es santo de mi devoción, pero al menos quiere que las cosas funcionen. Otros, en cambio, abogan por eliminar tanto la CIA como la NSA bajo el alegato de que ambas gozan de poderes omnímodos, que hacen lo que se les antoja, que se entrometen en la vida privada de la gente incluso violando la ley, a sabiendas de que nada les ocurrirá. Dicho esto, cuesta pensar que instituciones con una misión tan crucial y por naturaleza llamadas a actuar en secreto tengan que operar sin disimulo, cándidamente, a puertas abiertas. Uno entiende que el trabajo de los espías es sucio, pero no es el único. En este mundo de estercoleros cada cual hace la parte que le toca, desde los biólogos que vigilan especies en peligro de extinción y recolectan orina de orangutanes hasta los masturbadores de toros encargados de velar por la salud reproductora de las bestias. Tampoco nos faltan enemigos. Y no crean ustedes que el país va a estar más seguro porque a título personal nos libremos de escuchas telefónicas y de que los satélites nos retraten hasta la verija.

Lo que me parece imperdonable, en medio del debate. es menospreciar a nuestros cazaenemigos y espías. Hablo de los hombres y mujeres anónimos, caídos en servicio, identificados solo por más de un centenar de estrellas sobre un muro de mármol blanco a la entrada del edificio principal de la CIA, en Langley. También de los que aun sin gozar de la popularidad de James Bond ni los encantos de la Mata Hari siguen jugándosela en Afganistán, Siria y otros parajes, entremezclados con los yihadistas, a riesgo perpetuo de que los degüellen, con una pistola al alcance de la mano o bajo la almohada, lejos de los suyos, fingiéndose traficantes o asesinos. Siempre atentos a saber cuándo dónde y contra quién de nosotros sonará el próximo bombazo o disparo. Por eso me pregunto qué tienen en el seso los que proponen acabar con la CIA y la NSA. ¿En qué mundo creen que vivimos? Quienes presumen de apóstoles de una sociedad libre deberían saber mejor que nadie el precio que se paga por preservarla.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: Espías hasta en la sopa."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA