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Opinión

ARMANDO GONZÁLEZ: Inmigración y cinismo político


El presidente Barack Obama comenta su acción ejecutiva sobre inmigración en la escuela superior Del Sol, en Las Vegas, Nevada, el pasado 21 de noviembre.
El presidente Barack Obama comenta su acción ejecutiva sobre inmigración en la escuela superior Del Sol, en Las Vegas, Nevada, el pasado 21 de noviembre. Getty Images

Tanto se ha escrito sobre inmigración en las últimas dos semanas que resulta difícil el evitar repeticiones, pero vale la pena tratar. Comenzando con el hecho de que yo favorezco la inmigración. Eso sí, favorezco la inmigración legal. El país necesita inmigración por simples razones económicas. Yo invito a mis lectores a observar los serios problemas económicos que aquejan a Europa y Rusia y que comienzan a complicar las cosas en Japón porque estos países pierden población de continuo y la reducción en la fuerza de trabajo no permite los excesivos beneficios sociales a que están comprometidos.

Millones de inmigrantes ilegales viven entre nosotros, y lo sabemos, porque nosotros mismos los empleamos. Nos pueden estar sirviendo la comida en los restaurantes, fregando nuestros carros, cortándonos el césped, trabajando en los proyectos de construcción que vemos día a día. Mientras esta gente sean ilegales, serán más vulnerables a criminalidad y se abstendrán de participar en actividades responsables en las comunidades en que viven.

Uno de los pilares de nuestra forma de gobierno constitucional es la separación de poderes donde el Congreso es el poder legislativo y el Presidente es el poder ejecutivo. Sin embargo, con su orden ejecutiva el pasado jueves 20, el presidente Obama ignoró ese principio y le hizo daño a las salvaguardas que proveen orden en nuestra república. Independientemente de cómo pensemos en cuanto a inmigración, la acción ejecutiva del Presidente debe ser preocupante para todos. Ciertamente, hay un rol para las acciones ejecutivas, pero este no es uno de ellos. El Presidente justifica su acción basándola en su frustración, como si su indignación, por sí sola, lo autorizara con un poder que él mismo ha reconocido, en múltiples ocasiones, que no tiene.

Mi opinión es que el presidente Obama no actuó para ayudar a los inmigrantes ilegales. Obama actuó para provocar a los republicanos. El momento, en su discurso, cuando me hizo pensar así fue cuando se dirigió a los congresistas republicanos y dijo: “Los americanos están cansados de la parálisis en Washington” y urgió a los congresistas a “no dejar que un desacuerdo en una cuestión dañe las posibilidades de acuerdos en otras cuestiones. Nuestra democracia no funciona así, y el Congreso no debe cerrar el gobierno de nuevo simplemente porque tengamos este desacuerdo”.

Pero yo creo que esto es, exactamente, lo que Obama desea que los republicanos hagan. Su discurso entero fue un esfuerzo calculado para provocar una respuesta autodestructiva de su oposición republicana. Obama quiere que los republicanos cierren el gobierno. Quiere que introduzcan artículos de impugnación (impeachment). Quiere que los republicanos hagan comentarios negativos contra los inmigrantes ilegales. Eso sería música para los oídos de Obama.

Las acciones del Presidente son transparentemente provocativas, tan transparentes que las tres grandes cadenas de televisión rehusaron transmitir en vivo su discurso porque, en palabras de sus ejecutivos, “Nosotros estamos de acuerdo en que su alocución sería extremadamente política”.

El interés fundamental del presidente Obama es usar la inmigración para provocar una división entre el Partido Republicano y los votantes. Y pudiera lograrlo. Pero lo que sí ha logrado es liquidar toda oportunidad de legislar una reforma de inmigración. Piensen esto: para los congresistas republicanos que favorecen una reforma de inmigración, Obama los ha debilitado, porque es prácticamente imposible persuadir a sus colegas que premien la acción inconstitucional del Presidente. Para los congresistas republicanos que no favorecen una reforma, Obama los ha fortalecido porque ahora pueden decir que están opuestos a una “amnistía ejecutiva”. Para los que están indecisos pueden ahora justificar su falta de acción diciendo que no están opuestos a la reforma sino a la inconstitucionalidad de Obama.

Obama sabía que este sería el impacto de su orden ejecutiva, pero la emitió de todas maneras. Está claro que él quiere el alboroto político más que la reforma. Si Obama quisiera realmente una reforma de inmigración lo hubiera hecho durante los primeros dos años de su presidencia cuando gozaba de mayorías en ambas cámaras del Congreso. Podía haber pasado cualquier ley (Obamacare) pero la reforma de inmigración no era una prioridad. Pero ahora sí lo es después de perder la mayoría en el Congreso. No es una coincidencia que Obama escogió pronunciar su discurso la noche de los premios Grammy. Univision pospuso la hora del programa para acomodar al presidente.

Es un nivel de cinismo sin precedentes de parte de un presidente que se preocupa más por ventaja política que por gobernar.

AGonzalez03@live.com

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: Inmigración y cinismo político."

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