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Opinión

GUILLERMO I. MARTÍNEZ: La advertencia de Ferguson


Cientos de manifestantes protestan en Oakland, California, por la muerte del joven negro a manos de un policía en Ferguson, Missouri, el pasado agosto.
Cientos de manifestantes protestan en Oakland, California, por la muerte del joven negro a manos de un policía en Ferguson, Missouri, el pasado agosto. AP

Hay que entender que existe una brecha enorme entre los jóvenes afroamericanos que viven en la pobreza y los policías blancos encargados de mantener el orden en los barrios donde ellos viven.

Los jóvenes afroamericanos tienen su manera de vestir y su forma de comunicarse entre ellos. Viven en su mundo con muchas privaciones y con un viejo antagonismo con los policías blancos a los que ellos ven como opresores y representantes de un mundo que ellos consideran les es injusto.

Hay que entender.

El porcentaje de negros en las cárceles de este país es muy superior al porcentaje de la población que ellos representan. De acuerdo a un informe publicado por la Universidad de Stanford, aunque los afroamericanos sólo representan el 12 por ciento de la población de Estados Unidos, ellos constituyen el 40 por ciento de la población penal de este país.

Las razones que explican esta enorme discrepancia es larga y ya estados como Nueva York y California trabajan en buscar soluciones para no encarcelar a personas cuyo único crimen es el uso de drogas. Pero este es otro tema para discutir otro día.

Mientras, también hay que entender a los policías encargados de mantener el orden en todas las zonas de una ciudad, tanto en las más ricas como en las más pobres.

Y si el departamento de policía no tiene suficientes agentes afroamericanos para patrullar y controlar el crimen en las zonas más pobres de una ciudad, el trabajo es mucho más arduo y peligroso.

Es obvio que lo que me mueve a escribir de este asunto fueron los disturbios raciales en Ferguson, en el estado de Missouri, a principios de esta semana. La chispa que prendió la violencia desatada a principios de semana fue la decisión de un Gran Jurado de no llevar a juicio al policía Darren Wilson después que este hubiera disparado y matado a Michael Brown, un joven de la raza negra.

En este caso particular hay que entender al policía. Aunque Wilson es un hombre grande y corpulento, Brown, a los 19 años medía seis pies nueve pulgadas y pesaba 290 libras. Brown acababa de salir de una tienda donde se había robado unas cosas. Wilson le ordenó detenerse y Brown no lo hizo. Hay distintas versiones de cómo ocurrieron los hechos, pero lo cierto es que Brown caminaba en forma agresiva hacia Wilson a pesar que éste le repetía una y otra vez que se detuviera y que se colocara en el piso boca abajo. Brown no obedeció y Wilson le disparó 12 veces.

La población negra de la ciudad y de los alrededores montó en cólera. A pesar que los padres de Brown pidieran que las protestas callejeras fuesen pacíficas, estas se convirtieron en un campo de batalla al transcurrir la noche. Muchos de los negros de la ciudad trataban de apaciguar los ánimos, pero un número aún mayor empezó a incendiar autos de la policía y negocios en la zona. Rompieron vidrieras y saquearon una licorería, una tiende de teléfonos y otros negocios.

La ira de un grupo de personas que se sienten abusadas, desposeídas y ajenas a los centros económicos y políticos del país es comprensible pero muy difícil de controlar, particularmente si las fuerzas del orden público no quieren abusar del poder de las armas.

No importa que muchos de los negocios saqueados fueran propiedad de afroamericanos. Eso siempre ha ocurrido en este tipo de disturbios raciales. Una turba no piensa. Sólo busca destrozar la propiedad ajena y si puede robarse botellas de licor o teléfonos celulares, mejor todavía.

Después de la violencia vinieron las explicaciones y las recriminaciones. El presidente Barack Obama dijo que entendía bien la frustración de una población negra que percibe a las autoridades como una fuerza de ocupación y de opresión. Aun así el presidente dijo claramente que no era posible aceptar la violencia desatada en las calles de Ferguson; que no había razones que la justificaran.

En Ferguson hay formas de mejorar las relaciones entre la policía y la población afroamericana que viven en la ciudad y en sus alrededores. La policía tiene muy pocos afroamericanos. Tienen que hacer un esfuerzo por reclutar más policías negros y por tratar de acercarse a la comunidad.

Lo ocurrido en Ferguson puede repetirse en muchas otras ciudades de este país. Ojalá que este desafortunado incidente sirva de advertencia al país y que podamos entender que a pesar de todos los avances en las relaciones entre los distintos grupos étnicos y raciales, todavía hay mucho por hacer.

Guimar123@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "GUILLERMO I. MARTÍNEZ: La advertencia de Ferguson."

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