ARMANDO GONZÁLEZ: Tarde o temprano las mentiras tienen su precio
Hace unos días, el Comité Selecto sobre Benghazi de la Cámara de Representantes llevó a cabo una extensa comparecencia de Hillary Clinton sobre los sucesos del 11 de septiembre de 2012 en Benghazi, Libia, que resultaron en la muerte del embajador Chris Stephens y otros tres ciudadanos de Estados Unidos.
La reacción de la prensa nacional que, como sabemos, es una extensión del Partido Demócrata, fue fácilmente predecible: “nada nuevo aquí”, “nada que ver”, “hora de irse de esto”. Qué diferente es esa actitud a la reacción de la prensa hace algo más de 40 años a las audiencias del Comité Watergate del Senado (del cual Hillary era parte). Claro que la prensa nacional entonces tenía una motivación diferente. En 1973 y 1974 la prensa nacional quería ver a Richard Nixon en desgracia y removido de la presidencia. En 2015, muchos en la prensa no quieren ver a la única candidata presidencial demócrata de importancia en desgracia e inelegible.
Y más aún. El Comité Benghazi confirmó lo que muchos ya sospechaban: la misma noche del ataque, la administración Obama sabía que el ataque al consulado de Benghazi fue un ataque terrorista planeado; sin embargo, durante varios días después, los oficiales de la administración Obama atribuyeron el ataque a una protesta espontánea de un video antimusulmán. Hillary Clinton, entonces secretaria de Estado, participó en el encubrimiento.
Durante la audiencia, el Comité Benghazi reveló que Hillary envió un e-mail a su hija Chelsea alrededor de las 11:00 pm del 11 de septiembre lamentándose que “dos de nuestros oficiales resultaron muertos en Benghazi por un grupo similar a al-Qaeda”. La misma noche, en comunicación telefónica con el primer ministro egipcio, Hisham Kandil, Hillary anuló la versión del video completamente: “Nosotros sabemos que el ataque no tuvo nada que ver con el video. Fue un ataque planeado, no una protesta espontánea. Basado en la información que vimos hoy, creemos que el grupo que reclamó responsabilidad está afiliado a al-Qaeda”.
Pero, tres días después, el 14 de septiembre, rodeada por cuatro féretros envueltos en banderas de Estados Unidos en la Base Aérea Andrews, Hillary declaró: “Hemos visto ira y violencia dirigidas a embajadas de Estados Unidos a causa de un video en Internet con el cual no tuvimos nada que ver”. Y, de acuerdo a Charles Woods, padre de Tyrone Woods, un Navy Seal retirado que murió en el ataque, Hillary le aseguró: “Vamos a arrestar al autor del video que es responsable de la muerte de su hijo”. No fue sino hasta el 21 de septiembre, diez días después, que Hillary describió los hechos en Benghazi como “un ataque terrorista”.
Después de la audiencia del Comité Benghazi, los demócratas han cambiado de decir que “Hillary nunca mintió” a decir que las revelaciones del Comité son “noticias viejas”. Que Hillary sea “untrustworthy” (indigna de confianza) no es noticia vieja para quien haya seguido su larga carrera política. Pero sí es noticia cuando una aspirante presidencial dice mentiras sobre un ataque terrorista donde murieron cuatro de sus conciudadanos y, más aún, les mintió a los familiares de las víctimas. Irónicamente dijo la verdad, inmediatamente, al gobierno de Egipto y a la Hermandad Musulmana.
Nada es gratis en política, pero siempre hay preguntas cuando se paga el precio. Obama no pagó el precio en 2012: fue reelecto. Pero Hillary Clinton, vista como deshonesta e indigna de confianza por la mayoría de los votantes después de las audiencias del Comité Benghazi que reveló sus e-mails privados y sus mentiras sobre el video, está pagando el precio ahora.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2015, 3:45 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: Tarde o temprano las mentiras tienen su precio."