ROSA TOWNSEND: El embaucador y el mendigo
Anoten dos fechas: julio del 2015 y abril de 1984. La primera es el nuevo plazo para llegar a un acuerdo nuclear con Irán, tras el fracaso de las negociaciones esta semana. La segunda es clave para entender por qué nos encontramos en este peligroso juego geopolítico-atómico.
Pretender pasar de enemigos acérrimos desde 1979 a socios cordiales es una metamorfosis complicada. Era algo sabido cuando hace un año iniciaron el coqueteo diplomático. El presidente Obama buscó un acercamiento porque una détente con Irán sería la pieza central de la reordenación de Oriente Medio, que él aspira a dejar como su legado político. Y los iraníes —que ya parten con ventaja— se están dejando querer. Es un cortejo a sabiendas de las mentiras de ellos. Y del autoengaño nuestro. Todo en aras de cambiar el rumbo de la historia. Quizá para bien, quizá para mal.
Aunque pueda parecer una contradicción, es reconfortante que el 24 de noviembre no cerraran un trato en Viena. Existía el temor de que la prisa de Obama por actuar —antes de que los republicanos controlen el Congreso— desembocara en un pacto nefasto. El aplazamiento hasta julio permite a Washington revisar aspectos peliagudos de la negociación, pero de momento quien más provecho saca de la prórroga es Irán.
Beneficio sobre beneficio. Porque ya el pre-convenio firmado en el 2013 les levantó las sanciones más severas y les permite seguir enriqueciendo uranio, aunque de grado inferior (del 20% al 5%). Además no les aplica ningún tipo de presión militar. Por ello, cuanto más se retrasen las conversaciones más ganan los ayatolas, económica y militarmente.
Su economía crece este año un nada despreciable 2.5% según la Fundación para Defensa de las Democracias. Y pueden seguir comprando tiempo para avanzar en su programa nuclear, que aseguran es con fines civiles, aunque la mayoría del mundo sospecha que son militares. Sospechas fundadas en las numerosas veces que han embaucado a los inspectores internacionales.
Hasta ahora, Washington ha abordado el rapprochement con los embaucadores como un mendigo diplomático. Con tal de mantener viva la negociación ha rebajado las expectativas y planteado objetivos muy modestos: frenar —que no desmantelar— la capacidad de desarrollo nuclear iraní, “manteniéndoles perpetuamente a un año de distancia de fabricar la bomba” (es en serio que John Kerry ha definido así la meta).
Por si estas ventajas fueran pocas, Teherán cuenta con otra más valiosa todavía que es su talante firme, el no vacilar ante sus tres objetivos estratégicos: acometer su programa nuclear y reactivar su economía, con el fin último de convertirse en poder hegemónico de la región y del islam. Y, en caso de que se tuerzan los planes, siempre puede recurrir a sus reservas de lo que el gran ayatola llama “heroicidad flexible”, una mezcla de resistencia económica y orgullo, que anteponen a cualquier reconciliación con el “Gran Satán” (o sea EEUU).
La prueba de esa férrea determinación ha quedado plasmada en un documento interno de la Agencia de Energía Atómica Internacional IAEA, según el cual en abril de 1984 hubo una reunión de alto nivel en el palacio presidencial de Teherán en la que el entonces presidente y hoy ayatola Khamenei afirmó: “lanzar un programa de armas nucleares es el único camino para asegurar la esencia de la Revolución Islámica frente a los complots de los enemigos, especialmente Estados Unidos e Israel”.
Tal es desde entonces su credo atómico. Y para que nadie se engañe en mayo volvió a reiterarlo, incluso mientras su equipo negociador dialogaba con Kerry: “para que Irán pueda navegar en un mundo lleno de piratas necesita armarse y defenderse… un mundo lleno de ladrones que roban la dignidad, traicionan los ideales humanos y lanzan guerras en diferentes partes del mundo”, dijo en clara alusión a EEUU.
No es de sorprender pues que hace apenas tres semanas la IAEA confirmara que Irán puede tener ocultas hasta 5,000 centrifugadoras último modelo IR-2, que según los expertos de llegar a instalarse reducirían el tiempo necesario para producir suficiente uranio para un artefacto nuclear a cuestión de semanas, e incluso días.
¿Cómo se explica que tan importante noticia haya quedado enterrada en la prensa americana? Probablemente la respuesta sea que hubiera torpedeado las negociaciones. Luego mejor ocultarla a la opinión pública. Un claro caso de ceguera inducida por la élite política al pueblo. Pero no el único.
Otro sería la narrativa que nos han vendido de que las sanciones económicas han forzado a los ayatolas a dialogar por verse con el agua al cuello. Versión que en gran parte desmiente la “Economía de Resistencia” pregonada por el Líder Supremo Khamenei. No se trata sólo de un lema político sino una realidad. Resisten gracias a las ventas clandestinas de petróleo, entre ellas $6,000 millones anuales a China, y otros $20,000 millones de un acuerdo con Rusia.
Irónicamente son dos de los países que se sientan a la mesa de negociación como parte del P5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania). ¿Cuán creible puede ser la aportación de Moscú y Pekín si están bailando a un tiempo con Dios y el diablo?
Pero llegado a este punto, el presidente Obama no tiene otra opción que seguir bailando en el escenario minado al que se ha subido, procurando no dar traspiés ni vestirse de mendigo. Una vuelta atrás en las negociaciones o una ruptura conllevaría enormes riesgos de confrontación. Otra guerra. Quizá la peor.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2014, 8:29 p. m. with the headline "ROSA TOWNSEND: El embaucador y el mendigo."