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Opinión

SABINA COVO: Un guajiro en la Yuma

Según datos del censo hay más de 4,700 desamparados en las calles de Miami Dade. Cifra que además puede que sea mucho más alta. Duermen refugiándose a la sombra de los más lujosos edificios del centro de Miami en algunos casos; en otros, eligen unas calles que tienen edificios abandonados a unas pocas manzanas de la zona más espectacular del downtown. Más. Más. Más. Esta es la gente más pobre, más desesperanzada, en algunos casos más loca, y en otros, más triste. Esa es la historia de Esteban. El guajiro en la Yuma que conocí hace un mes. La historia de la tristeza y desesperanza.

A simple vista Esteban podría ser mi abuelo, o el de cualquiera. Un señor mayor, limpio, bien vestido, que me topé mientras cubría una noticia de un evento que la ciudad de Miami había hecho para darles comida, ropa y música en vivo, a los desamparados. Cuando lo vi con su maletín haciendo cola para recibir frutas, dudé en entrevistarlo. (¡Qué tal que no fuera desamparado!) Mi tarea y la de mi camarógrafo era entrevistar desamparados y preguntarles cómo se sentían con esta iniciativa de la ciudad de Miami, y si deberían hacer más. Pero como periodista al fin y al cabo, no aguanté la curiosidad por saber un poco más de este “abuelo”. ¿Que lo había traído a recoger frutas durante este evento? ¿Sería un desamparado más de los cientos que llenaban el parque ese día?

Me le acerqué tímidamente y le pregunté por qué estaba en el evento. Me respondió amablemente que vivía en una vivienda de ayuda para ancianos, pero que se había enterado por medio de Camillus House, y quería ver qué víveres conseguía para ayudarse.

Esteban había vivido 35 años en las calles de Estados Unidos. “Soy un guajiro en la Yuma”, me dijo. “Imagínate tú, yo que nunca me había puesto zapatos, me sacaron, me tiraron para acá, a Nueva York, lo que hicieron conmigo fue producto de diablo”.

Su mirada me impactó; se le notaba la tristeza en el corazón. Pensé que se habría perdido en las drogas, como otros indigentes, o en la locura, o en la depresión; hoy entiendo que fue un poco de todo. Lo más triste, dejó a su familia en Pinar del Río, sus hijos de 6 y 7 años. Lo dieron por muerto. Él dice: “Fui víctima de lo peor de los dos gobiernos”, refiriéndose a Estados Unidos y a Cuba, y al momento cuando vino, durante el éxodo del Mariel.

Haciendo más averiguaciones, y después de visitar su casa (dice que vive mejor que Obama hoy, es su primera casa luego de 35 años), descubrí tantas cosas de ese ser, ese Mariel, ese momento de separación familiar, que pensé que los desamparados pueden caer desamparados por cualquier cosa, desde la más sencilla hasta la más complicada.

Pero no merecen la discriminación, ni el maltrato, ni la falta de compasión con la que vivimos en nuestra generación. Hay demasiado dinero en esta ciudad, a ver si siguen haciendo trabajos para que tengan una vida digna, ya sea en una vivienda de ayuda social, o en un manicomio si fuera el caso, o centro de ayuda. Recorrí las calles de Miami, viéndolos dormir, y sobrevivir, buscando un baño semanal en alguna ducha de alguna iglesia. Tienen sentimientos como todos.

El Guajiro en la Yuma es una serie producida por Rayner Monteros y por mí en América Teve. La podrán ver este próximo miércoles y jueves a las 5 de la tarde en el noticiero.

sabinamiami@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de octubre de 2015, 0:36 p. m. with the headline "SABINA COVO: Un guajiro en la Yuma."

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