JOSÉ ANTONIO ZARRALUQUI: El péndulo tira hacia la izquierda
Cuando al fin se impuso a la viuda de Mao, el resto de la banda de los cuatro y los todavía partidarios del Gran Timonel, Deng Xiaoping explicó a quienes le reprochaban introducir elementos de mercado en la economía china: ‘Gato blanco o gato negro qué más da si caza ratones”.
Aquello fue a comienzos de los años 1980 y hasta hoy el capitalismo chino ha generado tasas de crecimiento sostenido como nunca el mundo conoció y sacado de la miseria a varios centenares de millones de seres humanos, algo tampoco visto antes. Cierto, el progreso material de China no ha tenido correlatos morales y democráticos como habría sido deseable, pero esos son otros 20 pesos.
Pues bien, a pesar de esa demostración flagrante de la superioridad del sistema capitalista para matar el hambre y producir riqueza, montones de gente siguen con obcecación propugnando soluciones socialistas. En Europa, por ejemplo, no son sólo los griegos de Syriza, inmunes a la realidad y los generosos paliativos ofrecidos por sus acreedores, sino que a cada rato hasta el Papa disparata en ese sentido.
En Madrid el otro día discutían en la tele sus programas económicos algunos partidos que van a las elecciones generales en diciembre. Pablo Iglesias, el mandamás de Podemos, esa formación inspirada en los logros del chavismo y las ventajas del ayatolismo, le decía a Albert Rivera, líder de Ciudadanos, que el rescate de España pasa por dejar de parecerse a Bangladesh y empezar a parecerse a Dinamarca. ¿Y cómo lo conseguirías?, preguntó Rivera. Facilísimo, respondió Iglesias, equiparando el salario mínimo español al salario mínimo dinamarqués.
No sólo ignora que en Dinamarca no existe salario mínimo y que en los países en que las pagas son elevadas lo son en virtud de la riqueza económica general, no resultado de ucases. Por lo visto se le olvida también que él no es Dios y, por mucho que ordene, mande y demande un fíat lux, la luz no se hará.
Pero no sólo en la cansada y decadente Europa pasan esas cosas. En la nueva, pujante e innovadora (ya no tanto) América también. El debate entre los concursantes por el Partido Demócrata a la nominación presidencial se convirtió en una competencia a ver qué candidato prometía más impuestos y dádivas dado que los poderosos pagan muy poco y los pobres mucho (lo cual es mentira).
Bernie Sanders, que a lo mejor no está enterado de lo que le pasó al presidente francés monsieur Hollande hace pocos años cuando anunció un impuesto del 75 por ciento a los ingresos de los ricachones (que los ricachones se largaron en masa de Francia), propuso no el 75 por ciento, sino el 95 por ciento de ese impuesto en América.
Bueno, Bernie Sanders, socialista él, aspira por el Partido Demócrata y la cabeza de la formación partidaria, Debbie Wasserman Schultz, lleva semanas sin poder explicar la diferencia entre un socialista y un miembro del Partido Demócrata. Por supuesto, en el debate Hillary Clinton no quiso ser menos y prometió que en su presidencia a los universitarios se les condonarían las deudas en el momento de su graduación.
Tampoco extraña, tras decenios de consistente infiltración comunista en las escuelas, los medios y la academia, que mucha gente ande confundida. Queriendo medir la intensidad del fenómeno, Rasmussen Reports sondeó el 26 y 27 de octubre la valoración del socialismo y el capitalismo. Nada sorpresivo que entre los demócratas el 66 por ciento crea que el capitalismo es superior al socialismo en tanto el 56 por ciento opina que el socialismo es viable. Entre los republicanos, por supuesto, los partidarios del capitalismo llegan al 80 por ciento, pero coexisten con un 12 por ciento convencido de que el socialismo funcionaría mejor. ¡Jesús del Gran Poder!
La opinión estadounidense lleva tiempo desplazándose a la izquierda, lenta pero inexorablemente. En buena medida los demócratas ya no se distinguen de los socialistas en tanto muchos republicanos empiezan a identificarse con los demócratas. Para clarificar las cosas no estaría mal recordar que el color del gato es secundario. Y que los mininos comuñangas no sólo no cazan ratones, sino que ni siquiera atrapan guayabitos.
©FIRMAS PRESS
Analista político.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2015, 4:04 a. m. with the headline "JOSÉ ANTONIO ZARRALUQUI: El péndulo tira hacia la izquierda."