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Opinión

ARIEL HIDALGO: La Revolución Fratriarcal

En 1980 Marilyn Ferguson publicó su magistral obra La conspiración de Acuario, donde describía un gran movimiento en diferentes esferas sociales que apuntaban hacia una nueva concepción del mundo y donde el pensamiento se abría hacia nuevas dimensiones. Pero hoy, al cabo de más de tres décadas, podría decirse que lo que ha empezado, más que una conspiración, es una verdadera revolución, y más que el advenimiento de una Era zodiacal de sólo dos milenios, de lo que se trata es del fin de la sociedad patriarcal que ha durado unos cuantos miles de años: la del sometimiento de grandes grupos humanos en sucesivos sistemas de explotación despiadada, la reducción de la mujer a esclava doméstica y sexual, la devastación del medio ambiente, la del estado de guerra perpetua por ambiciones de predominio y la de una cultura de violencia, odio y muerte.

Lo que estamos viendo hoy por primera vez en varios miles de años, desde el fin del matriarcado, es el surgimiento en casi todos los países, de organizaciones no gubernamentales de defensa de los derechos humanos y de protección del medio ambiente, agrupaciones de reivindicación de los derechos de la mujer en todas las esferas, movimientos de lucha no violenta como la de Ghandi y Luther King, y corrientes de reivindicación de los derechos de los animales. Por primera vez se celebran encuentros ecuménicos de diferentes Iglesias y religiones, muchos Estados legalizan los matrimonios gay y la mayoría de ellos ha abolido la pena de muerte. Surgen, igualmente, en diversas regiones del mundo, multitudinarias protestas contra la violencia y por un mundo más justo, como han sido las manifestaciones de los indignados.

La sociedad industrial, última etapa de la civilización patriarcal, donde las antiguas formas de sometimiento como la esclavitud y la servidumbre feudal son desplazadas por una nueva forma más edulcorada, como la asalariada, explotación ejercida ya sea por grandes corporaciones privadas como por Estados totalitarios, está siendo desplazada por la sociedad informática, donde el capital humano adquiere gran valor y la comunicación entre los seres humanos se extiende cada vez más en grandes redes por todo el planeta, haciendo cada vez más difícil ocultar los desafueros. Un atropello en cualquier calle por agentes represivos puede ser grabado por un celular y transmitido en pocos minutos por todo el mundo a través de los medios masivos, y el nivel de convocatoria para concentrar masivamente a la población en manifestaciones públicas es cada vez más poderoso. Las grandes corporaciones se ven obligadas a cambiar sus estructuras piramidales por otras horizontales, a compartir la información y en algunos casos a dar participación a los empleados en el reparto de las acciones y hasta en la toma de decisiones.

Sin embargo, aún los grupos que monopolizan el poder, la propiedad y el control de los recursos, sean privados o estatales, son los menos interesados en que estos cambios ganen terreno. Aún los grandes ejecutivos ganan mucho más de mil veces lo que gana cada uno de sus empleados, y siendo estos potentados los que tienen la facultad de detener el deterioro ambiental que conduce al planeta hacia el borde del abismo, son los menos interesados en detenerlo. Esta actitud conduce a las grandes crisis: la tragedia ecológica, las depresiones económicas y las explosiones sociales.

Estamos en medio de un caos apocalíptico: pandemias, hambrunas, bancarrotas, despojos masivos, guerras devastadoras, tragedias naturales de magnitudes bíblicas, masacres impunes de poderosas organizaciones criminales, grandes oleadas migratorias y la corrupción generalizada en todos los niveles entre otros conflictos. Pero se trata de los síntomas de un gran parto, de una revolución civilizatoria, una transición social tan transcendental como lo fue el paso del matriarcado al patriarcado, esta vez la del fin de la gran Era del Padre, como mismo se produjo antes la de la Madre, y se vislumbran, en el horizonte, los primeros albores de una nueva gran Era, donde ha de predominar la paz y la fraternidad: la de los hermanos, la Era de la civilización fratriarcal. A mi juicio, grandes cosas están por verse en un futuro inmediato.

Infoburo@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: La Revolución Fratriarcal."

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