JORGE DÁVILA: Nueva York, donde los cigarrillos matan
Si es verdad que una imagen vale más que mil palabras, una grabación de video debe de valer por lo menos un millón; pero ni un millón de palabras sirvieron para llevar a juicio a Daniel Pantaleo, el policía que mató al negro Eric Garner en la calle, ayudado por cuatro agentes de la ley.
Garner no podía gritar, pedir ayuda, su garganta se ve estrangulada en el video, pero en la grabación se oye lo poco que podía decir: “No puedo respirar”. Lo dijo once veces. Pero la justicia además de ciega debe de ser sorda, porque los agentes de la ley siguieron apretando y Garner allí mismo se nos murió.
Y quién era Garner, ¿un ladrón? ¿Había asaltado un banco? ¿Había amenazado de muerte a alguien? ¿Le había descerrajado un tiro en la cabeza a un policía? No, su crimen era incomparablemente más infame: el negro estaba vendiendo cigarrillos en la calle. Sin taxes, es verdad; le estaba robando al Tío Sam un par de dólares más.
Cuando el racismo cotidiano, que vive muy saludable en América y particularmente en Miami, escucha el veredicto de “no indictment” para un policía blanco, canta. Al racismo se le ve la sonrisa en la cara. Desde semanas antes se ha preparado para justificar que un crimen quede impune, porque ni siquiera llegará a juicio. Igual que con Michael Brown, al que mataron de un balazo en la cabeza. Tienen siempre miles de razones para justificar cualquier cosa que haga un policía americano. Ah, esa femineidad de idealizar a los machazos agentes de la ley y lo que hagan para poder sentirse protegidos.
Los reglamentos de la policía de Nueva York prohíben las llaves de estrangulación como las que aplicó Pantaleo y su pandillita policial, pero no importó: el homicidio del ciudadano Garner estuvo legalmente ejecutado. Y durante más de diez minutos siguen ante el cuerpo inerte, tal vez aún agonizante, sin brindarle ayuda alguna. ¿Quién les mató la humanidad?
Esto lo escuché en La Carreta de la 40 el jueves: tres hispanos hablaban del tema animadamente. Argumentos principales escuchados en el breve tiempo en que yo compraba un pastelito: El que no quiera que lo maten, que no robe y que trabaje; Es que esa gente tiene algo raro, porque todos los problemas son con ellos; Bueno, cuando absolvieron a O. J. Simpson ellos tuvieron su fiesta, ¿y porque están bravos ahora?; ¿Y nosotros no podemos celebrar?; No quieren respetar las leyes americanas y esto es un gran país porque es un país de leyes... bueno, hasta que llegó el negro Obama. Y ahí los tres hacían un sincronizado gesto de rechazo con las manos, la parte derecha de la boca y las cejas enarcadas, mientras yo les pasaba con mi pastelito por al lado y ya me marchaba.
Pero esto no es solo un problema racial. El racismo está saludable en América, tanto del blanco al negro como del negro al blanco. El problema está en la alianza de los estamentos jurídicos con las fuerzas de la policía. Los fiscales rara vez quieren procesar a un gendarme y no es extraño: trabajan con ellos, viven unos de los otros y están del mismo lado en la ecuación social: los privilegiados que pueden ejercer la violencia, en las calles o en las cortes, amparados por la ley.
Nueva York, un hombre que vende cigarrillos en la calle: muerto; Michigan, un desequilibrado mental saca una cuchilla del bolsillo: muerto de catorce balazos; Cleveland, un niño de doce años con una pistola de juguete en un parque: muerto de dos certeros balazos en su pecho. Todas las víctimas son negras.
Y no hablemos de Miami, donde un joven que pinta grafiti, termina muerto por la policía.
Es cierto que este es un gran país de leyes, pero al parecer las mismas leyes sirven para administrar diferentes justicias: una para los ricos que pueden pagar a un buen abogado y otro para los que no tienen donde caerse muertos y terminan en la cárcel.
¿Y qué habría pasado, si la muerte televisada del vendedor ambulante Eric Garner hubiera sido en cualquier país latinoamericano, especialmente en Cuba o Venezuela? Los tres hispanos en La Carreta habrían dicho, sin dudarlo, que ése era un país barbárico, y habrían tenido la razón.
Muerte grabada de Eric Garner: https://www.youtube.com/watch?v=IYSnp1UGVGc
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de diciembre de 2014, 0:00 p. m. with the headline "JORGE DÁVILA: Nueva York, donde los cigarrillos matan."