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Opinión

Alistando a las Américas para el 2035

En los próximos días se cumplirán 20 años de la primera Cumbre de las Américas, una reunión a la cual el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, invitó a todos los líderes democráticamente electos de nuestro hemisferio a congregarse en Miami.

El principal objetivo de la cita fue impulsar una zona de libre comercio que iría de Alaska a Tierra del Fuego. Aunque ese ambicioso proyecto todavía no se ha concretado, el encuentro en Florida reflejó el espíritu de una América Latina decidida a superar sus limitaciones de desarrollo y a hacerse oír en el concierto internacional.

Los países de la región se han transformado radicalmente desde 1994. Nuestras democracias han madurado. La pobreza ha disminuido. Nuestras economías son mucho más robustas. Y nuestras sociedades se han vuelto más igualitarias: la supuesta cuna del “machismo” ha elegido más jefes de Estado de género femenino que cualquier otra región del mundo.

En el curso de las próximas dos décadas, los cambios podrían darse aún más vertiginosamente. Los futuros desafíos demográficos, ambientales y tecnológicos muy posiblemente serán mayores que los que enfrentamos en el pasado.

¿Estaremos preparados para tal escenario? No, si seguimos con la vista fija en el corto plazo.

Hoy por hoy, los latinoamericanos nos preocupamos más por las fluctuaciones diarias de los precios del petróleo, el cobre y la soja, que de reducir nuestra dependencia de las exportaciones de materias primas o adaptarnos al cambio climático.

Para estar mejor en dos décadas, necesitamos estudiar sistemáticamente las grandes tendencias que nos afectarán a largo plazo, y forjar planes para anticiparnos a problemas potenciales.

La epidemia del delito ilustra este punto. Si hace 20 años hubiésemos tenido un enfoque más estratégico sobre la seguridad ciudadana, probablemente no estaríamos sufriendo la actual ola de violencia y crimen organizado. Hoy, el Banco Interamericano de Desarrollo está trabajando con varios gobiernos en la región que se han comprometido a construir comunidades donde se garantice la seguridad.

Afortunadamente este es uno de varios desafíos en donde aún podemos cambiar nuestro destino. Otro caso es la educación. En las últimas dos décadas nos esmeramos por universalizar el acceso a la enseñanza. El problema es que la mitad de nuestros alumnos la abandonan antes de terminar la secundaria. Y los demás aprenden tan poco que constantemente figuramos en los últimos lugares de la lista en los rankings internacionales sobre educación.

En contraste, países asiáticos como Corea del Sur se fijan ambiciosas metas que abarcan varias décadas. Como resultado, casi todos sus jóvenes llegan a la educación terciaria. Para poder competir en la economía del conocimiento, nuestra región necesitará un plan radical para entrenar maestros capaces de enseñarles bien a todos, hasta nuestros estudiantes menos aventajados.

Un plan así también nos ayudaría a cerrar la creciente brecha de talentos. En la actualidad, un tercio de nuestras empresas afirma que la falta de destrezas laborales es un obstáculo mayúsculo a la productividad y la innovación. Tenemos que repensar la capacitación técnica y profesional para producir los millones de programadores, ingenieros y biólogos que necesitamos.

Una tendencia que compartimos con nuestros vecinos norteamericanos es la creciente obesidad, con todas las complicaciones y costos que conllevan las enfermedades crónicas como la diabetes. Casi una cuarta parte de nuestros niños tienen sobrepeso o son obesos. Y estamos alcanzando rápidamente a Estados Unidos y Canadá, en donde la proporción es superior al 30 por ciento.

Promover hábitos más saludables en las ciudades donde vive 80 por ciento de nuestra población demandaría una revolución en cómo comemos, bebemos, viajamos y gastamos nuestro tiempo libre. Y una expansión fenomenal de nuestros sistemas de salud.

Para desactivar estas bombas de tiempo que pueden entorpecer nuestro progreso, tenemos que ponernos a trabajar lo más pronto posible. En el Banco Interamericano de Desarrollo estamos colaborando con la Fundación Clinton en la preparación de una gran conferencia que tendrá lugar el próximo 10 en Miami, reuniendo a líderes de gobiernos, el sector privado y la sociedad civil para buscar nuevos enfoques a futuros retos.

Mi esperanza es que este tipo de ejercicios, concentrados en buscar soluciones prácticas y concretas a los peligros que se asoman, se vuelvan una costumbre en América Latina, donde además de inquietarnos por lo urgente, también nos dediquemos a lo importante.

Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "Alistando a las Américas para el 2035."

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