MANUEL C. DÍAZ: Los actores y el activismo
Hay algunos actores que se convierten en activistas solo para revivir sus moribundas carreras. En realidad, siempre es el mánager quien lo sugiere. “Escoge una causa con la que te sientas cómodo”, le dice. A veces, cuando el artista no sabe cuál escoger, es él quien le propone la más conveniente. Le puede pedir, por ejemplo, que se incorpore al movimiento ecologista; aunque no tenga ni idea de qué se trata. Y si el concepto de calentamiento global le resulta confuso, entonces le dice que escoja una causa más sencilla.
“Ahora están de moda las que tienen que ver con la salvación de especies en peligro de extinción”, le explica. Para enseguida añadir: “Sobre todo las que se dedican a salvar ballenas”. Son activistas por conveniencia: actores sin trabajo en busca de publicidad gratuita. Es decir, todo por un libreto que pueda salvarlos del olvido. Y de la bancarrota.
Sin embargo, hay otros actores que en la cúspide de sus carreras se convierten también en activistas; solo que lo hacen de corazón. En la mayoría de los casos ayudan a organizaciones caritativas de probada integridad, como las que dentro de las Naciones Unidas se ocupan de los refugiados, tal como ha venido haciendo desde hace mucho tiempo Angelina Jolie. Son activistas por convicción: no necesitan de la publicidad para recibir guiones. Les envían tantos que se ven obligados a rechazarlos. A ellos los motiva la pasión y luchan por un mundo mejor. La fama y el dinero no les interesan; solo los usan para tratar de aliviar el sufrimiento de los menos favorecidos.
Y están, por último, los actores que escogen ser activistas para promover sus agendas políticas, como hicieron Jane Fonda y Vanessa Redgrave en los años 1960, y más recientemente, como han estado haciendo Danny Glover y Sean Penn. Las causas que ellos apoyan no proporcionan bienestar a nadie. Al contrario, solo sirven para legitimar la opresión y el crimen. Son activistas por militancia. Es lo único que explicaría su apoyo a regimenes dictatoriales como los de Cuba y Venezuela. Pero Glover y Penn no son los únicos. Hay otros. Y no sólo aquí en los Estados Unidos sino también en Europa. Sobre todo en España, donde recientemente uno de ellos, Willy Toledo, un actor de comedias, famoso no por sus dotes histriónicas sino por su mediático activismo de izquierda, declaró: “Mi apóstol es Fidel Castro”. Y acto seguido, se fue a vivir a Cuba; de donde ya ha regresado para, al parecer, seguir en sus andadas.
Hace apenas tres semanas, en ocasión del Día de la Hispanidad, no solo ha arremetido en su cuenta de Facebook contra la celebración de la Fiesta Nacional, sino que también se atrevió a ofender a la Virgen del Pilar. Y lo hizo colgando una escatológica versión de La mala reputación, del cantautor Paco Ibáñez, en la que dice defecarse en la fiesta nacional, en la monarquía y sus monarcas, en el descubrimiento, en los conquistadores codiciosos y asesinos, y también en la Virgen del Pilar.
No en balde en Zaragoza, de donde es patrona la Virgen, están intentando declararlo persona non grata. En realidad, este malandrín con ínfulas de intelectual no es grato en ningún lugar. A decir verdad, ninguno de ellos lo es. Algún día habrá que decírselos. Lo mejor que pueden hacer estos izquierdistas de salón es regresar a los estudios de cine. O de televisión; que para el caso es lo mismo. Después de todo, ahí es donde deben estar porque, como dijo una vez la actriz Katharine Hepburn: “La actuación es la profesión perfecta para los idiotas”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2015, 2:34 p. m. with the headline "MANUEL C. DÍAZ: Los actores y el activismo."