¿Qué hubiese hecho Yitzhak Rabin?
Lloré cuando me dieron la noticia del asesinato de Yitzhak Rabin hace 20 años. Mi amiga Ruhama Hermon, la Cónsul de Israel en Miami en aquella época, fue la mensajera aciaga. Me llamó desde Tel Aviv para decirme que un fanático israelí, un judío, había matado al Primer Ministro. Ruhama fue amiga íntima y colaboradora de confianza de Rabin, un militar brillante devenido artífice de los osados convenios de paz conocidos como los acuerdos de Oslo.
Rabin los negoció con la coalición palestina de Yasir Arafat, el enemigo más aborrecido de Israel. A lo largo de los años en que Rabin fue jefe del estado mayor del Tzáhal, las Fuerzas de Defensa de Israel, (una etapa que incluye la victoriosa Guerra de los Seis Días) Ruhama fue la secretaria del general, su mano derecha administrativa.
Ya antes del asesinato de Rabin, el país de mi amiga mostraba síntomas inquietantes de la creciente radicalización de segmentos de la sociedad israelí cuyos fanatismos (tan parecidos al radicalismo islamista en la tesitura de sus odios y dogmas fundamentalistas) alimentaban la ira resentida de individuos como Yigal Amir, el magnicida de Rabin. Los acuerdos de Oslo provocaron gigantescas manifestaciones de religiosos y seculares opuestos a la idea de que para lograr la paz era necesario devolverles a los palestinos casi todos los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días.
Inicialmente, las demostraciones eran una manifestación del derecho de los ciudadanos en una sociedad libre como la israelí a expresar públicamente sus discrepancias, o coincidencias, con las políticas del gobierno. Pero demasiados manifestantes involucionaron. Pasaron de la expresión apasionada de sus desacuerdos con el primer ministro a la satanización de Rabin, clamando como sans culottes encolerizados por la cabeza de uno de los hombres más grandes del estado judío. El aquelarre de los fanáticos deshumaniza al adversario y no tarda en engendrar zelotes como Amir quien declaró que asesinaba a Rabin en nombre de Dios. La misma justificación que hoy les escuchamos a los verdugos del Estado Islámico.
Si Rabin hubiese podido gobernar unos años más ¿Israel estaría hoy disfrutando de una paz vidriosa con los palestinos en el marco de la coexistencia pacífica de dos estados, uno judío y otro palestino, tal y como sostienen algunos comentarios sentimentales en torno a las repercusiones de la muerte de Rabin?
Me temo que no. Primero, los acuerdos de Oslo no sólo fueron repudiados por incontables israelíes. También muchos palestinos los rechazaban. En cuanto los convenios se hicieron públicos en el 1993 grupos palestinos encabezados por Hamas desataron un tsunami terrorista contra israelíes inocentes con el fin de sabotear los acuerdos. Terroristas suicidas asesinaron decenas de persones en autobuses, excursiones escolares, mercados, cafeterías. En medio de semejante infierno, o de una intifada, es casi imposible contemplar la coexistencia pacífica con los palestinos.
Aunque Arafat suscribió los acuerdos de Oslo convencido que la Autoridad Palestina era la primera escala de un viaje que concluiría con la creación de un Estado Palestino no estoy convencido que Rabin estaba preparado en la década de los noventa para enfrentarse al explosivo problema de los colonos judíos en Cisjordania. Además, la visión que tenía Arafat de un Estado Palestino estaba desvinculada de la realidad política del Cercano Oriente. Arafat no se conformaba con el humilde territorio que la historia le había asignado. (Y ocultaba un cinismo que le inducía a desaprovechar oportunidades para lograr la paz porque en el fondo apostaba, al igual que varios líderes árabes, por la desaparición del estado judío, el cual según sus cálculos sería eliminado por una bomba demográfica palestina). Así en Camp David y en Taba, Egipto, cuando el primer ministro Ehud Barak, un discípulo de Rabin (y otro brillante militar israelí convertido en jefe de gobierno) le hizo la oferta territorial más generosa que un gobernante israelí le ha presentado a un dirigente palestino Arafat la rechazó. Le hubiese deparado el mismo trato a Rabin quien observó que “ningún líder árabe va a tomarse en serio el proceso de paz si juega con la idea de que puede conseguir más por la vía de la violencia que por el camino de la paz.”
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de noviembre de 2015, 7:16 p. m. with the headline "¿Qué hubiese hecho Yitzhak Rabin?."