MARÍA VICTORIA OLAVARRIETA: Nuevas generaciones de políticos
Cuando hablo con mis estudiantes sobre su vocación y la carrera que quieren estudiar, me llama la atención que ninguno valore la posibilidad de dedicarse a la política. A los padres no les gusta que les hable del tema.
“Quiero que mi nieto sea un hombre de bien”, me decía una abuela visiblemente contrariada. “Nosotros somos católicos, no me le hable a mi nieto de política”.
La historia está llena de ejemplos de todo el bien y el mal que pueden hacer presidentes, congresistas, legisladores y políticos en general. Hay que infiltrar esas posiciones con personas honestas. Y a los cristianos les digo que no podemos permanecer al margen de la política, hay que evangelizarla. El Congreso y la Casa Blanca son tierra de misión.
Tantos políticos corruptos han desprestigiado esta ciencia. Mis estudiantes se ofenden cuando les comento que les veo dotes para dedicarse a la política y, analizando el concepto en clase, casi saltaron de sus asientos.
“Es una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común”…
“¿De la moral? ¿Ordenada al bien común?” No recuerdo tanta protesta a un concepto. Ellos vinculan la palabra “política” a corrupción, arribismo, mentiras, amor al poder, dinero; no la perciben como un servicio.
Las figuras públicas son puntos de referencia para muchos. Si un líder político no tiene una formación en bioética, por ejemplo, puede hacer un daño moral muy grande en el desempeño de sus funciones.
Necesitamos personas íntegras en los cargos públicos. Es hora ya de que la moral, la ética y la virtud sean cualidades que exijamos a las figuras que están, en buena medida, determinando el destino de nuestras sociedades. Hay que incorporar estas palabras al vocabulario cotidiano, nuestros jóvenes no las conocen.
Imaginemos, propuse en clase, que tenemos a un Vargas Llosa de presidente en Perú, a Gandhi en la India, a Osvaldo Payá en Cuba, a Jorge Ramos en México… y al papa Francisco en Argentina.
En las sociedades donde el mal está estructurado por el gobierno (Cuba es un ejemplo imbatible de esto), si no se desmonta esa estructura, es muy difícil que los ciudadanos puedan independizarse de ella. Un pueblo tan talentoso como el cubano no ha podido florecer en su propio país.
Los maestros tenemos sentados en nuestras aulas a los niños y jóvenes que en unos años serán nuestros líderes. Yo trabajo cada día con esto en mente y me encantó que una niña de seis años me dijera ayer: “Usted es la maestra que nos enseña a ser buenos”.
Los muchachos están más horas en la escuela que en sus casas; podemos hacer tanto. Instruir sin educar debería estar prohibido.
No puedo dejar de animar a mis alumnos a dedicarse a la política y a la luz de los acontecimientos actuales, a los que tengan vocación, para Papas.
María Victoria Olavarrieta es profesora de español y literatura en Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2015, 0:11 a. m. with the headline "MARÍA VICTORIA OLAVARRIETA: Nuevas generaciones de políticos."