Opinión

PEDRO CAVIEDES: La seguridad y la libertad

El director de la CIA, John Brennan, defiende a su agencia de las acusaciones en el reciente informe sobre técnicas de interrogatorio.
El director de la CIA, John Brennan, defiende a su agencia de las acusaciones en el reciente informe sobre técnicas de interrogatorio. AP

Drones, escuchas electrónicas y torturas, fueron los tres elementos introducidos a la guerra después del 11 de septiembre del 2001. A excepción de los drones, cuya nueva tecnología apenas apareció hace no tantos años, el espionaje y las torturas son prácticas que lastimosamente se han presentado a lo largo de la historia moderna. Pero una cosa es toda la guerra sucia que se presenta en el ajedrez geopolítico por debajo de cuerdas, y otra que la nación que dicta sobre derechos humanos y libertades, de repente pase a utilizar abiertamente estas prácticas.

Esta semana el Comité de Inteligencia demócrata del Senado sacó un informe sobre las prácticas que se llevaron a cabo después de los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono, autorizadas por el gobierno de turno. Entre lo que se dice es que no arrojaron ningún buen resultado, mientras se comprometió el prestigio y la integridad del país. Dice el informe que los directores de la CIA engañaron a sus superiores cuando decían que estos métodos sirvieron para desarticular redes terroristas. También deja en entredicho que gracias a estos métodos, como se muestra en la película Zero Dark Thirty, se dio con el paradero de Osama Bin Laden.

Pero si el presidente Obama ordenó detener esas prácticas cuando llegó a la presidencia, el programa de drones siguió en curso, así como las escuchas de la NSA, que se convirtieron en escándalo por las revelaciones de Edward Snowden. Son dos actos que, así como las torturas, han levantado muchas voces en contra alrededor del mundo e incluso suscitado protestas de países amigos.

En medio de todo esto vale preguntarnos qué tanto debe cederse en los principios, en aras de procurarse una seguridad. En el caso de las torturas, si fueron tan ineficaces como menciona el informe, creo que la pregunta sobra, simplemente hay que erradicar esa práctica de la faz de la Tierra, y por favor, que los Estados Unidos de Norteamérica, la nación de los derechos y la libertad, jamás vuelva a caer en “el lado oscuro”, como acostumbraba a decir que debían hacerlo Dick Cheney, el vicepresidente de esa época. Pero al parecer, tanto drones como escuchas sí han prevenido ataques terroristas, así como dado de baja a muchos de los líderes que tenían al país en la mira. ¿Entonces deben seguir a pesar de los muertos inocentes que provocan los ataques con drones, y la pérdida de la privacidad de los ciudadanos? Ese es el debate.

Pero entonces me pregunto, si fuese un ser querido uno de los inocentes que estuviera en el radio de acción de un drone, o si fuese yo mismo, ¿pensaría que debe haber un debate, o antes de que se me proponga, ya habría dado un no rotundo? En cuanto a que fuese a mí a quien escuchan, tampoco me gustaría, pero al menos no se están poniendo vidas en juego, y sí se está tratando de salvar otras tantas. Sin embargo, la libertad, en todo caso queda truncada. ¿Llegará el día en que la seguridad y la libertad sean dos valores antagónicos?

Creo que ese es el peor de los legados del terrorismo. Sí, el mundo civilizado y los Estados Unidos continuaron su lucha, nada se detuvo, la libertad y los derechos siguen reinando, pero esos tres puntos negros, continúan latiendo, espero que no, como el tic-tac de los relojes de las bombas de tiempo.

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