PEDRO CAVIEDES: Manía consumista
Desde que en los Estados Unidos comenzó a aprobarse en varios estados la legalización del uso medicinal y recreativo de la marihuana, la cuestión se ha ido extendiendo a otros países. Muchos lo igualan con la legalización de las drogas, olvidando que las mafias basan su poder en la cocaína y la heroína, sustancias que, al menos a día de hoy, están muy lejos de ser legalizadas.
“La guerra contra las drogas”. Ese es el título con el que hemos nombrado la lucha de los gobiernos contra el tráfico de cocaína, heroína, marihuana, éxtasis, y una que otra más. Pero, ¿qué es una droga? Las tres primeras definiciones del diccionario de la RAE nos dicen que es una “sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, la industria o en las bellas artes”, que es una “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno” y por último una “actividad o afición obsesiva”.
Con estas tres definiciones encontramos que, aunque no en todos los casos, sería en la segunda donde entraría La guerra contra las drogas. A veces me pregunto si no es contra la maldita necesidad de los humanos de consumir obsesivamente, y en ocasiones hasta la autodestrucción, que se debería centrar esta lucha.
Porque este es un país que consume. Y que lo hace obsesiva y vorazmente. Consume petróleo y recursos naturales, consume automóviles, teléfonos, televisores, tabletas, laptops, redes sociales, maquillajes, cirugías plásticas, pornografía, ropa, lencería, zapatos, carteras, cerveza, vino, vodka, grasa, cigarrillos, café, esteroides, pastillas antidepresivas y todo tipo de drogas legales, menjurjes que prometen adelgazar sin mover un dedo y, claro, las llamadas drogas ilegales.
Yo tengo un teléfono de última generación. Una máquina impresionante. Lo compré hace un año. Quién podría negar que la creación de esa tecnología en sí, es una de las bondades del capitalismo. En él he escrito artículos publicados en estas páginas, me comunico con mi familia, me entero de las noticias, reviso mi cuenta de banco. Pero hay personas que ya están enloquecidas por el último que salió al mercado. ¿Cuánto tiempo duran ahora los objetos que compramos?
Quizá sea así en gran parte del mundo y la diferencia sea que aquí, a la mayoría de lo que se consume se puede acceder con dinero prestado, con crédito. ¿Serán las drogas ilícitas simplemente una muestra más de la manía consumista? ¿O serán el resultado de todo el estrés y falta de tiempo que crea el endeudamiento perpetuo para poder acceder a todas las banalidades que ahora resulta que se han vuelto indispensables para vivir?
¿Para que sobreviva el capitalismo, tenemos que hacer de la adquisición de los aparatos que se fabrican un vicio, una droga? ¿Hacer de la necesidad de tenerlos un mandato tal que prefiramos pasarnos la vida produciendo como robots hasta el punto de tener que vivir atosigados de cafeína, o cocaína, o marihuana para el estrés, o Prozac para la depresión que nos produce la soledad y la falta de contacto con nuestros seres queridos, para adquirirlos?
Cuanto se extraña en los debates políticos el candidato que hable de una sociedad con padres que puedan compartir más tiempo con sus hijos. De la recuperación de ese hábito tan importante que es la lectura. De un país donde la gente tenga tiempo para el deporte y de ‘alimentarse’ culturalmente; de paso, que lo que nos comamos sea sano.
En fin, todo eso que afectaría más al bolsillo del Chapo y sus secuaces, que la tal guerra que lo tiene como el nuevo rey del mismo imperio perenne que ya lo han sido otros.
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Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2015, 0:42 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Manía consumista."