Opinión

UVA DE ARAGÓN: Nunca más

El reciente informe del Comité de Inteligencia demócrata del Senado sobre las técnicas de interrogatorio que utilizaron miembros de la CIA a raíz de los ataques de septiembre 11 ha creado un saludable debate nacional. Dick Cheney, vicepresidente en el momento de los hechos, y uno de los principales artífices del programa, además de asegurar que el informe está plagado de errores y falsedades, justificó las acciones tomadas. Niega que fueran torturas, y afirmó que permitieron extraer informaciones que han contribuido a mantener la seguridad de los Estados Unidos.

Muchos ven el informe como una patraña de los demócratas, pero algunos republicanos han apoyado su publicación. John McCain, que estuvo preso en Vietnam del Norte durante cinco años y medio, sometido a las más espantosas torturas, criticó duramente los métodos empleados, que considera “mancharon el honor de nuestra nación.” McCain tiene toda la fuerza moral para opinar sobre el tema, ya que a base de interrogatorios con golpizas y otros horrores, los vietnamitas lograron que hiciera una “confesión” en contra de Estados Unidos. El senador sabe que todo ser humano tiene un límite en el que es capaz de decir cualquier cosa si cree que así conseguirá aliviar, siquiera momentáneamente, el dolor y la humillación que sufre.

Pese al apoyo de los demócratas, el Departamento de Justicia y la Casa Blanca no parecen dispuestos a llevar a cabo una investigación criminal. Quizás piensen que no conviene al país. Un proceso así tendría que llegar hasta las esferas más altas, incluyendo al ex presidente George W. Bush, que, según el propio Cheney, recibía informes diarios del director de la CIA. Para algunos, el cargo de la presidencia merece ser protegido, aunque en ocasiones quienes lo ocupen, bien sea por ingenuidad, ignorancia o manipulación, permitan actividades indefendibles éticamente y quizás tampoco legalmente.

Sin embargo, considero que lo más importante no es quién autorizó los métodos, o si las torturas producen una información útil o no, sino si existe alguna circunstancia en que puedan justificarse. Todo ser humano tiene la capacidad para el mal, e independientemente de cuáles sean las leyes y valores de una sociedad, siempre habrá algún policía, algún agente de inteligencia en cualquier país del mundo que se exceda, abuse de su poder, y emplee más fuerza de la que le está permitida. La diferencia entre los Estados Unidos y otros países que violan los derechos humanos, es que a la larga aquí se investigan, publican, discuten y condenan moralmente los abusos. El día que eso deje de suceder, se parecería a los regímenes que combate, y habría perdido sus principios, su esencia, su razón de ser.

Algunos se quejan de los $50 millones que ha costado el informe, extraído, naturalmente, de nuestros impuestos. Pues pago mi parte con gusto. ¿Qué precio puede ponérsele a la democracia y a la dignidad humana? Aunque sospecháramos desde hace tiempo que había habido excesos, ahora está en blanco y negro. Es una página fea en la historia de Estados Unidos. Ojalá sirva para que estemos más alertas y evitemos que vuelva a suceder. Nunca más.

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