CARLOS DUGUECH: Nosotros, los muertos, Mr. Blair
Desde lo hondo de nuestras tumbas –carne y huesos derrotados para siempre por su metralla– no aceptamos sus disculpas.
Tampoco nosotros, los huérfanos, los hijos de esos padres que nos quitaron con sus balas asesinas. No aceptamos sus disculpas por sus crímenes de hace doce años, Mr. Blair.
Nosotras las viudas, nosotras las novias, nosotras las hermanas, nosotras las madres de quienes enterramos, sangre y carne humilladas de desprecio, rechazamos sus disculpas.
Nosotros, los que merodeamos todavía entre los escombros de nuestras casas, de nuestros templos, de nuestras escuelas, de nuestros hospitales, de nuestras plazas y calles intentando volver a la vida entre tantos muertos por el plomo maldito de sus metrallas, no le disculpamos, no le disculparemos nunca.
Nosotros, los que deambulamos buscando aún refugio en otros sitios de Irak, en otras patrias, con mucho menos de una décima parte de nuestras pertenencias, con el dolor a cuesta por tantos ausencias amadas por llorar y enterrar, todavía; nosotros los refugiados con familias destrozadas por su acción criminal, Mr. Blair, no podemos perdonarle. No aceptamos sus insolentes disculpas.
Todos nosotros, Mr. Blair, no le aceptamos disculpa alguna después de doce años de dolor que junto a sus socios de las Azores (Bush y Aznar) en marzo de 2003 decidieron quebrar el azul de nuestros cielos con tanta muerte y destrucción sobre nuestro pueblo.
Todos nosotros, Mr. Blair, tenemos ausencias que duelen en el alma, por nuestros hijos muertos; por nuestros hermanos muertos; por nuestros padres muertos; por nuestros abuelos muertos y por nuestros amigos muertos. Y por los que quedaron heridos de por vida en su cuerpos mutilados y con su alma quebrada, sin luz ni esperanzas. Por los que perdieron a manos suyas, ensangrentadas de muerte y de desprecio, además de sus bienes, sus sueños.
Usted sabe bien, Mr. Blair, lo que puede significar la ausencia por muerte. Precisamente usted que tiene a su lado a su esposa Theresa Booth, con quien puede compartir su vida y a sus hijos Euan, Nicholas, Kathryn y Leo, a los que puede acariciar, debe atesorar la vida. La vida es sagrada, conforme a sus creencias religiosas. Cristianas. Creencias que no le sirvieron a la hora en que decidió junto a sus socios criminales (Bush y Aznar) volcar el fuego y la muerte sobre inocentes, sobre un pueblo que nada había hecho para recibir tanto daño, tanta muerte, tanta ofensa criminal.
Ud., Mr. Blair, pídales disculpas a su esposa Teresa, a sus hijos Euan, Nicholas, Kathryn y Leo, por ser un criminal de guerra. Por mentir para matar. Por mentir para destruir. Por mentir para aparecer como líder de la política mundial junto a sus socios igualmente mentirosos, como Bush y Aznar. Por ordenar tanta muerte y destrucción en el pueblo iraquí, desde ese marzo de 2003 de sangre y terror en que abatieron el infierno sobre el cielo de Irak en sociedad con los otros integrantes del “Trío de las Azores”, el perverso trío del infierno, del desprecio, de la discriminación, del terror.
Esperamos, todavía, que la justicia, la sana justicia, asome sobre sus cabezas, la suya y las de Bush y Aznar, para que el mundo pueda procesar ese dolor que la impunidad de los criminales de guerra instala en nuestras vidas. Y en la conciencia de todas las personas que abominan del crimen de la guerra. De la matanza impiadosa de seres humanos por quienes que se erigen en poderosos, distintos, dueños absolutos del poder, de la vida y de la muerte.
Addenda
Este columnista ha elegido esta forma de manifestar su análisis sobre la muy soberbia expresión de Tony Blair, que ha querido “limpiar” su nombre y su biografía de ese oprobioso momento en que desde las Azores (16 de marzo de 2003) lanzaron el ultimátum que en sólo cuatro días abrió las puertas para la feroz agresión militar de fuerzas conjuntas asociadas a las de EEUU. Es necesario, es imprescindible ya, que Blair, Bush y Aznar sean juzgados como criminales de guerra. Criminales convictos, por ellos mismos. Por sus confesiones tardías sobre la mendacidad que instalaron para justificar la agresión a Irak, a su pueblo. A la Humanidad toda, en ese hecho criminal.
Columnista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2015, 2:54 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Nosotros, los muertos, Mr. Blair."