Opinión

ALEJANDRO RÍOS: Cantet no regresó

• Hace unos pocos años el notable director cubano Fernando Pérez dejó de dirigir la Muestra anual de Jóvenes Realizadores por actos de intromisión y censura que ya no estaba dispuesto a tolerar. Durante la edición del 2012, excluyeron el documental Despertar, que él había recomendado, sobre la voluntad contestataria del hip hop del cantante y compositor Raudel Collazo.

Un año antes, la página del catálogo del evento con la ficha del documental Revolución, sobre el dúo Los Aldeanos, había sido primero suprimida y luego reinsertada de modo manual ante la protesta de Pérez.

En la recién concluida edición del Festival Internacional de Cine de La Habana se repitió algo parecido, con la diferencia de que las víctimas no eran cineastas principiantes susceptibles de ser aplastados e ignorados, sino uno de los más galardonados y talentosos realizadores del cine galo que, como otros artistas, fue seducido por el berenjenal cubano y terminó hasta dando algunas clases en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y dirigiendo el último cuento del largometraje Siete días en La Habana, con guión del novelista y Premio Nacional de Literatura Leonardo Padura.

La idea de volver a Cuba para filmar Regreso a Ítaca basada en un pasaje de La novela de mi vida, también de Padura, se forjó durante aquellos días. Nada le hacía suponer a Laurent Cantet, director de La clase, premiada en Cannes, que sería invitado y luego “des invitado” por el director del Festival de Cine de La Habana, Iván Giroud, con los más absurdos argumentos, uno de los cuales rezaba que ya el evento no tenía un aparte apropiado para acomodarla y luego se supo que la película sobre Pablo Escobar, protagonizada por Benicio del Toro, había sido mostrada en una sección similar.

Del Toro, también fue director de uno de los cuentos de Siete días… y recibió la pasada semana un premio especial del Festival, lo cual repite la habitual adulonería de los directivos del evento con celebridades de Hollywood. Su elogio de Ernesto Guevara y de una Cuba ilusoria, contrasta con su silencio cómplice ante el atropello sufrido por un colega.

Como dato curioso, la ficha de Regreso a Regreso a Ítaca aparece en el catálogo impreso del Festival de La Habana, pues no hubo modo de suprimirla.

Noticias llegadas de la capital cubana, confirman que la orden dictada a la prensa nacional fue “de esa película no se habla ni se escribe”. Lo más curioso no es que los amanuenses del castrismo hayan acatado el mandato al pie de la letra sino que a los medios de otros países cubriendo el Festival, más allá de aislados despachos de prensa, no se les haya ocurrido seguir averiguando quién le dio la orden a Giroud para hacerlo quedar en ridículo ante sus congéneres, luego de que el mismo le dispensara la más cordial bienvenida al filme de Laurent que había disfrutado en el Festival de Toronto.

Según la sinopsis, Regreso a Ítaca ocurre durante una noche en una azotea habanera donde un grupo de amigos de la época de otras prohibiciones y maltratos se reúnen para darle la bienvenida a uno que regresa de España luego de dieciséis años de ausencia. En el breve tráiler online se habla de tristezas y frustraciones, sentimientos consustanciales al castrismo.

La productora del filme no se explica el ninguneo en el Festival y dice que no es una historia política como para tapar el sol con un dedo. Por lo pronto, el director y sus colegas mantienen un silencio inexplicable sobre el agravio.

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