Opinión

NICOLAS PEREZ: ¿Acaso existen torturas más torturantes que otras?

Este es un tema que solo he rozado levemente, porque como dijo Dilma Rouseff deshecha en llanto: “las torturas son parte de mí, yo soy eso”. Aunque no es mi caso, las recuerdo sin una gota de lágrimas en los ojos, sin dolor, pero sin perdón.

Cada día admiro y respeto más al gobierno de los Estados Unidos por su integridad y transparencia. Admitieron el martes investigadores del Senado que después del 11 de Septiembre, se convirtieron las prisiones de la CIA en cámaras de tortura.

El informe provocó el rechazo de algunos legisladores mientras que los más ingenuos pusieron en tela de juicio su veracidad y hubo un debate sobre el error de divulgarlo apoyado por senadores ingenuos o hipócritas.

Los métodos de tortura donde quiera que sean, bajo los métodos que sean son una perversión del ser humano.

Quien fue casi la única figura importante que apoyó la revelación del informe fue John Mc Cain. No me sorprende, fue torturado por los comunistas en Vietnam y nadie que haya sido torturado puede estar en desacuerdo con la publicación de esas noticias horrendas.

La senadora por California Dianne Feinstein, cuyo equipo elaboró el sumario, la demonizó como una mancha sobre el país, y la entiendo, ella jamás fue torturada.

La tortura la practican todas las dictaduras sobre sus opositores como Cuba, Venezuela, Rusia e Irán, incluidos algunos gobiernos democráticos. Diría que el que esté libre de pecado que lance la primera piedra.

Pero como dijo John Brennan , director de la CIA no había respuestas fáciles contra el terrorismo después del 11 de Septiembre, aunque admitió que ciertas torturas obligan al torturado a dar pistas falsas. Brennan también dijo que esas prácticas ayudaron a salvar vidas norteamericanas y lo creo; que ellas hayan conducido a Osama Bin Laden lo pongo en seria duda, él estaba totalmente desconectado de toda célula de Al Qaeda desde hacía tiempo y no se comunicaba con nadie.

Muchos piensan que las torturas físicas son peores que las mentales. No es así; arrancarte las uñas o darte un electroshock es asunto de minutos. El dolor más intenso consiste cuando te someten a un frío espantoso y no te dejan dormir durante días o semanas. Enloqueces. Y es entonces como en el poema de Lorca en que: “Ya yo no soy yo ni mi casa es ya mi casa”. Te convierten en otro ser humano. Y la sensación de destrucción y desamparo es tanta que te obliga a decir, salvo denunciar a tus compañeros de lucha, todo lo que te pida el interrogador. En una reciente carta a Perspectiva en El Nuevo Herald, el ex preso Byron Miguel habló sobre “Las Cabañitas”, el lugar donde Seguridad del Estado llevaba a sus enemigos acérrimos para hacerlos hablar a las buenas, poco común, o a las malas, algo frecuente. Allí pasaron en fila india Julio Hernández Rojo, Angel de Fana, Roberto Jiménez, Fernando de Rojas, Arturo Mugarra, Juan Valdés de Armas y muchos otros más.

¿El mundo ha cambiado tanto, incluso en sus reglas morales?, ¿Por qué hace medio siglo el mundo miró hacia otro lado con una actitud de cómplice sobre las torturas de Seguridad del Estado y hoy el escándalo por las torturas de la CIA está en primera página de todos los periódicos del mundo? ¿Por qué hace medio siglo se guardó un vergonzoso silencio por lo que sucedía en la isla? ¿Acaso cada canallada de Goliat escandaliza, mientras que las de una dictadura brutal como la de David estuvieron justificadas?

¿Paralelos y diferencias entre las actuales torturas de la CIA y las de Seguridad del Estado en el pasado?, son pocas.

En Las Cabañitas no hubo ni ahogamientos simulados, los golpes los guardaron para una prisión que duró 30 años donde nos hicieron pura leña a palos, nos hirieron a unos y a asesinaron a otros a bayonetazos, dejaron morir impunemente a presos en huelgas de hambre como a Pedro Luís Boitel y otros. Te interrogaban 10 veces al día totalmente desnudo frente al interrogador para humillarte.

En específico, la clave de mis interrogatorios eran lograr mi confesión de que era un agente de la CIA y me dijeron: “Lo tuyo no tiene remedio, vas a ser fusilado en los próximos cuatro o cinco días, pero si firmas este papel reconociendo que eres un miembro de la Agencia Central de de Inteligencia tus padres no irán a la cárcel”, por poco le arrebato la pluma de las manos al interrogador para firmar aquel alucinante papel a la velocidad del rayo.

¿Qué sucedió con nosotros?, ¿por qué tanto silencio e impunidad?, supongo que nos tocó perder porque el preso político cubano siempre fue debido a coyunturas históricas, algo totalmente sin importancia bajo el cielo de América.

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