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Opinión

DORA AMADOR: El Año de la Misericordia en la Tercera Guerra Mundial

El 8 de diciembre la Iglesia da comienzo al Año de la Misericordia, convocado por el papa Francisco hasta el 20 de noviembre de 2016. Será un tiempo fuerte, peligroso y de muerte, porque está insertado en el hoy: Tercera Guerra Mundial asimétrica, en la que los yijadistas buscan asesinar a gente inocente: niños, ancianos, jóvenes, adultos. El Estado Islámico advirtió que París era solo el comienzo. La Guerra Santa o Yijad tiene como meta que todos nos convirtamos al Islam y formemos parte del Califato Mundial, que ya tiene su primer Estado Islámico, el Califato de Siria e Irak.

Pero no sucederá, porque los creyentes y no creyentes de la civilización occidental democrática, defenderemos con nuestro derecho y deber civil y religioso la libertad, entre ellas, la libertad religiosa. “El Misericordioso es uno de los nombres más bellos de Dios para los musulmanes”, dijo Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano haciendo referencia a una amenaza terrorista recibida contra la Santa Sede y el Papa, “ellos [los musulmanes] pueden adherirse a este año santo, tal como el Papa lo desea”.

Es fundamental tener en cuenta que Europa está integrada por 25 millones de musulmanes, y es ya la cuarta generación que se ha criado en sociedades abiertas, de valores y culturas básicamente cristianas, como Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, España, Bélgica. etc. Los musulmanes verdaderos están raigalmente en contra de los yijadistas. Estos son psicópatas fundamentalistas, asesinos de una crueldad inconcebible, que tergiversan las enseñanzas del Corán y las convierten en una ideología de terror y totalitarismo. La inmensa mayoría de los musulmanes aman la paz y la vida, no la violencia y la muerte.

Necesitamos comprender que es un tiempo y una humanidad de gran necesidad de misericordia. ¿Por qué?

Porque esta cultura materialista, neocapitalista o comunista, increyente y nihilista en la que existimos nos impide ver que hay muchos signos de la ternura que Dios ofrece al mundo entero y sobre todo a cuantos sufren, se encuentran solos y abandonados, y sin esperanza de ser perdonados y sentirse amados por el Padre.

Porque solo Cristo cura las heridas, y cuantos esperan ver y tocar con la mano los signos de la cercanía de Dios, lo pueden hacer porque Dios está presente para ofrecer a todos, a todos, el camino del perdón y de la reconciliación. Porque solo en Dios percibiremos el calor del amor de Jesús cuando nos carga sobre sus hombros para llevarnos de nuevo a la casa del Padre.

Porque la gente de este “primer mundo” “desarrollado” no sabe o no le interesa saber que si quiere, puede ser tocada por el Señor Jesús y ser transformada por su misericordia.

“La Iglesia en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios”, dijo el papa Francisco el 11 de abril de 2014, Visperas del Día de la Misericordia, cuando anunció al Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia. Éste no es un tiempo para estar distraídos, sino al contrario para permanecer alerta y despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial. Es el tiempo –continuó– para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado: ser testigos de la misericordia del Padre”.

“Que la Madre de la Divina Misericordia abra nuestros ojos para que comprendamos la tarea a la que estamos llamados; y que nos alcance la gracia de vivir este Jubileo con un testimonio fiel y fecundo”.

“Nuestra oración se hace aún más intensa y se convierte en un grito de auxilio para que sostenga la fe de tantos hermanos y hermanas que sufren, a la vez que pedimos que convierta nuestros corazones, para pasar de la indiferencia a la compasión”.

Este año tenemos la dicha y el deber de dedicarle más tiempo a la oración, a la meditación profunda y hacer obras de misericordia para confrontar y derrotar el misterio del mal que nos quiere aniquilar

Con ese fin, la Iglesia ha publicado, entre otros instrumentos pastorales, una serie de libros tanto para la profundización personal como para preparar encuentros y animar la oración comunitaria.

Acabo de leer Los Salmos de la Misericordia, que recoge y explica maravillosamente los 10 salmos de ese sentimiento y quehacer compasivo vitales.

Es cosa de crecer en la fe y el amor, rumiándolos, en lectura orante.

Aquí están para acompañarnos y reconfortarnos, Los 10 Salmos de la Misericordia: Salmo 25: “A ti, Señor, elevo mi alma”… 41: “Dichoso el hombre que cuida del débil”… 42: “Como la cierva anhela corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, oh Dios”… 43: “Hazme justicia, oh Dios”… 51: “Ten piedad de mí” … 57: … “En ti se refugia mi alma”… 92: ”Es bueno dar gracias al Señor y cantar a tu nombre, oh Altísimo”… 103: “Bendice al Señor, alma mía”… 119: “Desfallezco en espera de tu salvación”… 136: “Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”…

Doramador12@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2015, 11:51 a. m. with the headline "DORA AMADOR: El Año de la Misericordia en la Tercera Guerra Mundial."

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