SABINA COVO: Terroristas en nombre de nadie
Este pasado fin de semana, mientras me bajaba de un avión en Colombia, y abría el internet, escuchaba de una explosión en un estadio en Francia. Lo que se desencadenó después, todos ya lo sabemos, y no pude evitar pensar en mi país. Colombia ha vivido víctima del terrorismo desde hace más de cincuenta años. Cuando yo era niña, no era una bomba, eran muchas bombas. A mí, que vivía en la costa, no me dejaban mis padres ir al interior del país ni a un intercambio deportivo. Y después vinieron también las bombas en la costa del país. Nadie se salvaba de vivir el terrorismo de una u otra forma. La gente vivía con temor.
Hoy en Estados Unidos, después de los actos terroristas del 11 de septiembre, mucha gente también vive con terror, aunque se había apaciguado un tanto. Hasta que este grupo terrorista, que no merece ni llamarlo por su nombre, empezó a atemorizar al mundo. Y ahora, ha acabado con tantas vidas y lanza amenazas por doquier. Ha desatado una ola de violencia que acaba con vidas no solo europeas, o de otros países, sino de Siria y el Medio Oriente por igual. No respeta nacionalidad. Actúa con odio en supuesto nombre de una religión. No se puede generalizar, y menos cuando de terrorismo se trata. ¿Pero saben qué es lo más triste? Que el odio entre razas que se sigue forjando es profundo. A cuántas personas no escuchas en la calle decir “malditos árabes”, y sobra decir “pero no son todos los árabes”.
En nombre de ninguna deidad se puede matar. Y me recuerda a los guerrilleros de mi país, esos que dicen ser ateos, pero que “matan en nombre de la gente que los sigue”. Matar en nombre de, o ser terrorista en nombre de, es de gente demente, si es que se puede llamar demente a un monstruo que adoctrina a un niño de 5 años por medio de degollar un oso de peluche, como mostró ese grupo en un video. El fin no justifica el medio, y en este caso el fin es un objetivo sin nombre. Cuánto odio hay en el mundo en nombre de las diferencias.
Diferencias sociales, raciales, de orientación sexual, y de cuantas cosas más existen, y odio, odio y odio. Y con el internet la cosa se ha puesto peor, porque en muchos casos la tecnología y la globalización en vez de unirnos nos ha divido. Convocar el terrorismo por las redes sociales, ver un incidente que no gusta en un país, por medio del internet, y decidir declarar una guerra y matar a un centenar de personas, es de terroristas llenos de odio.
Toda tragedia lleva su historia atrás. Y no es tiempo de culpar. Que si el presidente de Francia, François Hollande, fue débil por culpa de su partido, que si el presidente Barack Obama tiene la culpa de todo, que si Estados Unidos está vulnerable. Todos estamos vulnerables y los países deben legislar sin odio.
Estos malvados ataques terroristas no tienen más cara que la de la tragedia. Analizar estos grupos extremistas es sumamente difícil. Hollande dijo hace unos días que “Francia seguirá recibiendo refugiados”. Al odio se le responde con mano dura, y con coraje. Hay una crisis mundial que hay que enfrentar con inteligencia y coraje. Pero no con odio. El odio ciega y hace cometer peores errores que se pagan con más vidas. ¿Se acuerdan de Irak?
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2015, 11:35 a. m. with the headline "SABINA COVO: Terroristas en nombre de nadie."