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Opinión

GLORIA LEAL: Ante la sorpresa de París

Estudiantes de Jammu, India, encienden velas en una ceremonia dedicada a las víctimas de los ataques terroristas en París, ocurridos el 13 de noviembre.
Estudiantes de Jammu, India, encienden velas en una ceremonia dedicada a las víctimas de los ataques terroristas en París, ocurridos el 13 de noviembre. AP

En toda sorpresa hay un valor intrínsecamente perverso del poder, de una parte, frente a la vulnerabilidad del otro, o de la otra parte. Quedó demostrado una vez más el viernes 13 en París.

El que sorprende es dueño del sorprendido. En el que sorprende hay siempre un grado de irresponsabilidad y de cobardía, además de ser un osado que se arriesga a todo, aunque la sorpresa sea agradable u obsequiosa. Toda sorpresa conlleva equivocaciones en su naturaleza. Juzgamos al sujeto sorprendido por nuestro propósito al sorprenderle, lo medimos con nuestra cinta métrica sin contar con su capacidad para la sorpresa. Siempre es un riesgo y un peligro.

No digamos, pues, cuando la sorpresa va cargada de malignidad desde su génesis. Ya es entonces maléfica desde el principio hasta el final.

Estos jóvenes musulmanes que tienen en sus manos hacer el mal por el mal, para castigar el bien y la felicidad de los otros dicen que los mueve complacer a un dios que los ha de premiar con el paraíso, cuando en el paraíso –por definición– solo hay ángeles felices, no satanes llenos de odio y maldad. Se han creído la mentira de la recompensa de las 72 vírgenes. El sagrado libro del Corán fue dictado por el arcángel Gabriel a Mahoma 600 años después de pasar Jesús por la Tierra. El Islam enseña que el paraíso se obtiene realizando buenas obras y obedeciendo al Corán. No lo contrario. Hay pasajes tan parecidos a líneas de la Biblia que a veces unos pasan por los otros. Jesús era un hombre de amor y perdón, sobre todo con los pecadores. Mahoma no leyó en el libro sagrado de los cristianos que apedrearan a la adúltera. Sino todo lo contrario. Jesús bebía vino con sus amigos, y lo multiplicó en la boda de Caná para que pudieran celebrar el amor de la

pareja.

El viernes social de París después de una semana de trabajo y esfuerzo es para celebrar entre amigos, como hizo Jesús, “la joie de vivre”. A estos pobres jóvenes musulmanes les han explicado muy mal los orígenes de sus creencias, se ensañan contra los que se divierten y beben vino, y escuchan música (Osama bin Laden predicaba que “la música es la flauta del Diablo”) por creencias retorcidas con fines retorcidos que no conducen más que al infierno de los desesperados, desesperanzados, enfermos del peor mal que puede albergar el alma humana. La envidia, el odio y la venganza.

Los orígenes del mal actual

El origen de este nuevo giro que ha dado el mundo se puede situar en muchos puntos de la historia universal, desde que el hombre es hombre. Se llama la lucha de poder. A todos, de un lado y del otro. Imponer tus costumbres o tus creencias a otro implica siempre forzar las voluntades.

Los orígenes más próximos a esta crisis mundial la sitúan los expertos en la invasión de Irak por los norteamericanos para derrotar a Saddam Hussein y sus armas nucleares.

Aquellas lluvias –dicen– trajeron estos lodos. ¡Umm! El gatillo que disparó la conmoción de las estructuras de un “dictador” totalitario en una parte del mundo tan lejana abrió la brecha que desestabilizó el Oriente Medio. Con Afganistán al lado desde donde habían reculado ya los soviéticos años antes, fracasados. Luego fue Libia y Egipto donde se crearon vacíos de poder; ahora Siria, mucho antes Vietnam desde donde habían salido otros perdedores, los franceses. Mucho antes de todo esto fueron los europeos los “colonizadores” del Oriente Medio. Desde entonces hay resentidos colonizados, resentidos con los europeos. Todos buscando sacarles las castañas del fuego a países lejanos. Por política, por ambición, por intereses creados. Por poder, por la fuerza.

Pero Occidente no se parece en nada al Oriente Medio. No hay afinidad en el desarrollo civil de sus ciudadanos, otros son los resortes y mecanismos que mueven ambas civilizaciones. Desde la estructura mental, los códigos de aproximación, la manera de expresar los sentimientos, hasta la forma de comer, de asearse, de saludarse, de vestirse son distintos. Amén de la convivencia, el trato entre géneros, la manifestación del respeto familiar, de la espiritualidad. ¿ Por qué imponer tus costumbres, tu forma de conducta, tus creencias a pueblos que son y han evolucionado hacia otros rumbos y se entienden entre ellos?

Busquemos soluciones, no imposiciones a la fuerza. Es más sabio, más práctico, más real, más limpio. Ojalá fuera más posible. Probado está que la fuerza, la Guerra, la imposición, solo trae más fuerza, más Guerra, más horror.

Búsqueda de soluciones

Ya se sabe que para derrotarlos, hay que ir a la raíz y combatir con las mismas armas del enemigo. Hasta ahora, ante la sorpresa solo se ha reaccionado con cordura y eficazmente, después del horror consumado. Llegó la hora de adelantárseles y usar las mismas armas que ellos usan. No la de las balas, sino las digitales. (Por cierto, Steve Jobs era hijo de un sirio. Lástima que lo hayamos perdido. Tal vez hubiera creado un artefacto más inteligente que los que usan los enemigos).

▪  Los nuevos terroristas se comunican cibernéticamente. Teléfonos Androides, Play Station 4, mensajes encriptados. Traigan a Snowden y al sargento que le pasó a Assange los Wikileaks. Decodifiquen sus mensajes, intercepten sus comunicaciones, arruinen sus códigos.

▪  El periodista Chris Matthews sugería que los jóvenes sirios que lleguen a este país próximamente sean entrenados como soldados aquí y devueltos a Siria para que combatan allá. En vez de soldados norteamericanos.

▪  Las cabezas de gobierno con poder pidan a esa mayoría de musulmanes nobles, pacíficos, amorosos padres de familia, compasivos, tolerantes, que salgan de sus cuevas y se manifiesten en contra de la crueldad de esta nueva horda de asesinos anarquistas. Demuestren que son más y mejores,que no quieren estos derramamientos de sangre de gente inocente. El otro día el comentarista Bill O’Reilly sugería a un líder musulmán joven que vive en EEUU que organice una marcha de un millón de musulmanes que se dirija a Washington a manifestarse en contra de los ISIS o EI.

▪  Al papa Francisco I se le ha hecho tarde para convocar a los líderes de otras religiones para buscar una solución de vida a esos jóvenes musulmanes que siguen reclutando a malvados para sus propósitos satánicos. Los religiosos del mundo deben predicar más el amor y buscarle alternativas a toda esa juventud malgastada y malhadada que anda deambulando en busca de una meta razonable y sana para sus vidas.

▪  Científicos, humanistas, filósofos, escritores, maestros, historiadores, artistas y pensadores aporten a la comunicación global una serie de estrategias y originales inventos para el bien. Argucias que sean más provocadoras, eficientes, eficaces y bondadosas que las usadas para el mal.

▪  Puede ser que haya llegado el momento de una Revolución Global para el bien. Una nueva revolución mundial de genios creativos que configuren un Nuevo orden mundial de paz y convivencia entre hermanos. En que todas las personas de Buena voluntad podamos contribuir.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2015, 2:45 p. m. with the headline "GLORIA LEAL: Ante la sorpresa de París."

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