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Opinión

La reforma sanitaria sigue viva

Partidiarios del Affordable Care Act (ACA), conocido como ‘Obamacare’, se manifiestan en su apoyo en junio, en Washington, D.C.
Partidiarios del Affordable Care Act (ACA), conocido como ‘Obamacare’, se manifiestan en su apoyo en junio, en Washington, D.C. Bloomberg

Para consternación de la derecha, las tácticas intimidatorias –¿recuerdan los paneles de la muerte?– y las impugnaciones legales espurias no pudieron proteger al país del flagelo de la cobertura sanitaria garantizada. No obstante, quienes se oponían al Obamacare insistieron en que se derrumbaría con “un marcado descenso” en las pocas inscripciones y los costos en aumento.

Sin embargo, los dos primeros años de la implementación completa de la ley fueron asombrosamente buenos. La cantidad de estadounidenses no asegurados cayó drásticamente, más o menos de acuerdo con las proyecciones, en tanto que los costos estuvieron muy por debajo de las expectativas. Los detractores de la reforma pudieron haber reconsiderado su posición –pero eso apenas si sucede alguna vez en la política moderna. En cambio, duplicaron su apuesta en los pronósticos de fracaso y exageraban cualquier indicio de malas noticias.

Menciono todo esto para aportar cierta perspectiva a los acontecimientos recientes que marcan una interrupción en una serie de sorpresas positivas. Sí, en fecha reciente, el Obamacare se ha topado con algunos ajustes duros. Sin embargo, son muchísimo menos significativos de lo que gran parte de los reportes, ya no se diga de las reacciones de la derecha, quisieran hacernos creer. La reforma sanitaria sigue siendo una gran historia de éxito.

Con el Obamacare se busca cubrir a los no asegurados mediante dos canales. Los estadounidenses de menores ingresos quedan cubiertos mediante una expansión de Medicaid con fondos federales, lo cual se suponía que sería en el ámbito nacional, pero es algo que han rechazado muchos estados controlados por los republicanos. Todos los demás tienen acceso a las pólizas que venden las aseguradoras privadas que no pueden discriminar con base en la historia clínica; se supone que dichas pólizas se hicieron asequibles con los subsidios que dependen del ingreso.

Nadie esperó nunca que el Obamacare cubriera a todos los no asegurados. De hecho, las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos, elaboradas en el 2013, indican que un 10 por ciento de los estadounidenses no ancianos seguiría sin estar asegurado: algunos por ser inmigrantes indocumentados; otros debido a la brecha creada por el rechazo de estados republicanos a Medicaid, y otros porque pasarían inadvertidos en el complicado sistema. Con todo, se proyectó la ley para producir una reducción drástica en la cantidad de estadounidenses sin seguro y así ha sido, especialmente en los estados que, como California, sí han tratado de que funcione.

Mientras tanto, las primas de los seguros como el costo de los subsidios diseñados para hacerlos más asequibles resultaron estar muy por debajo de las expectativas en el 2014 y en el 2015.

Claro que, tarde o temprano, tendría que haber algunas sorpresas negativas. Y ahora, finalmente, estamos recibiendo algunas malas noticias, o por lo menos no tan buenas, sobre la reforma sanitaria.

Lo primero es que las primas van a subir el año entrante porque las aseguradoras se están dando cuenta de que quienes están en su fondo común de riesgos están más enfermos y, por tanto, es más caro de lo esperado. Hay mucha variación en todos los estados, pero el incremento promedio será de un 11 por ciento. Es algo decepcionante, pero no es impactante, dadas las buenas noticias de los dos años anteriores y la tendencia a largo plazo a que las primas de los seguros aumenten entre cinco y 10 por ciento al año.

Segundo, algunos estadounidenses que compraron planes de bajo costo han tenido la desagradable sorpresa de deducibles elevados. Se trata de un problema real, pero no debe exagerarse. Todos los planes permitidos cubren servicios preventivos sin deducible, y muchos planes también cubren otros servicios de salud. Más aún, hay disponibilidad para ayuda financiera adicional para ayudar a las familias de bajos ingresos a cubrir esas brechas. Es posible que algunas personas no conozcan estos factores mitigantes –ese es el problema con un sistema bastante complejo–, pero eso debe mejorar con el tiempo.

Finalmente, UnitedHealth Group causó un escándalo al anunciar que está perdiendo dinero con las pólizas que vende en los cambios del Obamacare y está considerando retirarse del mercado después del año entrante.

Las proyecciones oficiales ahora dicen que menos personas de las que antes se había pronosticado se van a inscribir en esos mercados. Sin embargo, la razón principal es que, sorprendentemente, son pocos los empleadores que están disminuyendo la cobertura; las proyecciones generales para el número de estadounidenses no asegurados siguen pareciendo bastante buenas.

¿Dónde nos deja esto? Sin duda que llegó a su fin el periodo de buenas noticias inesperadas sobre el Obamacare, como debe ser. Y miren, hablamos de un sistema nuevecito en el que todos siguen aprendiendo cómo funciona. Tenía que haber algunas pifias en el camino.

¿Pero estamos viendo el comienzo de un marcado descenso? Algunas personas están, en efecto, diciendo eso, pero, hasta donde puedo decir, todas ellas son las que han estado pronosticando el desastre a cada paso, y seguirán pronosticando el colapso inminente dentro de una década.

La realidad es que el Obamacare es un sistema imperfecto, pero es factible, y está funcionando.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de noviembre de 2015, 5:08 a. m. with the headline "La reforma sanitaria sigue viva."

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