Opinión

LYDIA HIDALGO: Torturas

El director de la CIA, John Brennan, rechaza las críticas en el informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre las torturas.
El director de la CIA, John Brennan, rechaza las críticas en el informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre las torturas. AP

Muchos hablan del reciente reporte publicado por el Senado estadounidense sobre las torturas que la CIA aplicara a los sospechosos de terrorismo detenidos después del 9/11 y que si los interrogatorios son o no legales y si la tortura es un método eficaz para obtener la información necesaria para conseguir la captura de otros o un beneficio en el avance de la guerra contra los atacantes y sobre todo si aquellos que aplicaron la tortura deben ser castigados; desde el más pequeño agente de la CIA hasta el propio presidente George W. Bush.

El grupo de senadores que publicó el documento no busca la verdad pues según ellos no fueron informados de los hechos de tortura cuando todo estaba pasando, aun cuando el agente de la CIA José Rodríguez ha declarado que él personalmente informó a los senadores Dianne Feinstein, John D. Rockefeller y la congresista Nancy Pelosi, entre otros, no menos de 40 veces en varias reuniones secretas.

También han sido desmentidos por el propio jefe de inteligencia de la CIA, el cual fue designado por el presidente Barack Obama, el señor John O. Brennan (de marzo 8 del 2013 al presente) y el ex jefe de inteligencia bajo George W. Bush y el presidente Barack Obama, el general Michael V. Hayden, USAF (de mayo 30 del 2006 a febrero 12 del 2009). Ambos han declarado recientemente en televisión que el comité de inteligencia del Senado fue ampliamente informado del proceso tomado y de la valiosa información obtenida bajo los interrogatorios, los cuales los llevaron al ayudante de Osama Bin Laden, que fue capturado e interrogado, y luego al propio Osama Bin Laden para que el presidente Barack Obama declarara el fin de Al-Qaeda.

Rob O’Neill, el SEAL que mató a Osama Bin Laden, también declaró que fue mediante los interrogatorios que se consiguió la información que los llevó hasta la puerta de Bin Laden.

Pero no creo que sean las ganas de vindicar al país frente al mundo por el horror de usar torturas lo que los llevó a publicar el dichoso informe, sino las ganas de seguir revolviendo el fuego que envuelve al país al presente y durante los pasados 13 años, porque no se pueden quedar con la espina de haber aprobado la guerra después del ataque del 9/11 y porque a pesar de terminar las guerras hoy estamos peor que hace 13 años.

Nadie nos pidió perdón cuando Al-Qaeda derrumbó las torres de Nueva York, nadie nos pidió perdón cuando enterramos nuestros muertos, nadie se ha preocupado por los familiares de nuestros muertos. Talvez usar tortura para conseguir la información necesaria estuvo mal hecho, pues este país no acostumbra a usar ese tipo de procedimiento. Eso es algo reservado para cobardes como Fidel Castro, el cual es admirado por políticos demócratas de nuestro país que lo visitan de vez en cuando y por los grandes de Hollywood que también lo admiran.

Pero recuerdo un dicho que dice “en el amor como en la guerra todo se vale” y si por amor a la patria tenemos que torturar al enemigo, entonces que me apunten para la próxima ronda.

Si de verdad los senadores sienten vergüenza por los actos cometidos por la CIA y quieren que el país tome conciencia de sus actos, que expliquen por qué no ayudaron a los agentes durante el ataque a la embajada en Benghazi en el 2012, donde militantes islamistas mataron al embajador J. Christopher Stevens y a Sean Smith y a los contratistas de la CIA Tyrone S. Woods y Glen Doherty, e hirieron a 10 personas más, y no por causa de un documental hecho por un pobre diablo al cual tiraron en la cárcel como excusa, sino por rehusar la ayuda pedida al Departamento de Estado, el cual estaba bajo la dirección de Hillary Clinton, cuando vieron que eran atacados.

No creo que tengan tal cargo de conciencia.

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