RAMÓN A. MESTRE: La perfidia de Turquía
El derribo en Siria de un bombardero ruso no fue el resultado de una grave violación del espacio aéreo turco. Fue una peligrosa jugada del gobierno de Turquía que tenía como objetivo obstaculizar los esfuerzos que hace Francia por incorporar a Rusia en una potente coalición militar contra ISIS (o Daesh), una alianza movida por la determinación de aniquilar al autoproclamado califato en Siria y Mesopotamia.
De momento esta ofensiva diplomática francesa soslaya uno de los hechos más chocantes (y más ocultados) de la tragedia siria: Que Turquía lleva años entregando armas, ofreciendo respaldo logístico y ayudando a financiar a Daesh, a Ahrar al-Sham y el frente Al-Nusra, dos temibles grupos yihadistas que, al igual que ISIS, luchan contra el régimen de Bashir al-Assad. Por eso tenía razón el presidente ruso Vladimir Putin cuando denunció el derribo de su avión como “una puñalada en la espalda por los cómplices de los terroristas”.
Aun así, en Siria Turquía les ha dado las puñaladas traperas más dañinas a sus socios de la OTAN, sobre todo a Estados Unidos, pues el gobierno del presidente turco Recep Erdogan les brinda varios servicios a los matones del Estado Islámico. Para empezar les ha facilitado el ingreso a Siria a miles de terroristas internacionales reclutados por Daesh. También los ha ayudado a lanzar ataques contra los kurdos sirios. Lo ha hecho con el apoyo de la aviación turca, la cual ha bombardeado a las Unidades de Protección del Pueblo (el YPG por sus siglas en kurdo), un enemigo que Daesh comparte con el gobierno turco. Turquía les asegura a sus presuntos aliados que los bombardeos van dirigidos contra ISIS.
Pero la ayuda más valiosa que Turquía le ha dado a Daesh ha sido la compra de su petróleo. En el 2014 ISIS les vendió a los turcos más de mil millones de dólares de crudo proveniente de los campos petroleros que Daesh controlaba en Siria e Irak. Este año las ventas han caído porque los bombardeos de Estados Unidos han incapacitado varias instalaciones y el pasado mes de abril Daesh perdió tres campos iraquíes como consecuencia de la exitosa contraofensiva de los peshmergas kurdos.
No se trata de un contrabando clandestino manejado por mafias convencionales. El negocio le pertenece a una mafia gubernamental. El que coordina la compra y posterior reventa del crudo en mercados internacionales es Bilal Erdogan, uno de los hijos del presidente turco. Es cierto que Daesh cuenta con otras fuentes de financiamiento: los secuestros, el tráfico humano, el chantaje, los impuestos islamistas, la venta de antigüedades, pero ese trapicheo no es ni remotamente tan rentable como la venta de crudo a Turquía. De ahí que el profesor David Graeber del London School of Economics afirmara que “si Turquía le hubiese impuesto a ISIS el mismo bloqueo que les impone a los kurdos sirios el califato ya hubiese colapsado”. Entonces, ¿por qué ningún gobierno miembro de la coalición anti ISIS le reclama a Erdogan que imponga el bloqueo recomendado por el profesor Graeber?
Hace rato que los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y el Reino Unido saben que Erdogan es un importante benefactor de grupos yihadistas en Siria. Y saben que en el 2013 el gobierno de Erdogan fue el artífice del ataque con sarín en un suburbio de Damasco que los turcos montaron (inculpando al gobierno sirio) para obligar a Estados Unidos a intervenir en Siria contra el régimen de al-Assad. Por poco lo consiguen. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y el Reino Unido también saben que a finales del 2013 Erdogan comenzó a ayudar a Daesh. Se lo han informado a Francia y a otros miembros de la coalición. ¿Hasta cuándo van a permitir la traición de Turquía? Un miembro de la OTAN que sabotea a sus supuestos aliados en la guerra contra Daesh al tiempo que provoca una confrontación con Rusia, un valioso aliado en potencia en esa guerra.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2015, 1:40 a. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: La perfidia de Turquía."