Opinión

SABINA COVO: Un espinoso proceso en una Hispanoamérica cambiante

El presidente Juan Manuel Santos ha catalogado de “espinoso” el hecho de que la guerrilla de las FARC quiera hacer un alto al fuego siempre y cuando, dicen ellos, el ejército colombiano no ataque. Desafortunadamente en la víspera del inicio de la presunta tregua ayer sábado, fallecieron en combate 5 soldados colombianos. El Presidente se ha opuesto a una tregua bilateral, con razón, y desconfianza. Un sentir colectivo que comparten muchos colombianos.

Que la guerrilla anuncie que cesará el fuego por un tiempo es beneficioso. Algunos ingenuos hasta pudiesen pensar que es un buen gesto, pero sin duda, teniendo el ejército de Colombia que defender a todo un país de un grupo terrorista, es difícil hasta que no se firme un acuerdo para la paz y entreguen armas, que el ejército cese el fuego. Sobre todo porque aunque el anuncio lo hayan hecho desde La Habana, donde se adelantan las negociaciones de paz entre el gobierno del país y la guerrilla, las FARC operan como grupos independientes en muchos lugares del país. Se cree que el grupo está tan debilitado que la comunicación es muchos casos es difícil entre ellos mismos, en la densa Colombia. Y que los que están en La Habana, dicen algunos expertos, han perdido control de algunas células del grupo guerrillero.

El anuncio de las FARC puede ser una forma de presión para que el gobierno no ataque a una guerrilla debilitada, y que se cree una especie de tregua mutua, pero el temor de los colombianos es latente si tenemos en cuenta que en su momento a la guerrilla durante el último intento de negociación se le dio un pedazo de territorio y ellos se armaron y secuestraron. Santos ha dicho lo siguiente del anuncio de la supuesta tregua: “Es un gesto positivo en la dirección correcta y espero que esto también contribuya a acelerar los resultados de las conversaciones en La Habana para llegar, ahí sí, a ese cese al fuego bilateral y definitivo que le ponga fin a esta guerra”. Suena a diplomacia, más que a ingenuidad de parte del presidente de Colombia.

Durante ese mismo discurso el Presidente se refirió a que las FARC aceptaron su responsabilidad (finalmente) en referencia a la masacre de Boyaja (Departamento del Chocó) del 2002, diciendo que por ¡primera vez piden perdón! Y léase bien estos signos de exclamación. Después de más de media década de conflicto armado, asesinatos, secuestros, violaciones, maltrato a niños y mujeres, adoctrinamiento de menores, este es el primer perdón de los asesinos. ¿Un paso hacia adelante? Puede que sí, pero más complejo que las palabras del Presidente (seguro que él lo sabe, pero diplomacia es diplomacia, y más en medio de negociaciones).

Si no, pregúnteselo al Papa Francisco, al presidente Barack Obama y al dictador Raúl Castro, que nada tienen en común pero que lograron que Alan Gross (norteamericano que ingresó a Cuba a instalar unos equipos y fue capturado) regresara a suelo estadounidense después de haber estado preso injustamente en Cuba cinco años. Estamos viviendo una Hispanoamérica cambiante.

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