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Opinión

CARLOS DUGUECH: Palestina, 68 años después

“En este Día Internacional de Solidaridad, exhorto a las partes a apartarse del abismo. Es preciso poner fin al ciclo de destrucción insensata. Debe comenzar el círculo virtuoso de la paz”. Son palabras del Secretario General de la ONU referidas al Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino consagrado por la resolución 60/37 de la Asamblea General, pronunciadas en 2014.

La totalidad de los anteriores secretarios generales del organismo internacional han venido expresándose en igual sentido: que las partes (israelíes y palestinos) negocien, dialoguen y resuelvan el largo contencioso (¡casi siete décadas!). Palabras de hondo contenido pero cuyos efectos son casi nulos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió aprobar el día 29 de noviembre de 1947 la Resolución 181 (II) de partición de Palestina en dos estados, uno judío y el otro árabe. Tuvo la precaución –la única– de diseñar para Jerusalén un sistema separado, con el control internacional en el que no intervendrían, en el fideicomiso previsto para el manejo de la ONU intervención alguna de las partes árabe y judía. La “única precaución”, es necesario precisar, es que no se tuvo en cuenta algo que era connatural a los pueblos de Palestina, ese territorio que después de la Primera Guerra Mundial –desarticulado el Imperio Otomano– se administraba bajo el sistema de mandatos por parte de Inglaterra otorgado por la Sociedad de las Naciones. Al igual que el mandato sobre Siria y Líbano en beneficio de la administración de Francia. Lo connatural era el derecho a la autodeterminación de los pueblos, uno de los ejes del derecho internacional contemporáneo. Los procesos de descolonización que sobrevinieron luego de la creación de la ONU (1945) y tomaron como fuente su Carta constitutiva vieron la luz en algo más de sesenta países en la segunda mitad del siglo XX. La comisión que cerca de seis meses analizó el “problema palestino” integrada por representantes de once países miembros de la ONU aconsejó por voto mayoritario la partición. La minoría propuso un estado federado. Argentina se abstuvo en la votación de la Asamblea General, que en una segunda votación (la primera fue el 25.11.1947) logró finalmente los dos tercios exigidos: 33 a favor, 13 en contra y 10 abstenciones.

La partición fue el “parto de los siameses” que los judíos aceptaron no conformes del todo y los palestinos y demás pueblos árabes rechazaron de plano.

67 años después, hoy se aprecia que fue un error táctico el rechazo y la violencia que le siguió (guerra 1948/49). Las guerras que sucedieron, la de 1956, iniciada por Israel colaborando con Francia e Inglaterra por la cuestión del canal de Suez; la de 1967 (de los “seis días”) lanzada preventiva y eficazmente por Israel ante lo que suponía la inminencia de ataques desde Egipto; la guerra de Yom Kipur (1973) iniciada por una coalición de países árabes de la región.

Y en medio de todo el más inapropiado de los instrumentos para establecer la paz en la región: el “Cuarteto para la paz en el Medio Oriente”. De una estructura heterogénea es la más clara demostración del fracaso. No pueden sentarse a una mesa (después de invadir y lleva muerte y destrucción a Irak, con mentiras insoportables) ni representantes de la ONU, burlada por EEUU, Gran Bretaña y España (Bush, Blair y Aznar, criminales de guerra); ni EEUU, ni la Unión Europea representada nada menos que por Blair, ni Rusia, la de Putin).

Este columnista debe decir para no traicionar su propia percepción de una realidad que lleva casi setenta años sin solución, que ni los Acuerdos de Oslo en sus distintas etapas, ni las abundantes propuestas para el “proceso de paz” (un insoportable eufemismo cargado de hipocresía) servirán de nada. Aventura sin embargo, frente a esta situación de ciclos repetitivos de violencias y de treguas (que no de paz), que lo único que puede salvar la idea de dos naciones con fronteras reconocidas internacionalmente es que los cirujanos puedan separar los siameses asegurando la sobrevida de ambos. Y a la vez extirpar lo que daña su supervivencia: los sectores fundamentalistas y violentos tanto de uno como de otro lado. Claro que para que ello fuera posible será necesario que el cirujano israelí se inspire en la esencia gandhiana y el palestino haya cursado el posgrado en la escuela mandeliana.

Es casi como decir, se suscribe con pesar, que el conflicto israelo-palestino tiene todavía muchas décadas por delante. Con más sangre derramada y destrucción, con efectos negativos en las dos pueblos.

Columnista argentino.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2015, 2:14 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Palestina, 68 años después."

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