ROSA TOWNSEND: Un futuro verde (sin contaminación política)
Estados Unidos es el único país del mundo que ha puesto etiquetas políticas al clima. Así de ridículo. Los negacionistas, es decir los que propagan la idea de que “no” existen cambios climáticos suelen estar en el bando republicano; y los que creen que “sí” –y además los exageran– suelen estar en el bando demócrata.
Sería tentador calificarlo de mero infantilismo político, si no fuera por lo serio del tema. La amenaza que supone para futuras generaciones el que la Tierra siga calentándose por culpa de los millones de toneladas que emitimos de gases de efecto invernadero: metano, clorofluorocarburos y sobre todo dióxido de carbono, CO2. (Este último es el que más tiempo permanece “atrapado” en la atmósfera, 10-12 años, y su concentración en 2014 alcanzó 399 partes por millón [ppm]. Antes de la Revolución Industrial era 278 ppm).
Tales gases se acumulan en la atmósfera impidiendo salir al espacio las radiaciones infrarrojas del calentamiento natural del planeta. Esa “tapadera” hace que siga aumentando la temperatura. Un ciclo vicioso. Y si no se implantan políticas de mitigación, que limiten la emisión de gases invernadero, la temperatura global podría subir entre 3.7 y 4.8 grados Celsius para fines de siglo, con consecuencias catastróficas –grandes sequías e inundaciones y otros fenómenos extremos–, según estudios científicos presentados esta semana en la Cumbre del Clima en París, que ha reunido a líderes de 190 países, incluido el presidente Obama.
Son escenarios alarmantes. Salvo para quienes padecen una fobia primitiva hacia todo lo que lleve el cuño de Obama. El presidente ha cometido muchos errores, sobre todo en política internacional, pero ¿el clima? Cualquier mejora del medio ambiente es para el bien común. Debería ser un elemento unificador. Sin embargo los que yo llamo OiO (Odiadores incondicionales de Obama) prefieren la identificación con su grupo ideológico al bienestar de sus nietos. Hasta el punto de que congresistas republicanos pretenden bloquear la aportación al Fondo Verde de la ONU; y a nivel doméstico impedir el recorte del 32% de las emisiones de CO2. Además, veinte gobernadores republicanos han demandado a la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA) negándose a reducir las emisiones.
Bien es cierto que las exageraciones retóricas de Obama le han dado argumentos a los negacionistas, como cuando dijo esta semana: “Si uno va a Miami cuando está inundado por la marea alta en un día soleado y puede ver a los peces nadando en mitad de las calles, eso tiene un costo”. (No es broma, pueden verlo en la web de la Casa Blanca: https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2015/12/01/press-conference-president-obama?mod=djemBestOfTheWeb )
O cuando afirma que el cambio climático es actualmente una mayor amenaza que ISIS (adoptado como axioma por la ultraizquierda del Partido Demócrata). O cuando John Kerry atribuye la guerra siria a la sequía: “No es coincidencia que justo antes de la guerra civil de Siria el país experimentó la peor sequía de su historia”.
Los cambios climáticos y la degradación del medioambiente deben despolitizarse en EEUU. El cuidado de la Tierra es una obligación moral. Con esa perspectiva se está celebrando la Cumbre de París, que no es una reunión cualquiera porque nunca antes tantos países habían concordado en la necesidad de actuar. Eso no quiere decir que de allí surja una solución perfecta. La meta es lograr un “pacto marco” que comprometa a los signatarios a implantar medidas que eviten un ascenso de la temperatura superior a 2 grados Celsius, de aquí a fin de siglo. A estas alturas es la única opción, porque el calentamiento ya no es reversible, sólo manejable.
Sería ideal que fuera un acuerdo vinculante, como propone Europa, pero eso impediría la firma de países en desarrollo que aspiran a obtener subsidios del Fondo Verde de la ONU (unos $100,000 millones) para compensar los costos de cambiar los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) por energías renovables (solar, eólica, hidroeléctrica, biocarburantes). Temen que la adaptación a una “economía verde” estrangule su capacidad de crecimiento.
El costo de adaptación será para todos. Ricos y pobres. Y más alto sería de no modificar los estilos de vida y las estructuras de poder que rigen las sociedades, como advierte un informe del Pentágono: “El cambio climático tendrá amplias implicaciones para la seguridad nacional, porque agravará la pobreza, las tensiones sociales y debilitará las instituciones políticas que amenazan la estabilidad de muchos países”.
Y para quienes permanecen atrincherados en el escepticismo, piensen que aún suponiendo que todas las proyecciones científicas estuvieran equivocadas y la Tierra no se calentara al ritmo anunciado, ¿qué hay de malo en cuidar el medio ambiente? Todo serían beneficios: aire más limpio, buenas cosechas, lluvias provechosas, etc. Hay que luchar contra lo verdaderamente pernicioso para este planeta: la contaminación política.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2015, 11:32 a. m. with the headline "ROSA TOWNSEND: Un futuro verde (sin contaminación política)."