Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

ROLAND J. BEHAR: Nuestro tiempo

Este martes fui testigo de un milagro. La AJC (American Jewish Comittee) me invitó a un sencillo acto de celebración del cincuenta aniversario de la proclamación de Nostra Aetate nada menos que en la prestigiosa Escuela de Belén en Miami.

Los oradores fueron: el sacerdote Francisco Pérez-Lerena, S. J, quien disertó sobre el Concilio Vaticano II y su inspiración; el profesor Antonio López, PhD., cuyo tema fue sobre el Decreto Nostra Aetate, y el rabino A. James Rudin, quien hizo su presentación acerca del Impacto de Nostra Aetate en las relaciones entre judíos y católicos.

En esencia, Nostra Aetate (Nuestro Tiempo) fue un vuelco inesperado en las relaciones entre los católicos y las demás religiones monoteístas.

Pese a que el antisemitismo tiene sus días de gloria –si puede así decirse– en los últimos 2000 años, luego del rechazo de los cristianos (en su mayoría judíos al comienzo) al viejo pacto y la aceptación e imposición de la creencia en la nueva alianza, pueden verse las raíces del antisemitismo en el Egipto faraónico, cuando ordenan asesinar a todo varón hebreo recién nacido.

La posición de los cristianos anterior a Nostra Aetate sostenía en esencia que:

Dios sigue castigando al pueblo judío por su rechazo y la muerte de Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías y Salvador de todos. Por estos deicidios los judíos han abandonado todos los derechos de la promesa de Dios de la Antigua Alianza, que ha sido completamente reemplazado por el Nuevo, identificado como la Iglesia Católica. Como el pecador Caín, los judíos deben continuar vagando por la tierra como vagabundos sin patria. Dios sostiene su existencia dispersa para recordar a los católicos de las bendiciones divinas de la Nueva Alianza y a los judíos de verdadera vocación a compartir la misma mediante la conversión.

Llegar a la declaración final el 28 de octubre de 1965, no fue un proceso sencillo. Tomó tres años para que el Vaticano se pronunciara finalmente. Sólo se opusieron 88 de los 2,312 obispos registrados para votar. Pero, ¿cuál es el mensaje de Nostra Aetate respecto a los judíos? ¿Y cuánto puede hacerse para mitigar el daño de las mentiras sobre este antiquísimo pueblo propagadas por más de dos milenios?

Repudia la acusación de larga data de deicidio (que los judíos mataron a Jesús).

Afirma el vínculo religioso y legado espiritual compartido por judíos e Iglesia.

Implica que Dios y los judíos permanecen en el pacto, un reconocimiento que se hizo explícito por Juan Pablo II y los papas posteriores.

Se deplora “todos los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo dirigidas a judíos en cualquier momento o de cualquier fuente”.

Se insiste en la necesidad de la interpretación bíblica precisa y la educación religiosa por lo que las opiniones negativas sobre los judíos y el judaísmo no se presenten como las enseñanzas católicas bíblicamente basadas o como auténticas.

Se requiere un diálogo respetuoso y colaborativo y una investigación bíblica y teológica entre judíos y católicos.

Expresa interés en nuevos esfuerzos para bautizar judíos pero no su conversión forzosa. Se relega la resolución del desacuerdo judío y cristiano sobre la significación de Jesús hasta el final de la historia.

Lo más importante es que promueve eliminar el desprecio hacia los judíos y el judaísmo de la enseñanza.

Este evento al que asistí ocurrió en uno de los más importantes centros de enseñanza católica del país. Es muestra del aire fresco que puede traer la enseñanza de Nostra Aetate a las nuevas generaciones.

Lamentablemente, pese a este y otros muchos esfuerzos liderados por Juan Pablo II, hay diferencias definidas entre cómo los judíos y los católicos entienden y se relacionan con D-os. Pese a que Nostra Aetate entabló una nueva era de interacción en que se abordan las distorsiones y afirmaciones polémicas acerca de las tradiciones de cada uno, esta puede ser corregida mientras se comprenden las identidades y puntos de vista de cada comunidad. Además, Nostra Aetate no discutió explícitamente ciertos temas, como el Estado de Israel, el Holocausto, y si los católicos deben tratar de convertir a los judíos.

Hoy en día, además del antisemitismo clásico, aparece una forma aún más peligrosa que es el antisemitismo disfrazado de antiisraelismo, propagado fundamentalmente por la izquierda, que llega al punto de cuestionar el derecho del pueblo judío a su autodeterminación en su propia tierra en el Estado de Israel: demonizándoles, deslegitimizándolos y boicoteando sus productos e instituciones. Pasando resolución tras resolución en la ONU contra el único estado democrático de la región mientras las violaciones a todos los derechos humanos y civiles en los estados de su entorno son la norma.

El trabajo no ha concluido pero, como entonces, Belén sigue siendo un punto de partida. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2015, 11:47 a. m. with the headline "ROLAND J. BEHAR: Nuestro tiempo."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA