Opinión

GUILLERMO ARIAS: Navidad, cercanía y ternura

La adoración del Niño, cuadro del pintor flamenco del siglo XVII Gerrit Van Honthorst.
La adoración del Niño, cuadro del pintor flamenco del siglo XVII Gerrit Van Honthorst.

¿Qué significa para usted la Navidad?, le preguntó el año pasado el periodista Andrea Tornielli al Papa Francisco. La respuesta le brotó espontánea: ¡Es encontrarnos con Dios! ¡El encuentro con Jesús! También es una consolación, un misterio de consolación. Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, he pasado algunas horas solo en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz. Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo.

¿Y cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy?, proseguía Tornielli. Francisco: “Nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios es el padre bueno que abre siempre las puertas, no las cierra nunca. Segunda: no tengan miedo de la ternura. Cuando los cristianos nos olvidamos de la esperanza y de la ternura, nos volvemos una Iglesia fría, que no sabe a dónde ir y se enreda en las ideologías… Me asusta cuando los cristianos pierden la esperanza, o la capacidad de abrazar y acariciar”.

Lindo regalo de Navidad este mensaje “Franciscano” del Papa sureño que continúa impactando nuestras vidas con el Evangelio proclamado limpia y coherentemente. No he podido resistir la inclinación a compartirlo con ustedes. ¡No vivimos en tiempos de mucha ternura! Fuera de algún manipulante comercial navideño, ya casi nadie se atreve a motivarnos a ser cariñosos y buenos.

Pero a partir de la Misa Medianoche, la Iglesia en sus celebraciones litúrgicas comienza proclamar que “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Este “hoy” litúrgico no es una mera expresión convencional y vacía. Dios está realmente presente con nosotros, todavía viste nuestra “carne” y nosotros podemos encontrarlo todavía —y siempre— en un “hoy” que no tiene ocaso.

En cita magistral de Benedicto XVI: “Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales. Cuando en las celebraciones litúrgicas pregonamos que ‘hoy ha nacido para nosotros el Salvador’, afirmamos que es posible reconocerlo y acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vidas y las renueve, las ilumine y las transforme con su Gracia, con su Presencia”. Navidad es la suprema epifanía, de aquello que la Escritura llama la filantropía de Dios, o sea, su amor por los hombres: «Se ha manifestado la bondad de Dios y su amor por los hombres» (Tito 3, 4).

Pero regresemos con Papa Francisco: “Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo. Si nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Incluso el corrupto tiene esta capacidad. El pobre la tiene un poco oxidada, pero la tiene. La Navidad en este tiempo de conflictos es una llamada de Dios, que nos da este don. ¿Lo recibimos, o nos procuramos otros regalos?”

Como tú y como yo, el poeta Pemán se hizo muchas veces la pregunta. Aquí te paso su respuesta:

Yo tenía tanta rosa de alegría / tanto lirio de pasión/ que entre mano y corazón / el Niño no me cabía... // Dejé la rosa primero / dejé los lirios después / libre de mentiras bellas / me eché a andar tras las estrellas / con sangre y nieve en los pies. // Y sin aquella alegría / pero con otra ilusión / llena la mano y vacía / cómo me cabía Jesús / ¡y cómo me sonreía! / entre mano y corazón.

Sacerdote jesuita.

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