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Opinión

ANDRÉS HERNÁNDEZ ALENDE: Trump contra el terrorismo

El candidato presidencial Donald Trump habla en una concentración en Raleigh, Carolina del Norte, el viernes pasado. Trump está a la cabeza en las encuestas sobre los aspirantes republicanos.
El candidato presidencial Donald Trump habla en una concentración en Raleigh, Carolina del Norte, el viernes pasado. Trump está a la cabeza en las encuestas sobre los aspirantes republicanos. AP

El candidato presidencial republicano Donald Trump se supera a sí mismo. El miércoles 2 de diciembre dijo que si es electo, su gobierno trataría de “eliminar” a las familias de los terroristas, además de a los propios terroristas.

Y el domingo 6 de diciembre, en una entrevista en el programa de televisión Face The Nation, de CBS, afirmó que “perseguiría” a los familiares de los terroristas, porque ellos saben lo que está sucediendo cuando sus parientes cometen actos de terrorismo.

¿De verdad? ¿Y cómo lo sabe Trump?

El magnate indicó que habría ido tras las esposas de los terroristas que derribaron las Torres Gemelas de Nueva York porque ellas sabían que el ataque iba a suceder.

“Por lo menos iría tras las esposas... y lo que yo haría, se los dejo a su imaginación”, dijo el locuaz aspirante.

¿Qué haría Trump? No queremos imaginarlo. ¿Ordenar torturas como el tristemente célebre waterboarding? ¿Quizá también otros tormentos medievales?

Esta algazara del candidato tiene que ver con la reciente matanza en la ciudad californiana de San Bernardino, donde una pareja musulmana mató a 14 personas. Trump dijo que no creía a Saira Khan, hermana del asesino, quien manifestó que no podía concebir que su hermano, Syed Farook, y su esposa, Tashfeen Malik, hubieran cometido la masacre.

“No creo a la hermana”, expresó Trump. “Yo iría tras muchas personas y averiguaría si lo sabían o no. Y sería capaz de averiguarlo”.

¿Sería capaz de averiguarlo? ¿Cómo? ¿De qué manera?

La presunción de inocencia, eje de la justicia norteamericana, es un detalle que el aspirante a presidente ignora sin el menor pudor.

Ya saben a qué atenerse si el candidato que va a la cabeza en las encuestas republicanas llega a ocupar la Casa Blanca. Intentaría convertir el gobierno en un engendro ajeno a los valores norteamericanos más entrañables, a los principios que han sobrevivido momentos de oscurantismo en la historia política nacional.

Perseguir y eliminar a los familiares de los enemigos es una acción bárbara que evoca el salvajismo de la Edad Media, no la conducta de una nación democrática y civilizada. En su plan de convertir a los Estados Unidos en una fortaleza cerrada a cal y canto –pero eso sí, lista para lanzar agresiones contra otros países cuando el gobierno lo considere oportuno o deseable–, Trump está renunciando a valores democráticos que los Estados Unidos hasta ahora han sabido mantener en alto frente a enemigos totalitarios, despóticos, injustos.

Trump es un demagogo que sabe que su discurso irreflexivo atrae multitudes. Está fuera de control. Y lo peor es que tiene legiones de seguidores que desean con ansia que sea nominado por su partido y gane las próximas elecciones presidenciales. Si eso ocurriera, la nación estaría en serio peligro de alejarse de su rumbo democrático.

Escritor y periodista, editor de Perspectiva.

Siga a Andrés Hernández Alende en Twitter: @Alende5

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2015, 11:22 a. m. with the headline "ANDRÉS HERNÁNDEZ ALENDE: Trump contra el terrorismo."

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