PEDRO CAVIEDES: Maleza
Donald Trump regresa de nuevo a las primeras páginas de todos los periódicos, con uno de sus comentarios xenófobos. Pero lo cierto es que más que la verborrea de este rey de la publicidad, demasiado irresponsable para la política, a mí me comienza a preocupar es ese treinta y tanto por ciento inamovible que lo sigue apoyando. ¿Es que un treinta por ciento de los que participan en las votaciones de uno de los dos únicos partidos de los Estados Unidos, posee tendencias segregacionistas? Pues, ante la evidencia (y asombro), empiezo a creer que sí.
Pero todo esto no es gratis, y aunque hoy la vasta mayoría del GOP se muestra en desacuerdo con los comentarios del magnate farandulero que juega a la política, no hay que olvidarse que hasta hace poco, muchos insistían en teorías como la no-nacionalidad estadounidense del presidente Obama, o su afiliación musulmana, o en su supuesto comunismo (sobre el que no se ha visto un ápice en 7 años de gobierno), cada una de las cuales no era más que, en mi opinión, una elipsis para evitar decir directamente lo que en realidad les molestaba: su raza. De manera que la llama que inició este incendio, del que Trump hace hoy las veces de gasolina, sí es responsabilidad de muchos en la base de ese partido.
Pero volvamos a la gasolina. La gasolina que hoy se apellida Trump tiene un problema, al menos en su discurso, no soporta lo diferente. No soporta a las mujeres, a las que maltrata y denigra con orgullo. No soporta a los latinos y en especial a los mexicanos, entre cuyo país y EEUU está dispuesto a levantar un estúpido muro. Y ahora no soporta a los musulmanes, a quienes quiere prohibir la entrada. Si pasado mañana tiene un bajón en las encuestas, seguramente saltará a declarar contra otro grupo que no sea como él.
Pero, repito, lo preocupante es que continúa con una base firme que lo apoya, encaminado a convertirse en el candidato a la presidencia no solo de uno de los dos partidos del país más poderoso del planeta, sino de uno de los partidos, por ende, más poderosos del mundo. Nada de lo que aquí mencionan en el púlpito los políticos populares pasa desapercibido en el resto del orbe. Trump, por su cuenta, está machacando la imagen del país de la libertad. Una imagen ganada a partir de un trato justo con todas las personas, donde lo único que se obedece es al imperio de la ley; una ley ciega (al menos idealmente) que no tiene preferencias de clase, raza, credo o tendencias sexuales. Y, sin embargo, parece que al menos una cuarta parte no está de acuerdo con lo que dice la Constitución.
Insisto mucho en el tema, pero lo hago porque, precisamente, en un país con libertad de expresión, dicha regla implica que un candidato a la presidencia puede pararse en un estrado a decir lo que le dé la gana. Que le lluevan aplausos y hurras en lugar de rechiflas y tomates podridos, es lo que verdaderamente debe ponernos en guardia, porque a leguas se nota que la moral de muchos está muy alejada de aquello que dicen los discursos altisonantes que repletan las páginas de la historia de esta nación.
No sé si sea una cuestión del sistema educativo o cultural, pero algo está fallando. Da miedo pensar que en un futuro puedan volver a desatarse batallas de odio inspiradas en la raza.
Batallas de las que los discursos de un Donald Trump serían la semilla de una maleza que considerábamos extinguida.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de diciembre de 2015 a las 11:45 a. m. con el titular "PEDRO CAVIEDES: Maleza."