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Opinión

NÉSTOR DÍAZ DE VILLEGAS: Merkel, Persona del año, males de siglos

Portada de la revista ‘Time’ del 9 de diciembre, en la que aparece la canciller alemana Angela Merkel, elegida ‘Persona del Año’.
Portada de la revista ‘Time’ del 9 de diciembre, en la que aparece la canciller alemana Angela Merkel, elegida ‘Persona del Año’. AP

La revista Time acaba de nombrar “Persona del año” a la canciller alemana Angela Merkel. La editora Nancy Gibbs explicó que la selección de Merkel se debe, principalmente, al papel que la canciller ha jugado en la crisis migratoria siria: “un liderazgo moral firme en un mundo que cada vez está más carente de él”. Además de la inmigración, Gibbs dijo que Merkel merecía reconocimiento por haber “salvado a Grecia de la bancarrota, pero en sus propios términos”.

La elección de la canciller también obedece a consideraciones de política local norteamericana. Con la exaltación de Merkel la prensa liberal envía un mensaje a los republicanos y, en especial, al candidato Donald Trump. El recado dice: “Esta es la manera correcta en que debe tratarse el problema musulmán”.

Como trasfondo están las palabras de Angela Merkel el pasado mes de julio, durante el iftar de Ramadán, cuando sorprendió al mundo al afirmar que “el Islam es parte de Alemania”. En el mismo discurso condenó los movimientos antiemigrantes, como Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (PEGIDA).

Tampoco es casual que el segundo finalista para “Persona del año” fuera Abu Bakr Al-Baghdadí, comandante en jefe del Estado Islámico (ISIS). Con Merkel en portada, Al-Baghdadí asoma allí por espejo, implicado en la política proislámica que ella preconiza. El comandante en jefe es conocido entre sus acólitos como el “jeque invisible”, debido a la máscara con que encubre su identidad. Ahora Al-Baghdadí es la persona non grata oculta tras la “Persona del año”.

Un conciliábulo de editores congregado en un rascacielos de Nueva York decide quién representa el ciclo solar y qué ideas e influencias, benéficas o maléficas, serán decisivas en el período entrante. El liberalismo predica desde un púlpito del tabloide (se dice que la selección anual es por referéndum de lectores, aunque casi siempre coincida con la ideología demócrata).

Pero ni los votantes alemanes ni los norteamericanos han sido propiamente consultados acerca del problema islámico, y el galardón de Time se parece cada vez más a la práctica revolucionaria de dar título a los años, ya sean del “Esfuerzo Decisivo” o de “los héroes prisioneros del imperio”. La revista juega al horóscopo con el destino del mundo.

Qué parte del Islam es la que Alemania acoge y acepta no queda claro, aunque sea obvio que el terrorismo no es la parte fundamental del credo musulmán. El terrorismo es solo una interpretación errónea y virulenta del mahometanismo. Se nos enseña que el terror no es el rasgo distintivo de la gran mayoría musulmana que emigra a diario a Occidente, y que turcos, sirios, iraquíes, yemenitas y kazajos llegarán a asimilarse en el crisol de razas y culturas de Occidente.

Si bien Merkel es la cuarta mujer seleccionada desde 1927 como “Persona del año”, el lugar principal en el debate sobre la influencia del Islam lo ocupa, precisamente, la mujer. Hay profundas diferencias en la manera en que los países occidentales y los países musulmanes ven el papel de las mujeres en la sociedad, visiones distintas sobre cómo establecer los límites de sus derechos y prerrogativas.

La imagen de la “Canciller de Europa” en Time coincide con la aparición de Mustang en las marquesinas de un cine cerca de usted. Mustang es la primera película de la directora turca Deniz Gamze Ergüven, y trata del problema de la mujer en el Islam no en cualquier país musulmán, sino en Turquía, que es de los más liberales y prooccidentales, una nación islámica a punto de ingresar en la Unión Europea.

La película de Gamze Ergüven comienza con un inocente paseo de cinco adolescentes turcas a la salida del colegio: son las huerfanitas Sonay, Selma, Ece, Nur y Lale. Los padres murieron en un accidente de tráfico y ellas pasaron a la custodia de su abuela y su tío. En camino a casa, las chicas se detienen en las riberas del Mar Negro, juegan con sus compañeros de clase, se lanzan chorros de agua, montan a caballo sobre los hombros de muchachos. Alguien las ve retozar y las denuncia por haber “frotado sus partes contra el cuello de un hombre”.

A partir de esa calumnia se establece la más estricta vigilancia. Un médico debe certificar la virginidad de las niñas. Rejas y cancelas sustituyen puertas y ventanas. Los uniformes de escuela son reemplazados por túnicas “color de mierda”, según las describe la pequeña Lale, que es la voz en off de la película. Encerradas en sus habitaciones, las muchachas sueltan el chador y, debajo, salen a la luz pantis de colores, sostenes estampados con Winnie the Pooh. Una se escapa para ir a ver un juego de fútbol (un partido solo para mujeres), y otra para encontrarse en el bosque con el novio que dejó atrás. Entonces las rejas son redobladas y los preparativos para las bodas adelantados.

El verdadero asunto de esta película incómoda y bella es el llamado “suicidio de vírgenes”. Sonay tiene la dicha de que la casen con el chico que la esperaba en el bosque, pero su hermana Nur no corre la misma suerte. La noche de su boda se encierra en el cuarto y se pega un tiro.

Estos eventos pudieran parecer demasiado ajenos si tres años antes Salima Alawadi no hubiera aparecido muerta a cabillazos en la localidad de El Cajón, en California, o si Noor Almaleki no hubiese sido atropellada, en 2011, por el auto de su propio padre, en Phoenix, Arizona. En ambos casos se trataba de “crímenes de honor” a consecuencia de matrimonios forzados, y en ambos casos las víctimas fueron emigrantes musulmanas.

Hay un aspecto doméstico del terror islámico que nada tiene que ver con Daesh o con el califato de Siria e Irak, y que pocas veces se manifiesta en emigraciones modestas, controladas y asentadas en pequeñas comunidades, sino en enclaves populosos y no asimilados, como Berlín o El Cajón, una ciudad norteamericana donde hoy viven más de 40,000 iraquíes.

Ese terror íntimo afecta a los mismos musulmanes, sobre todo a las mujeres, y por extensión, a las sociedades que los acogen. Es un tipo de terror contra el que nada pueden Merkel ni Time, pero que es decididamente parte del Islam, el fundamento hogareño del terrorismo. Aceptar el Islam no es tan simple como Merkel y la editora Nancy Gibbs quieren hacernos creer. Las mujeres apaleadas, atropelladas y forzadas en matrimonio, las que no llegan a las portadas de los tabloides (¡Caitlyn Jenner fue la cuarta candidata a “Persona del año”!) son las que nos propone la película de Deniz Gamze Ergüven como modelos de “un liderazgo moral firme en un mundo que cada vez está más carente de él”.

Néstor Díaz de Villegas es un escritor cubano radicado en Los Ángeles

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2015, 3:01 p. m. with the headline "NÉSTOR DÍAZ DE VILLEGAS: Merkel, Persona del año, males de siglos."

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