Opinión

ROSA TOWNSEND: Yihadistas entre nosotros

Lo que convenció a la joven Alex de abrazar la ideología de ISIS fueron los libros, chocolates y dinero que le regalaban sus “nuevos amigos” online. A los 23 años se sentía aislada viviendo en un pueblo del estado de Washington y por eso la noche que se convirtió al Islam escribió en Twitter: “Ahora tengo hermanos y hermanas, estoy llorando de emoción”. Empezó así una doble vida.

Su historia –relatada en el recién publicado informe de George Washington University ISIS in America– es arquetípica de los métodos del Califato Islámico para reclutar y radicalizar tanto a musulmanes como a conversos dentro de EEUU. Explotan sus emociones y frustraciones para luego ofrecerles un ideal de vida que satisfaga su búsqueda de identidad y de pertenencia a una comunidad. “Miles” están mordiendo ese anzuelo a través de internet, según el director del FBI, James Comey.

Las 900 investigaciones abiertas por el FBI en los 50 estados dan cuenta de la magnitud de la penetración yihadista. “No tiene precedentes” concluye ISIS in America. Los investigadores del Programa sobre Extremismo de George Washington University (GWU) han documentado cientos de casos de simpatizantes y operativos, algunos ya dispuestos a realizar atentados terroristas en suelo americano. Quizá el dato más alarmante es la dificultad para detectarlos, camuflados bajo la apariencia de vidas “normales”. Como la del matrimonio de islamistas radicales que atacaron en San Bernardino.

O como los recién casados Mohammed Oda Dakhlalla, de 22 años, y su esposa Jaelyn Delshaun Young, de 19 años, arrestados en agosto en el aeropuerto de Vicksburg, Mississippi, cuando embarcaban rumbo a Siria para entrenarse allí en la yihad. De no haber sido porque le confesaron a un agente encubierto del FBI que viajarían al Califato disfrazados de “luna de miel”, nada parecía sospechoso en la pareja, hijos respectivamente de un imán y un policía.

Con ellos son 72 los acusados por actividades yihadistas en el útimo año en EEUU (incluido el arresto esta semana en Maryland de Mohamed Yousef Elshinawy, de 30 años, por recibir $9,000 de ISIS para atacar aquí). Pero estos 72 son sólo “la punta del iceberg”, revela el informe de GWU.

Los tentáculos de ISIS se extienden sobre todo a través de su propaganda en internet. Varios miles la consumen en EEUU, creando lo que las autoridades denominan “cámara de eco de radicalización”. Islamistas y simpatizantes usan plataformas como Facebook, Google+ y Tumblr; o aplicaciones más discretas como Kik, Telegram, Surespot y la llamada dark web. Pero Twitter es, de lejos, la más popular con al menos 300 usuarios autoidentificados como discípulos de ISIS. Suelen usar avatares como banderas negras, leones o pájaros verdes.

De poco sirve que la policía les cierre continuamente las cuentas de Twitter porque las reabren con otros nombres, siguiendo las instrucciones del manual de ISIS Hijrah [Héjira en español]. Se trata de una guía minuciosa de 50 páginas online, que incluye además todas las direcciones y contactos para emigrar al Califato Islámico en Siria, país donde según la “doctrina” islamista comenzará la “batalla final apocalíptica entre los ejércitos de Roma [como símbolo de Occidente] y el Islam”.

¿Quiénes entre nosotros se sienten atraídos por esta disparatada y cruel ideología yihadista? Los expertos afirman que no existe un perfil heterogéneo. Son individuos que proceden de diversas razas, clases sociales, edades, etc. Buscan “venganza, status, identidad o aventura”, subraya el analista de inteligencia militar Matt Venhaus, autor de “Por qué los jóvenes se alistan al terrorismo”, para el cual entrevistó a más de 2,000 musulmanes adeptos a la yihad.

Lo cual da alas a la teoría de que la raíz motivadora se encuentra en lo que el ilustre filosofo francés Phillip Salazar califica de “conversión a un ideal”, que es lo que les ofrece el Califato Islámico. “El gran problema de la cultura occidental es que es esencialmente materialista”. De ser acertado su análisis (que también subscribe el Centro Nacional Contra el Terrorismo de EEUU), la principal arma para combatir el islamismo radical sería ofrecer “ideales alternativos”.

El problema es que no existen fábricas de urgencia para remodelar nuestros ideales ni bombas para aniquilar los suyos.

Es esta una batalla generacional y con múltiples frentes, dos de ellos esenciales: primero abordar el tema desde la verdad en vez de desde la pantomima política; y segundo, colaborar entre naciones y religiones. Por ello es tremendamente miope y anticonstitucional –aparte de nazi– el pretender excluir a “todos” los musulmanes de EEUU, como propone el candidato presidencial Donald Trump y con más disimulo Ted Cruz, cuando son precisamente los musulmanes quienes pueden delatar a sus manzanas podridas.

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