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Opinión

GUILLERMO ARIAS: Príncipe de Paz

Cortesía del autor

Esta gráfica de William Strutt, titulada originalmente “Paz, un niño pequeño los guiará”, data de 1896. Hoy todavía se imprime como “Príncipe Paz”. Una crónica de la época nos dice que adornaba por igual la recámara del Zar de Rusia que las barracas de los proletarios ingleses”.

Inspiraron al artista los eternamente hermosos versos del profeta Isaías: “El lobo y el cordero irán juntos y la pantera se tumbará junto al cabrito, el novillo y el león engordarán juntos; un chiquillo los pastoreará; la vaca pastoreará con el oso; sus crías se tumbarán juntas, el león comerá paja como el buey” (Is 11,6-7). ¿A quién apuntan? A nuestro Mesías.

Me llegó a las manos hace unas semanas, todavía impactado por la matanza de San Bernardino, golpeado por la masacre parisina, exasperado por los acostumbrados reportajes de bombardeos, hebreos acuchillados, palestinos ultimados y regueros de coches bomba. Paro no porque no pueda seguir, sino por compasión con ustedes y conmigo mismo.

Bajé inmediatamente el archivo digital para pasárselos. Para ayudarnos mutuamente a recuperar la serenidad. Redacto a las puertas mismas de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Tengo la impresión de que hasta comenzaron más temprano. Como que algo nos ha dicho ¡que nos hacen más falta!

Quizás intuimos que tanto desatino tiene que ver con el continuo desterrar a Jesús de nuestras vidas. Hace cinco siglos cuando el Islam otomano avasallaba una nación tras otra, Europa cristiana se encomendó a Cristo y a su Madre rezando el Rosario y los paramos en seco. ¡Porque quedaba fe! La misma fe que unos siglos antes lograba ganarles el corazón a los pueblos “bárbaros” para la paz y la construcción de escuelas monacales. La que la había sembrado de admirables universidades, alberges, hospitales.

Aborrezco escribir acerca de violencia y conflictos a las puertas del Nacimiento de aquel que Isaías anticipa que llegaría trayendo Paz: “Nos ha nacido un Niño, nos han traído un hijo. Se llama Consejero Admirable, Príncipe de Paz” (Is 9, 5). ¡Qué ocurrente este Dios nuestro perennemente empeñado en ganarnos para su causa a base de humildad y de ternura! A nosotros perennemente empeñados en apertrecharnos de absolutamente todo menos de amor y respeto a Dios, o al indefenso…

La generación de Juan de Austria, Jan Sobieski, Miguel de Cervantes, San Pío V y demás protagonistas de las gestas de Lepanto (1571) y Viena (1683) salvaguardaron la integridad personal y colectiva de sus gentes y pueblos mucho más a base de fe que de metralla. Nosotros mismos les debemos en buena medida la nuestra.

Coherente consigo mismo, el Islam jamás ha soltado a las buenas las almas y naciones que captura. Pero Europa hace rato que anda en bancarrota espiritual. Decenas de miles de jóvenes radicales musulmanes criados y educados en la Europa pasota y post-cristiana engrosan las filas terroristas que luchan en Siria e Irak y la desestabilizan internamente. ¿Quién o qué les falló?

¿Andamos nosotros mucho mejor espiritualmente? En la medida en que nos diéramos cuenta de lo mucho que venimos alejándonos de Jesús y su mensaje estaríamos mejor. En su defecto, igual o peor.

José María Forteza escribió poéticamente: “Paz en la frente/ paz en los ojos/ paz en los labios que es Navidad. // Paz en las manos/ paz en el alma/ paz en los signos de identidad. // Paz en la tierra, paz en el cielo, paz en las calles de mi ciudad. // Paz en la casa/ paz en los campos/ paz en las noches de tempestad. // Paz en los sueños/ paz en el tiempo/ de la alegría/ ¡por siempre Paz!”

Paz amigos lectores, cantemos Noche de Paz ¡que es Navidad!

Sacerdote jesuita, capellán en Jesuit High School, Tampa.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de diciembre de 2015, 3:54 p. m. with the headline "GUILLERMO ARIAS: Príncipe de Paz."

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