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Opinión

CARLOS DUGUECH: A las armas las carga el hombre

Más de mil millones de armas (llamadas pequeñas y ligeras, para diferenciarlas de los armamentos pesados) están en poder de civiles para defensa, de delincuentes, de guerrilleros. ¡Uno de cada siete habitantes del planeta tiene un arma mortal! Están diseñadas, fabricadas, vendidas y distribuidas para matar. Un tema que desde hace tiempo viene preocupando a distintos organismos en el mundo y, particularmente, a Naciones Unidas.

El día 13 de mayo último en el Consejo de Seguridad (CS) se realizó una sesión con la participación de los cinco miembros permanentes (EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y China) más los representantes de los otros diez países miembros no-permanentes (Malasia, Jordania, Chad, Nigeria, Nueva Zelanda, España, Venezuela, Angola, Chile y Lituania). Este columnista pudo participar en ese ámbito soberbio del Consejo invitado por la embajadora María Cristina Perceval, a cargo de las responsabilidades de la representación argentina en la ONU. En la sesión de ese día participaron, además, casi sesenta representantes de otros países miembros interesados en profundizar un difícil debate sobre fabricación, tráfico, y posesión de “armas pequeñas”, ya que como coincidieron muchos de los que expusieron, sorprende la magnitud de los efectos de estas armas.

El delegado de Chad, por ejemplo, precisó: “el costo humano es intolerable”. El de Nigeria, comprendiendo la complejidad del asunto en debate, clamaba por un debate abierto, evidenciando lo significativo del asunto. El representante guatemalteco puso el punto sobre las íes: “Cualquier acuerdo (sobre las armas) será incompleto si no se incluyen las municiones”. Hizo hincapié en que era necesario frenar la sobreproducción. Casi de una lógica elemental. Jordania, por su parte, abogó por “destrabar la red de terrorismo internacional y de los delincuentes” vía el control de las armas que suelen utilizar. España abogó por asegurar el monopolio de la fuerza al Estado y procurar la eliminación de los conflictos y los motivos que los originan. Rusia, en tanto miembro permanente del CS, manifestó que compartía lo expresado por los expositores y afirmaba a la vez –en una especie de contrapropuesta– que el único instrumento internacional para combatir el comercio ilegal de armas era fortaleciendo los controles nacionales. Evidenciaba una manera de no someterse a normas de una convención internacional. El aporte de Argentina fue altamente significativo y ya había recibido reconocimiento internacional de distintos organismos especializados que premiaron “las mejores políticas públicas de desarme”.

La reunión del CS estuvo presidida por la representante de Lituania ejerciendo su turno en el cuerpo y contó con la presencia del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon; del alto comisionado de ese organismo para los Derechos Humanos Zeid Ra’ad Al Hussein; del presidente de la Red africana del Oeste para las armas pequeñas, Karamoko Diakité; del observador permanente de la Unión Africana en la ONU y de la jefatura de la delegación de la Unión Europea en Naciones Unidas. Toda una conjunción de relevantes personalidades con funciones específicas en el rubro que se estaba debatiendo.

Sólo nueve días después, el 22 de mayo, el Consejo de Seguridad aprobaba la Resolución 2220 sobre las armas pequeñas. Extensa –33 puntos– abarcadores de los aspectos debatidos. En definitiva, sin aportar nada más que una muy precisa descripción del problema, la toma de posición acorde con su naturaleza y formulando recomendaciones –casi obvias, de buena voluntad– para que “los estados parte planifiquen sus acciones en favor de considerar la posibilidad de adherirse a la Convención de la ONU Contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus Protocolos, incluido el Protocolo Contra la Fabricación y el Tráfico Ilícitos de Armas de Fuego, sus Piezas y Componentes y Municiones, y a aplicarlos”. En la ONU, en definitiva, la organización internacional por excelencia, conviven los buenos propósitos de casi todos sus miembros que se lucen expresándolos y una realidad que muestra el signo del fracaso de tanta deliberación porque prevalecen los fuertes y esa irritante estructuración de un CS, casi siempre una herramienta exclusiva de cada uno de los cinco miembros permanentes que desde hace 70 años la disponen a su exclusivo beneficio.

Quien esto escribe puede expresar que la experiencia de participar como invitado y oyente de las deliberaciones del Consejo de Seguridad fue reveladora de cómo las complejidades podrían resolverse más pronto y privilegiando la justicia si se actualizara la estructura de ese cuerpo, sin el fantasma del veto de los miembros permanentes. Con un baño de democratización, lo que legitimaría su diario accionar por “la paz y la seguridad internacionales”, valores que siempre se mencionan en forma conjunta en la Carta de la ONU.

Columnista argentino.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2015, 11:59 a. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: A las armas las carga el hombre."

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