Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

ALEJANDRO RÍOS: Margarita de “afuera”

Por puro azar de cinéfilo conocí en los años sesenta al notable director de cine brasileño Glauber Rocha. Fue en el cine La Rampa de la Calle 23 de El Vedado habanero. Allí le manifesté mi admiración y tuvo la gentileza de invitarme a las proyecciones que se hacían para los miembros de la crítica en el excepcional bastión del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos).

En aquel salón se servía café en tazas de porcelana. La exclusividad del ICAIC dentro de la cultura cubana, sobre todo en aquellos primeros tiempos “épicos” de la revolución, resultaba evidente. Su intrigante director era un cortesano con acceso al rey y el cine se hacía para cantarle loas y complacerlo.

Alfredo Guevara practicó malabares políticos de toda índole para sostener la obediencia que necesitaba, porque no pocos de los nuevos directores de cine mostraron enseguida su inquietud por reflejar la complejidad de la realidad cubana que tomaba visos totalitarios a todo tren.

Su influencia hizo que no pocos artistas e intelectuales de izquierda se sintieran fascinados por el experimento socialista en las narices de Estados Unidos y se pusieran a disposición del ICAIC, apenas fundado en marzo del año 1959.

En Crónica cubana, del año 1963, se dan cita tres creadores de este linaje, el director uruguayo Ugo Ulive, el guionista argentino Osvaldo Dragún y la productora española Margarita Alexandre. Según el historiador Eduardo G. Noguer, el filme desapareció rápido de las pantallas de estreno. Los extranjeros se tomaron la libertad de plasmar las desavenencias que ya comenzaba a padecer la familia criolla, fulminada de muerte por los cismas políticos.

Hace poco más de una semana que la legendaria productora del filme, la actriz y directora de cine Margarita Alexandre, falleció a la edad de 92 años en Madrid. Estaba escribiendo las memorias sobre su aventura cubana, que duró prácticamente toda la convulsa década de los sesenta.

Aquella floreciente estancia comenzó a declinar, sin embargo, en 1966, según ha confesado en varias entrevistas: “Raúl Taladrid me llamó y me dijo que yo no podía hablar en las asambleas. Me echaron del ICAIC porque hablaba en las asambleas. Yo sabía que estaba detrás Alfredo Guevara, pero nunca me lo confirmaron”.

El escritor Humberto Arenal, recuerda las circunstancias en que la productora comenzó a perder el favor oficial: “Una persona tan liberal como Margarita, siendo amiga mía y de Titón, que siempre estábamos rompiendo con normas en el cine, en el teatro, en la literatura... yo presumo que empezaron a verla como demasiado liberal. Era extranjera y quizás llegaron a pensar que era nociva. Titón y yo nos preocupábamos y comentábamos: Margarita no se aguanta la lengua.”

Fue maestra de productores y se ocupó personalmente de tres filmes de Tomás Gutiérrez Alea, Las doce sillas, Cumbite y La muerte de un burócrata, entre otros producidos por el ICAIC.

De tal modo ha resumido el final de su residencia en la isla: “No fui extranjera en Cuba. Lo mismo que todos, resolvía con la cartilla de racionamiento y con la generosidad propia del cubano. Trabajé en la agonía de la agricultura: caña, papas, tabaco, café. Y el día que me rendí a la evidencia y decidí abandonar los sueños empapados en el sudor de los esfuerzos inútiles, los burócratas probaron largamente mi paciencia antes de concederme una salida como a cualquier otro: ligera de equipaje y cargando todo el dolor que es capaz de soportar el alma. Mi hija, mis compañeros del cine y del Teatro Musical, el pueblo que amé. Lágrimas y mucha, muchísima rabia. Como todos”.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de diciembre de 2015, 2:48 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Margarita de “afuera”."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA