Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Reanimando la esperanza en Año Nuevo

Al filo del fin de un año, y de cara al nuevo ciclo, se manifiestan acciones de gracias y peticiones. Con corazón abierto y campante afán, expresamos votos de felicidad y paz a seres queridos, vecinos y desconocidos; repasamos las dichas y desdichas sentidas durante los últimos doce meses; hacemos valientes actos de reparación cuando es imperioso; a medianoche, brindamos jolgoriosos por un año que nos acarree bienestar, por un mañana más equilibrado y más humano para todos.

La chispeante celebración nocturna –botellas de champán, platos de comidas criollas, bailes, tradiciones folclóricas, collares hawaianos, serpentina, matracas, fuegos artificiales– tan solo es el envoltorio de un valiosísimo obsequio, sin costo alguno, que cada quien recibe de uno mismo: la esperanza, sublime facultad de soñar el futuro, de ansiar dejar huellas duraderas y profundas en el tiempo.

Esa esperanza es la fuerza propulsora que nos hace capaces de conseguir lo que creemos imposible. Hoy nos convoca a salir de las limitaciones y de lo definitivo, a construir un futuro próspero en el que reine el amor y se experimente la alegría de vivir, a apaciguar frustraciones y resentimientos, a repensar nuestro estilo de vida, a emprender nuevamente el camino cotidiano.

A todos sin excepción mueve la esperanza, pues nadie aguarda con gusto por alguna cosa sin que esta le de ánimo. La madre sobrelleva prolongadas noches de angustia y desvelo protegiendo a su bebé enardecida con la esperanza de verlo crecer sano. El soldado herido no permite que su sangre derramada lo espante con la esperanza de la victoria para su patria. El trabajador, como el labrador, sufre agotadores horarios, gravosas tareas y vicisitudes externas por la esperanza de los frutos de su sudor. El deportista es obediente al entrenamiento, a la dieta y no sucumbe ante el dolor esperanzado en conseguir un buen resultado y algún trofeo.

No solo en el ámbito material es vital este estado de ánimo que florece cuando se presenta como alcanzable lo anhelado, sino también en el espiritual. Los gestos y la práctica de la piedad y el afecto hallan vigor en la esperanza de un mundo más armonioso. La adhesión a credos y religiones se mantiene firme, pese a las distracciones frívolas, con la esperanza que sus creyentes profesan de que habrá una morada eterna para sus almas.

Sin esperanza la fatiga entrecorta las ilusiones, tornándolas en piedras. No se trata de observar el entorno a través de un prisma de color rosa, en cuanto que los aprietos a menudo ponen a prueba nuestras convicciones. Ni tampoco de mostrar un semblante alegre superficial, ya que con frecuencia, consideramos que no merece la pena continuar la lucha. Lo único necesario es comenzar cada día con un acto de voluntad que se dirige a un buen futuro –y lo elige mediante acciones concretas.

Sumemos esta actitud a nuestra lista de propósitos para 2016. E introduzcamos estas ideas en cada una de las vivencias de nuestra conciencia.

Precisamente, con la esperanza de hacer para hoy un mejor periódico que ayer, y, para mañana, uno mejor que hoy, el equipo de profesionales que 365 días al año da vida a el Nuevo Herald y elnuevoherald.com se une al espíritu de sus festejos agradeciendo el cariño y la confianza que depositan en nosotros como lectores. ¡Próspero, feliz y dichoso 2016!

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de diciembre de 2015, 5:09 p. m. with the headline "Reanimando la esperanza en Año Nuevo."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA