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Opinión

Puerto Rico al borde del abismo

Rincón – Nunca antes en la historia moderna de Puerto Rico un fin de año había sido tan ominoso. Nada ni nadie, desde luego, puede detener las fiestas navideñas puertorriqueñas, las más largas y una de las más pintorescas del mundo. Pero la sensación de que la isla está a punto de resquebrajarse económica y socialmente está en el ambiente. En familias divididas por el éxodo de muchos de sus miembros, en su mayoría jóvenes, que buscan perspectivas de futuro en Estados Unidos. En las que no tienen otro remedio que permanecer aquí para enfrentar las duras consecuencias de la crisis fiscal. En el desempleo de 12.5%, que irónicamente ha bajado porque muchos puertorriqueños se han cansado de buscar trabajo o han ido a buscarlo al norte. En el delirantemente alto costo de la vida para los sobrevivientes de la catástrofe. En la incertidumbre diaria. Y en la falta de confianza en el futuro.

Algo sabemos en Estados Unidos de la ola migratoria de puertorriqueños a “tierra firme”. Más de 100 mil llegaron durante este 2015 que hoy termina, sobre todo a la Florida, Nueva York y Nueva Jersey. Ahora el Condado Broward compite con Orange en la atracción de boricuas a nuestro estado. Y la cifra del naufragio sobrepasa los 200,000 si nos remontamos al comienzo de la recesión puertorriqueña hace ya una década. ¿Por qué se ha duplicado en meses?

En Estados Unidos se sabe poco de lo que la crisis significa para el puertorriqueño de a pie. Si tantos están yéndose ahora es porque no quisieron hacerlo antes, porque conservaban la esperanza de que las cosas mejorarían, de que San Juan y Washington buscarían soluciones o paliativos a los problemas que padecen: además de los elevados índices de desempleo y subempleo, un impuesto sobre las ventas de 11.5% que volverá a subir en 2016; un impuesto sobre el petróleo que se ha quintuplicado a $15.50 el barril, afectando dramáticamente lo que los isleños pagan por la gasolina, la electricidad y otros servicios básicos; y la tasa de pago por la recogida de basura y eliminación de desperdicios más grande de todo Estados Unidos, la cual se ha disparado 60%.

Irónicamente estas medidas draconianas, incluso tomadas en conjunto, no resolverán la crisis puertorriqueña. La isla tiene una impagable deuda externa de $72,000 millones, lo cual significa que solo verá una mejoría cuando logre una profunda reestructuración de lo que debe. Esta, por supuesto, implicará aun mayores sufrimientos para los residentes y enorme frustración para los acreedores de Puerto Rico. Para lograrla, como es sabido, hará falta una acción del Congreso porque la Constitución prohíbe que los estados y territorios norteamericanos, como Puerto Rico, se declaren en bancarrota. Legisladores demócratas y republicanos alistan propuestas para enfrentar la crisis puertorriqueña, conscientes de que otros estados, como Illinois, pudieran correr la misma mala suerte. El Presidente Obama les ha exhortado a actuar rápida y juiciosamente. Pero el consenso para una solución ya se ha demorado demasiado. Y aún no hay garantías de que llegue a tiempo para impedir la debacle.

Los congresistas aprobarán un plan de rescate de la economía puertorriqueña si, y solo si, lo acompañan garantías de que el liderazgo de la isla se comprometerá a hacer cambios radicales en su comportamiento oficial. Una garantía particularmente importante es que cesen de arrojarles dinero público en forma irresponsable a sus afanes electorales para luego encubrir, con contabilidad creativa y demagogia, la magnitud de los huecos fiscales. Un compromiso así solo resultaría creíble si se creara un organismo supra estatal, integrado por funcionarios y expertos de Puerto Rico y Estados Unidos, que supervise el proceso de rescate y las futuras inversiones del gobierno de la isla. A su vez, ese proceso debería ser lo suficientemente firme como para tranquilizar a los acreedores y sensible para aliviar la carga impositiva que pesa sobre los agobiados trabajadores y la clase media de la isla, hoy en peligro de extinción. Dos mil dieciséis será el año del rescate o del hundimiento total de Puerto Rico. Pero todo indica que se acabaron las alternativas.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de enero de 2016, 3:50 p. m. with the headline "Puerto Rico al borde del abismo."

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