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Opinión

NICOLÁS PÉREZ: Historia de un deportable

Están lejos los tiempos de Lincoln y Jefferson cuando la Casa Blanca se guiaba por la lealtad y la ética. Hoy está dominada por una realpolitik preñada de intereses egoístas y bastardos. El principal objetivo de Washington es cuidar su Seguridad Nacional. Y las nuevas relaciones de los Estados Unidos con Cuba van a mantener las reglas del juego. No es Barack Obama, cualquiera de los últimos diez presidentes norteamericanos en función de sus conveniencias como nación le hubieran entregado al castrismo en bandeja de plata lo mismo a Santiaguito Álvarez que a Masantín El Torero.

Y lo más sorprendente es que tienen razón. Están en su derecho. Este es su país. Y lo mismo traicionan a la China nacionalista ayudando a que la despojen de su asiento en la ONU, que no dejan ni entrar en a este país al Sha de Irán.

Desde que en 1959 cuando la Conspiración Trujillista y el agente de la CIA William Morgan vendió al castrismo a sus enemigos, no deja de repetirse la misma canción: derrocar al castrismo no es asunto ni de exiliados ni de la disidencia interna, sino de este país. Somos un triste apéndice de los Estados Unidos. Y no podemos quejarnos, los únicos culpables fuimos nosotros, que le entregamos incondicionalmente, atada de pies y manos la libertad de Cuba a Washington. Ahora están en su derecho de derrocar el régimen o pactar con él cuando les dé la realísima gana y todos calladitos, muy calladitos la boca.

Por eso me emocionó una declaración de Rosa María Payá cuando dijo sobre las nuevas relaciones: “Resulta doloroso que la libertad de Cuba sea un asunto que solo discutan las elites del poder de La Habana y Washington, este no es un asunto entre Barack Obama y un grupo de generales castristas, sino del pueblo de Cuba”.

La gente ante este evento se ha concentrado en dos temas, si Obama traicionó al exilio, o Raúl Castro al fidelismo; ambos enfoques son válidos, pero no fundamentales.

Esta nueva luna de miel la esperaba aunque no con tanta premura. Lo que me tiene preocupado es, ¿hasta dónde llegarán las concesiones entre ambos países para lograr un entendimiento total?

En los Estados Unidos hay 34,525 cubanos con órdenes finales de deportación y 2,264 pendientes en los tribunales. ¿Se podrá llegar al intercambio de deportaciones mutuas?, no lo dudo.

Hoy en Cuba deben estar sin dormir estafadores al Medicaid que ocultan en bancos cubanos millones de dólares y andan por las calles de la isla como Pedro por su casa.

Pero para mí está la otra cara de la moneda, mi compañero de colegio y con el cual comencé en esta ciudad de Miami la lucha contra el castrismo en 1960, Santiago Álvarez. El domingo desayuné con él en el Harriets de Cayo Largo como hacemos frecuentemente.

Partí hacia la clandestinidad y la cárcel en enero de 1961, y Santiaguito a finales del 60 participó en un desembarco en el norte de Oriente, donde hubo cuatro fusilados, entre ellos Bobby Fowler. Pasó a la Brigada 2506. Después de la invasión estuvo en Alpha 66 y los Comandos L. Ingresó al Ejército norteamericano donde estuvo seis meses en las Unidades Cubanas. Seguidamente participó en la guerra en Nicaragua como capitán de un barco haciendo operaciones comando, infiltraciones y exfiltraciones.

Estuvo un tiempo decidiendo su futuro y cuando asumió que había un pacto entre la URSS y los Estados Unidos que se remontaba a la Crisis de Octubre y convertía a Cuba en intocable, pensando diferente a otros cubanos, entre ellos, yo, que calificábamos la guerra al castrismo desde el exilio como utópica, no se frustró, y prosiguió la lucha.

Fue capturado el 21 de noviembre del 2005 gracias a un infiltrado de Seguridad del Estado en su grupo, un doble agente que también recibía dinero del FBI. Acusado de posesión de armas ilegales fue condenado en un tribunal del Sur de la Florida, cuyo fiscal fue tristemente un cubano, a 36 meses que luego rebajaron a 27. Luego lo llevaron a Texas como testigo de un caso que implicaba a otros compatriotas, se negó a declarar y lo condenaron a 10 meses más. Y cuando cumplió sus dos condenas fue trasladado a una cárcel de Inmigración en Georgia sujeto a deportación por un juez.

Intentaron deportarlo al Perú de Alan García, al Panamá de Ricardo Martinelli y a España, pero los tres países se negaron a recibirlo por el repugnante pánico que sienten algunas democracias por el largo brazo de la dictadura castrista.

Al final del desayuno, nos dimos un fuerte abrazo.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2015, 2:00 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: Historia de un deportable."

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