SERGIO MUÑOZ BATA: Iracundos contra sosegados
Lo que está en juego en la elección presidencial estadounidense de 2016 es la permanencia del legado del presidente Obama. Un triunfo de los sosegados lo garantizaría mientras que un triunfo de los iracundos lo desmantelaría.
En su último informe de gobierno el presidente Barack Obama invitó a la nación a recuperar el optimismo y a reflexionar con seriedad sobre la situación real del país a siete años de su elección. Su mensaje, que contrasta dramáticamente con el mensaje negativo de los aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano, tuvo un propósito claramente político. Si un republicano gana la presidencia este año todo su legado podría venirse abajo.
Un legado que incluye haber sacado al país de la mayor recesión económica desde la Gran Depresión de 1929, una reducción dramática del índice de desempleo y una expansión de la red de seguridad social que no tiene precedente en medio siglo. Desde su entrada en vigor en 2013 hasta fines de 2015 se calcula que el Obamacare, como se conoce el seguro de salud que lleva su firma, ha beneficiado a más de 19 millones de personas. Más de 40 millones de personas de bajos y moderados recursos han sido favorecidos con recortes a sus impuestos y ayudas financieras a estudiantes universitarios.
Entre sus logros destaca también un importante acuerdo global para combatir el cambio climático y haber cumplido su palabra de retirar las tropas estadounidenses de Irak, y la mayoría de las que estaban en Afganistán. Otro gran éxito ha sido el acuerdo para frenar el programa nuclear de Irán recién firmado y que augura un mejoramiento de las relaciones diplomáticas con ese país y no menos su esfuerzo personal para restablecer relaciones diplomáticas con Cuba. Es cierto que Obama no cumplió su promesa de hacer lo necesario para reformar el desvencijado sistema migratorio del país y quedó en deuda con la comunidad hispana. Pero no hay que olvidar, sin embargo, que fue el Presidente quien contra viento y marea emitió un decreto que establece el programa de acción diferida (DACA) que ampara a casi medio millón de jóvenes indocumentados de la deportación.
Lejos de reconocer los logros de Obama, los candidatos republicanos que compiten entre sí fieramente para ganarse la nominación de su partido a la candidatura presidencial catalogan lo dicho y hecho por Obama como una catástrofe nacional. Para ellos, el cataclismo es de tales dimensiones que la única reacción pertinente es la ira. Trump está iracundo porque, según él, “nuestras fuerzas armadas son un desastre. Nuestro cuidado de la salud un horror…la inmigración ilegal es increíble. Nuestros gobernantes son incompetentes, y nuestro país está hecho una desgracia”.
Marco Rubio, quien cambia de opinión más rápido que de corbatas, dice que el estadounidense promedio se queja porque “el país está cambiando y ellos sienten que los están dejando atrás y fuera”. Curiosa reflexión de un hijo de inmigrantes cuya candidatura es prueba contundente del cambio positivo que el país está viviendo. Un cambio que no aboga por la exclusión sino que, por el contrario, defiende la inclusión. Rubio, quien no hace mucho tiempo propuso reformar el sistema migratorio del país para darles cabida a los indocumentados hoy, sin ningún fundamento en la realidad pide que “se revise el sistema migratorio enfatizando la seguridad nacional por encima de todo”, dada la amenaza del “Estado Islámico”. ¡Como si los indocumentados que trabajan para mejorar su situación económica en este país tuvieran algo que ver con el terrorismo!
La ira de Ted Cruz se manifiesta en su negatividad. Se opone a la Ley de Cuidado de la Salud y Reconciliación de la Educación de 2010, a un aumento al salario mínimo, al derecho de la mujer de decidir su embarazo, a cualquier control en la venta de armas de fuego y dice apoyar la pena de muerte porque, a su juicio, “es un reconocimiento del valor de la vida humana”. Cómo será su personalidad que según Trump, en una de sus pocas caracterizaciones certeras, Cruz sería un candidato a la presidencia inelegible porque “todos los que le conocen le odian”.
Lo que el discurso del presidente Obama ha hecho es plantear con claridad lo que está en juego en la elección presidencial de 2016. El desencuentro entre los optimistas y los iracundos es de fondo, y un triunfo de los republicanos significaría un tremendo retroceso en lo social, en lo económico, en política exterior y en los pequeños avances que ha habido en el tema de inmigración.
Periodista de Los Angeles, colaborador en periódicos y revistas de Estados Unidos y América Latina.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de enero de 2016, 11:16 a. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Iracundos contra sosegados."