OTTO RODRÍGUEZ: Un poco de centrismo en la política estadounidense
Espero que los vientos que soplen entre ahora y el próximo noviembre nos traigan fuertes aires de centrismo, pues al ritmo que van las cosas vamos a tener que elegir entre un socialista convencido y un declarado… póngale usted el adjetivo.
Lamentablemente, eso de tener que escoger entre dos visiones tan disímiles no es un fenómeno nuevo en la política estadounidense. Por lo general, en las últimas seis décadas, cada cuatro noviembres, diferentes generaciones han tenido ante sí dos posibles futuros con un abismo entre ellos.
Si las encuestas no mienten, todo parece indicar que Bernie Sanders, con su aspecto de abuelo gentil, pudiera arrebatarle a Hillary Clinton la nominación demócrata, un hecho que revela hasta qué punto puede evolucionar (o involucionar, según se vea) la psiquis del electorado norteamericano. Hace apenas dos décadas era impensable que un socialista tuviera la más mínima oportunidad de ganar una nominación en Estados Unidos y resulta que ahora el senador por Vermont, con sus ideas de implantar aquí un sistema social a lo nórdico, tiene una ola de seguidores que ha puesto a temblar a muchos. Me pregunto si los dos largos términos de Obama han propiciado que el votante promedio vea como algo normal la posibilidad de un Sanders en la Casa Blanca.
Un breve viaje al pasado revela el curioso efecto de péndulo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y cómo el letargo de un período, unido al cansancio del electorado, pueden sacudir violentamente el status quo: Reagan fue la respuesta a la suave presidencia de Carter; Clinton salió airoso después de 12 años de gobierno republicano; la diferencia en la Florida entre el segundo Bush y Gore fue menos de mil votos, y las plataformas con las que ganó Obama en dos ocasiones eran la antítesis de las de sus adversarios.
Todo ese vaivén me recuerda una frase atribuida a alguien de que en cierta isla del Caribe la gente o no llega o se pasa.
Vale preguntarnos por qué en cada elección debemos escoger entre los extremos y seguir con la nociva tendencia de que algunas de las votaciones más trascendentales en el Congreso terminan quirúrgicamente divididas entre quienes representan dos visiones diametralmente opuestas.
¿Por qué los candidatos actuales tienen que interpretar la continuación de los valores sobre los que se construyó esta nación mediante soluciones opuestas, a pesar de que todos los que vivimos en este país nos consideramos norteamericanos? Después de todo, la excepcionalidad estadounidense se basó y construyó sobre preceptos simples para el bien común, que en muchos casos han sido víctima de los males de la modernidad.
Una buena vacuna de centrismo podría evitar que las genuinas advertencias sobre todo lo negativo que tendrían que vivir nuestros hijos, en caso de ocurrir un futuro tóxico, se pierdan en la feroz retórica de las campañas actuales.
Traer un poco de balance a los menesteres de la política actual, o al menos tratar de lograr un justo medio, podría también mitigar el abstencionismo, un triste fenómeno mediante el cual, en muchas ocasiones y a todos los niveles de gobierno, casi la mitad de los electores se niega a sí mismo decidir el porvenir de la nación o de una localidad.
Cualquier futuro debiera ser mejor si nace de un consenso mesurado donde priman objetivos comunes que confluyen en un centro, no de una sociedad cercenada por desigualdades e intereses.
No abogo porque todos caminemos por la senda del centro, pero sería bueno que de aquí a noviembre un vendaval limpiara un poco el espectáculo y abra espacios oportunos para nuevas caras, pues ya sabemos que en el reino de las aves no todos son halcones o palomas.
Periodista radicado en Miami
ottorod@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de enero de 2016, 11:46 a. m. with the headline "OTTO RODRÍGUEZ: Un poco de centrismo en la política estadounidense."