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Opinión

ROBERTO CASIN: Niños de la guerra

Como cualquier niño de 12 años, Hadi hubiese preferido quedarse ese día jugando en casa. Pero no pudo. Fue llevado a recibir entrenamiento militar a uno de los campamentos de verano Faros de Liberación establecidos por el gobierno de Hamas en Gaza. La escena se repite cada año, y según el Instituto de Investigaciones de Medios de Comunicación en el Oriente Medio, más de 100 mil varones y hembras, escolares palestinos de quinto grado hasta secundaria, asisten a cursos en los que se les adiestra en el arte de matar y se les inculca el odio a los judíos. En vez de libros, fusiles, y en lugar de pupitres, trincheras. La guerra como deporte estival. Y nada indica que este año vaya a ser diferente.

A los niños, el movimiento de resistencia islámico Hamas les enseña desde temprano que no hay principio mejor que el martirio, ni mayor honor que morir matando a israelíes. Sean soldados o civiles es lo de menos para ellos. Al otro lado del borde limítrofe de la Franja, en Israel, los menores de igual edad que Hadi sufren los mismos rigores y peligros de una guerra sin fin, con treguas intermitentes, que nunca han traído la paz. Pero al menos no corren la suerte de que se les ciña un cinturón de explosivos para inmolarlos como terroristas suicidas o de que se les utilice como escudos humanos, una práctica usual entre los extremistas islámicos. Eso sí, cualquiera de ellos puede ser un inadvertido blanco de los cohetes disparados desde Gaza.

Ninguna guerra peca de benevolente. Son lo que son. Tienen como fin matar adversarios. Y justificadas o no, todas son horrorosas. Aunque unas sean más repulsivas que otras, y no todos los enemigos iguales. A simple vista, en la que nos ocupa, los contrastes son notorios. Por un lado, los islamistas degüellan con placentero odio e infunden a sus hijos y nietos una sed de venganza sin frenos contra los judíos. Por el otro, sus rivales avisan con anticipación de sus bombardeos a los pobladores de un sitio para que los civiles se pongan a salvo. ¿Alguien ha visto algo similar? Aun así, movidos por su saña hacia los israelíes y para que las armas de estos parezcan más asesinas, los de Hamas se ocultan en mezquitas, abren trincheras en hogares, se parapetan detrás de niños, mujeres y ancianos, y levantan cuarteles junto a guarderías infantiles. Para ellos el fin justifica los medios, por repulsivos que sean.

En lo que respecta al fondo ideológico del asunto, qué les voy a contar. Los periódicos y la tele informan con lujo de detalles sobre las operaciones militares israelíes, ponen de relieve los muertos en Gaza, enumeran espantados los civiles, y cuantifican pormenorizadamente los destrozos urbanos. Con publicidad garantizada, se muestran en imágenes los alaridos de las madres palestinas desgarradas, y también se da fe de las denuncias contra Israel. Pero cuando el hecho ocurre del otro lado del frente, los titulares son otros. Los israelíes suelen llorar a sus caídos sin aspavientos, en silencio. No hacen del dolor un espectáculo. Pero eso no minimiza sus víctimas. Para ponerle nombre al suceso, Daniel Tregerman, de solo cuatro años, murió en su casa, blanco de un proyectil de mortero disparado desde Gaza. El incidente solo fue difundido—en su justa medida— por algunos grandes diarios y la prensa en Tel Aviv.

Las estadísticas suelen ser también cómplices del diablo en este drama. Los islamistas reclutan, adiestran y envían como guerreros a la muerte a menores de 13, 14, 15 y 16 años. En el mundo de las oficinas, en la nomenclatura de organismos internacionales como el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), son simplemente menores de 18, víctimas inmaculadas. Aunque el AK-47 que empuñan y disparan les haya borrado todo rastro de inocencia. El contraste es demoledor. En Israel, donde el servicio militar obligatorio no comienza hasta los 17 y medio, a solo trece kilómetros de la frontera con la Franja, en Ashkelon, una de las ciudades más atacadas por los misiles de Hamas, los pequeños de la edad de Hadi aún están rodeados de juguetes y sueñan con ser médicos, científicos, académicos e ingenieros. Nadie, salvo los terroristas, les trunca ese sueño.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ROBERTO CASIN: Niños de la guerra."

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