UVA DE ARAGÓN: Dilema de los conservadores
A mi entender, la filosofía política y social de los conservadores está basada en la preservación de instituciones y tradiciones. El término surgió en Francia durante el período de la restauración de los Borbones. Desde entonces ha sido asociada a “la derecha”, por el lugar que ocupaban en el parlamento los que apoyaban la monarquía o el Ancien Régime.
Existe una variedad de matices en el pensamiento político de los conservadores de distintos países, pero por su origen entre los aristócratas y su defensa de la libre empresa, se asocia con las clases altas, no sólo acaudaladas, sino elegantes, de buenos modales. A pesar de su fortuna, Donald Trump, por sus constantes perogrulladas y ordinarieces, es la antítesis de un conservador, aunque sea rico y coincida con algunas de las posiciones del Partido Republicano.
No puede extrañar, pues, que un grupo considerable de conservadores haya dedicado un número del National Review a cuestionar sus credenciales ideológicas. Además de apuntar su respaldo en el pasado a candidatos demócratas, y los cambios en su manera de pensar en temas como la inmigración, el aborto, los impuestos y la salud pública, lo califican de charlatán, demagogo, egoísta y emocionalmente inmaduro, entre otras cosas. No son los únicos que están preocupados en el “ala derecha” del país. Personas que desde hace años se han estado dedicando a enviar mensajes diciendo los peores horrores de Barack Obama, ahora muestran gran ansiedad por el futuro del GOP y del país si Trump llegara a ser candidato, e incluso presidente.
Sin embargo, ninguno de los conservadores que escribió en el National Review, como tampoco el republicano asombrado ante el reality show en que se ha convertido la campaña política este año, se cuestiona (al menos públicamente) las causas de este descalabro. No tienen en cuenta que se han pasado ocho años o más hablando pestes de Obama y de todas las instituciones. Olvidaron que al rebajar al Presidente estaban dañando por igual el respeto al cargo que desempeña. En el Congreso han socavado uno de los pilares de la democracia estadounidense: la negociación, el consenso, el compromiso. Se enfrentan a sus adversarios políticos como si fueran enemigos acérrimos. Los llamados a conservar las instituciones se han dedicado a quebrantar la fe del ciudadano en ellas. El resultado está a la vista. Los estadounidenses culpan al gobierno de todos sus males, y buscan a un líder que, sin previa experiencia en el arte de gobernar, los salve. El aplauso incondicional al guapo del barrio es lo más parecido al caudillismo. Asusta.
¿Ayuda a los demócratas este desastre de los republicanos o, por el contrario, la falta de fe en el sistema aflige a todo el país? Es tema a meditar.
Mucho puede suceder de aquí a noviembre. Ya vemos el tablero electoral moviéndose con el enfrentamiento de Ted Cruz y Trump, algo que puede dañar a ambos, y con la posibilidad de que el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, lance su candidatura presidencial.
Creo, sin embargo, que políticos y ciudadanos por igual debemos reflexionar sobre el origen del fenómeno político actual, que ha producido en el partido conservador algo tan insólito como el predominio de la vulgaridad y el afán de destruir las instituciones públicas.
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de enero de 2016, 11:54 a. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Dilema de los conservadores."