ALEJANDRO RÍOS: Madonna, al fin
La policía cubana se hubiera dado banquete apresando a personajes pintorescos durante la presentación de la nueva gira de conciertos de Madonna, el pasado domingo en el American Airlines Arena de Miami.
La cantante cubana Annia Linares me confió que en uno de sus concurridos recitales de La Habana tuvo que amenazar con dejar de cantar, para que representantes de los órganos represivos del régimen no cargaran con un muchacho que la imitaba durante sus interpretaciones.
En la apabullante presentación de Madonna en Miami, iniciada casi tres horas después de lo previsto –ella argumentó que suele llegar tarde a sus citas pero que la grandeza requiere grandeza–, sus fanáticos incondicionales desfilaron por los predios de la arena con los más desafiantes atuendos para rendirle pleitesía a la “Reina del Pop”, la artista controversial por excelencia de la escena americana, desde su surgimiento hace más de tres décadas.
Un hombre corpulento de smoking y chistera, de piernas tatuadas, solo cubiertas por medias de malla; monjas ataviadas de rojo o negro con grandes cruces sobre los pechos y cabezas con enormes cuernos taurinos, entre otros disfraces. Cuando la cantante disertó sobre los llamados six packs de los músculos abdominales, entre sus acrobáticos bailarines, conminó al público a descamisarse y muchos obedecieron su orden.
Se trata de la continuación de la oncena gira de la cantante y compositora, de insólitos 57 años, apoyando la salida de su álbum número 13, Rebel Heart, que se extenderá hasta Australia y Nueva Zelanda en el año 2017.
Mi esposa iba arrobada por el recuerdo de cuando primero pudimos ver a Madonna en el trasiego de videos mal copiados en la casa de mis padres en La Habana del Este y de mi hermana, que recibía ropas como las de “la chica material” de nuestra socorrida prima de Miami.
Pero lo cierto es que la estrella no da mucho espacio a la nostalgia, al menos en esta nueva presentación. De hecho, ha dicho que no le preocupa la obra anterior, paradigmática tanto en su musicalidad como en los valores visuales de los videos que generó, y la prueba está en cómo es capaz de arriesgar versiones con novedosas sonoridades de sus canciones ya clásicas.
Nada pareció perturbar, sin embargo, la empatía y devoción entre la reina –lo recordó varias veces para aclarar dudas entre otras divas nacientes– y sus entusiastas súbditos. En medio de la insólita parafernalia de un espectáculo que incluyó los más vanguardistas videos en pantallas gigantes y cuerpo de baile capaz de emular a los acróbatas del Cirque du Soleil, reservó varios espacios para la conversación cercana con la audiencia.
En uno de los diálogos recordó sus tres matrimonios fallidos y simuló estar buscando otra pareja, cuando pregunta a un posible prospecto por su nombre, el cual le responde “Rebel Sean” y ella le espeta rápido: “Yo estuve casada con un Sean y no lo repetiría. Salí de eso”, subrayó aliviada.
Hizo un mínimo discurso sobre los derechos de la mujer, todavía puestos en solfa por un mundo masculino, pero el show nunca dejó de ser deslumbrante. Hubo cruces como barras para bailarinas exóticas y una “última cena” a lo Da Vinci pero de fuerte carga erótica.
Camas donde se intercambiaban parejas y la aparición sorpresiva de Ariana Grande a la cual regaló un plátano, previa disertación sobre sus ventajas nutricionales y sensuales.
Varias veces agradeció a los miamenses por su entusiasmo y hasta impartió una breve clase de español. Fue un primer encuentro inolvidable con la diva que reafirma su exclusividad en un trono, hasta hoy, indisputable.
Crítico y periodista cultural.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2016, 11:38 a. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: Madonna, al fin."