Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

ARMANDO GONZÁLEZ: El oleoducto Keystone XL


Varias personas protestan el martes pasado en Sioux Falls, Dakota del Sur, contra la construcción del oleoducto Keystone XL, que iría desde Canadá hasta el Golfo de México.
Varias personas protestan el martes pasado en Sioux Falls, Dakota del Sur, contra la construcción del oleoducto Keystone XL, que iría desde Canadá hasta el Golfo de México. AP

Uno de los primeros debates en el nuevo Congreso que acaba de tomar posesión es la evaluación del proyecto conocido como el Oleoducto Keystone XL. Este oleoducto transportará petróleo de esquistos bituminosos (shale oil) en el norte de la provincia de Alberta, Canadá, a refinerías de Estados Unidos en la costa del Golfo de México que exportarán el producto final a mercados internacionales.

El proyecto ha sido condenado por grupos ambientalistas que han logrado, durante seis años, que el presidente Obama se oponga a autorizar la ruta del oleoducto en territorio de Estados Unidos. Los ambientalistas han adoptado su causa como una religión y se oponen a todo proyecto que resulte en mayor uso de combustibles fósiles. Pero todo es una falacia. Los ambientalistas en Estados Unidos pueden afectar lo que sucede en Estados Unidos, pero Keystone XL se origina en Canadá. Si los ambientalistas ganan esta pelea y el presidente Obama continúa su rechazo al proyecto (que ya va por seis años), el gobierno canadiense construirá oleoductos en territorio canadiense a Vancouver, en el oeste, y/o New Brunswick, en el este, extraerá el petróleo, lo transportará, lo refinará y lo exportará a mercados internacionales que no son tan estrictos en sus regulaciones ambientales como Estados Unidos. Y la generación de gases de invernadero terminará siendo aún peor.

Claro que la otra razón de los grupos ambientalistas es que esta lucha es un power play, un despliegue de fuerza que les dará más influencia en sus actividades de cabilderos ideológicos.

Se ha reportado en diferentes medios que, en 2011, el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, recibió una llamada telefónica del presidente Obama. Con antelación, el Departamento de Estado de Estados Unidos había estudiado el impacto ambiental de Keystone XL y concluido que sería “mínimo”. Ahora, Obama le dijo a Harper que se requería otro estudio ambiental para determinar si Keystone XL afectaría el manto freático en el estado de Nebraska.

Obama le aseguró a Harper que esto sería solo una pequeña demora pero Harper mostró su irritación y su preocupación de que el proyecto estaba en peligro. Este obstáculo fue eliminado cuando los promotores del proyecto aprobaron un cambio de ruta que eliminaba las preocupaciones con el manto freático.

El proyecto Keystone XL es de enorme importancia para Canadá. Es importante para su economía, las alternativas son menos eficientes, ambos partidos políticos canadienses, los liberales y los conservadores de Harper, apoyan el desarrollo de sus recursos naturales y, particularmente, en el norte de la provincia de Alberta, un área enorme y desolada. Canadá es nuestro mejor aliado y nuestro mayor socio comercial. Y los canadienses son muy sensitivos al tratamiento que han recibido de Estados Unidos en Keystone XL. Al prolongar su decisión por seis años, Obama ha tratado a Harper y a los canadienses miserablemente. Las relaciones EEUU-Canadá han sufrido un rudo golpe. Especialmente ahora que todo indica que Obama continuará su oposición.

Excepto por complacer a los ambientalistas, los demócratas en el Congreso han perdido más terreno. Keystone XL es popular. Una encuesta de USA Today el mes pasado dio un 60 por ciento de apoyo a Keystone XL y un 25 por ciento en contra.

Por su parte, Obama ha mostrado un pobre sentido económico (¿y qué es nuevo?) cuando declaró: “Keystone XL ayudará a Canadá a enviar petróleo a otros países, por lo tanto no reducirá el costo en Estados Unidos”. El Wall Street Journal lo corrigió inmediatamente en su página editorial: “Los mercados de petróleo son globales. Una adición a la producción global de petróleo debe reducir los precios en Estados Unidos”.

Obama celebra los proyectos de infraestructura que generan puestos de trabajo pero, en este caso, ha sugerido que la construcción de un oleoducto de 1,179 millas solo crearía algunos puestos de trabajo. La proyección de su propio Departamento de Estado es que se crearían 42,000 puestos de trabajo bien remunerados y se añadirían $3,500 millones a la economía.

Mientras tanto, Keystone XL continuará causando divisiones ideológicas con un presidente duro con los amigos y flojo con los enemigos. En diciembre fue fácil normalizar relaciones con Cuba a cambio de nada. Al mismo tiempo ofendió a Canadá implicando que el motivo de Keystone XL era producir mayores ganancias para las compañías petroleras canadienses.

El impacto de Keystone XL ha sido promover discordias. Peor aún, la oposición se ha convertido en una causa moral. Si Obama termina esto con su oposición, tendrá que ofrecerle a Harper mejores razones que las que nos ha dado a nosotros.

O será una conversación altamente embarazosa.

AGonzalez03@live.com

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de enero de 2015, 8:00 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: El oleoducto Keystone XL."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA