CARLOS DUGUECH: Dueños de balas y vidas
Cuando el 29 de abril de 2011 se publicó una breve columna para El Nuevo Herald que suscribí con el título “Bala contra bala” no imaginé que, casi cinco años después, la cuestión del control sobre las armas que poseen los ciudadanos civiles de los Estados Unidos no sólo no estaría resuelta, sino que se agravaría. Y ahora, con la columna de Andrés Hernández Alende, del 15 de enero pasado [ver Perspectiva, Treinta mil muertos al año], se abre un abismo, necesario para que se tome en cuenta la gravedad del asunto. Un abismo, que de no tenderse puentes adecuados, seguirá siendo el trágico horizonte de tantas muertes por balas disparadas desde armas que pueden ser adquiridas por cualquiera.
La cita que se hace del sitio web de la Casa Blanca, www.whitehouse.gov, no deja lugar a dudas sobre los guarismos que reflejan las muertes por armas en poder de civiles en los Estados Unidos: 30 mil personas, treinta mil historias de vida, cada año.
Cuando los defensores de las armas en poder de quien quiera, incluidos congresales con poder de cambiar la situación, echan mano a una enmienda constitucional (la Segunda), sin duda ninguno de ellos baraja la posibilidad de que entre las víctimas que estiman las estadísticas pueda hallarse alguien de su familia: la esposa, los hijos, los padres, los hermanos… Es seguro que recién en ese caso y quien se sintiera afectado del modo descripto, impulsaría decididamente medidas desde el Congreso en favor de acotar la venta de armas a quienes no garanticen, primariamente, que están en sanas condiciones personales para portar un elemento de muerte.
Es casi una ley natural tan aplicable a las cuestiones legales como sociales. Si el hijo de un integrante del Congreso hubiera retornado a los Estados Unidos después de haber participado de la guerra de Irak, por ejemplo, no como veterano con medallas por logros en el campo de batalla, sino con una sola condecoración final, sobre su uniforme y con la bandera de las barras y las estrellas envolviendo su ataúd, probablemente cambiaría sus votos, casi siempre encaminados hacia la “guerra a todo”.
Siguiendo con esta línea de suposiciones, si la nieta de tres años de un senador fuese salvada de ahogarse irremediablemente al caerse en una pileta de un club por un obrero negro, es más que probable que el inveterado racismo del legislador al menos se moderara.
En suma, siempre el interés personal, el de clase, o el del sector al que se cree pertenecer de por vida, condiciona las conductas más allá de lo racionalmente comprensible. Porque insistir en la vigencia remozada y actualísima de una norma (Segunda enmienda) aunque forme parte del Bill of Rights, es suponer –vaya suposición trasnochada– que todavía es posible que los ingleses vengan armados a recuperar sus colonias, independizadas hace más de dos siglos.
Puede decirse que si hay una razón honesta y racional para sustentar la vigencia de la Segunda Enmienda del modo cómo la interpretan los interesados (congresistas, fabricantes de armas, vendedores de esas armas y la Asociación Nacional del Rifle) sería bueno debatirla en un plano de amplia e irrestricta participación, de tal suerte que las disposiciones ejecutivas de Obama hallen un camino sin obstrucciones.
Esta vez Obama se muestra activo en éste, “su” turno. El que identifiqué en una columna del día 12 de julio de 2014 en este medio y que titulé “El turno de Obama”. Cerraba de este modo: “Ahora, sin tanto poder en el Capitolio, Obama tiene la oportunidad y la obligación de ser el estadista que el mundo y su propio país esperan y necesitan. Es el tiempo de darle entidad a los eslóganes de sus campañas: el “cambio”, primero; y “adelante”, para el logro de su segundo mandato. Es el tiempo en el que el uso del poder para el presidente de Estados Unidos dejará de ser un ensayo de propuestas y soluciones coyunturales para convertirse en el vórtice de una gestión que no sólo su país sino el mundo requiere.”
Las potenciales víctimas de tanta arma en tantas manos, agradecidas.
Periodista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de febrero de 2016, 11:26 a. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: Dueños de balas y vidas."