LYDIA HIDALGO: Un ataque a nuestra cultura
Todos los países tienen tradiciones basadas en su historia y religiones y tienen el derecho de practicarlas a su antojo, o tal vez sus habitantes son reprimidos de hacerlo por cuestiones políticas o religiosas. Pero cuando su gente inmigra a Estados Unidos, deben respetar las costumbres y tradiciones que aquí se practican.
El viejo dicho “cuando estés en Roma, compórtate como los romanos”, es algo que muchos suelen olvidar. Este país se fundó con el propósito de dar a sus habitantes el derecho de ser libres y de practicar su afiliación política y religiosa, y aunque el país fue fundado por cristianos de diferentes denominaciones, de igual forma hemos llegado con diferentes religiones y tradiciones y somos libres de expresarnos a nuestro antojo.
En su corta historia de casi 240 años este país ha sido formado por inmigrantes de muchos países con sus diferentes idiomas, costumbres y religiones. En el pasado y en su gran mayoría todos se asimilaron y compartieron sus viejas tradiciones y aprendieron a celebrar aquellas nuevas que sus valores aceptaron y así formaron lo que han llamado el gran melting pot o crisol de etnias, en su mayoría judeocristiano con el inglés como idioma.
Festejar las tradiciones del país no quiere decir que tengamos que seguir al pie de la letra lo que va en contra de nuestros valores. Aquí se celebra todo tipo de días religiosos, de festivales culturales, de partidos políticos, y es nuestro derecho festejar con nuestra familia en privado aquello que es nuestro o festejar con amigos aquello que es nuevo para nosotros (¿quién no ha celebrado el Thanksgiving con un buen lechón o una pierna de cordero al lado del pavo?). Lo que no es ni debe ser tolerado es tomar decisiones que interrumpan las tradiciones de este país.
Todos los grupos de inmigrantes que a esta nación han llegado lo han hecho con ricas tradiciones de religión, de comidas, de lenguas, de arte, de educación y las han compartido con el resto del país, fortaleciendo el tejido que nos une como nación y nos celebra como individuos, pero hay dos grupos que fuertemente tratan de romper esos lazos que nos unen y que luchan por acabar con nuestras tradiciones.
Por un lado están los ateos que quieren quitar toda referencia a Dios, desde los billetes hasta los monumentos que por tradición levantamos a nuestros soldados, y por el otro una gran variedad de musulmanes que no quieren integrarse o compartir nuestras tradiciones.
Esta semana leí en un artículo que una escuela de St. Paul, en Minnesota, cancelaba las fiestas de San Valentín, Thanksgiving y Navidad porque no quieren insultar las sensibilidades de los diferentes grupos étnicos de la escuela.
Cometen un gran error, pues el país siempre ha sido de inclusión y no de exclusión. El problema no debe ser castigar o cohibir a los que celebran esos días de fiesta si no tratar de incluir algún día de fiesta que los otros celebran y compartir nuevas tradiciones.
Este país es en su mayoría judeocristiano y no debe permitir que la nueva moda de “lo políticamente correcto” destruya sus costumbres o tradiciones por unos grupos que no quieren compartir nuestros valores o que tratan de imponer los suyos a tal grado que cambie el tejido de nuestra sociedad. Con no asistir o compartir es más que suficiente.
Venir a este país es querer ser americano, es contribuir con nuestro esfuerzo y nuestro apoyo al país que nos acoge, nos protege y nos permite conseguir o nos da la oportunidad de alcanzar nuestros sueños y en el cual hemos obtenido libertad y refugio de los países donde nos oprimen y nos maltratan. De lo contrario son libres de volver al país de origen y de seguir sus tradiciones en el infierno de donde salieron.
Artista y escritora residente en Miami.
Siga a Lydia Hidalgo en Twitter: @lydiahidalgo1
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de febrero de 2016, 10:58 a. m. with the headline "LYDIA HIDALGO: Un ataque a nuestra cultura."