PEDRO CAVIEDES: La coca y la paz
Soplan vientos de acuerdo de paz en Colombia y su estela llega hasta Washington D.C., donde el presidente Barack Obama ha prometido darle un nuevo impulso a lo que durante 15 años se denominó como el Plan Colombia, para pedir fondos al Congreso por US$450 millones en lo que ahora será el Plan Paz. Sin embargo, da la impresión de que la champaña se está destapando antes de tiempo, sobre todo con tantas preguntas sueltas que, de no ser solventadas, pueden convertir la fiesta en una de esas pesadillas que al otro día se transforman en insoportables resacas.
A pesar de que en la Casa Blanca se celebró por todo lo alto, con personajes del jet set, la política y la alta sociedad de Colombia, la sombra del aumento de los cultivos de coca planeaba sobre el Ala Este, quizá con las risas de los jefes guerrilleros en La Habana, haciendo eco en sus paredes (las FARC son actualmente el mayor cartel de la droga del país). Según informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Unodc (por sus siglas en inglés), tan solo entre el 2013 y el 2014 se pasó de 48,000 hectáreas cultivadas con coca, a 69,000; una variación al alza del 44%. Y la producción potencial de cocaína pasó de una media de 290 toneladas métricas a una de 442 toneladas métricas; un incremento del 52%.
¿Saben cuánto se pueden multiplicar 442 toneladas métricas de cocaína pura y en cuánto se venden en las calles de los Estados Unidos? ¿Saben cuántos votos y conciencias comprarían en las ciudades y los pueblos de Colombia ese torrente de dólares, cuya tasa de cambio hoy por hoy está por encima de los 3,000 pesos colombianos? Quizá tantos y tantas como podía comprar Chávez en la época del barril de petróleo a US$110.
Llama la atención que el nombre del único presidente durante cuyo mandato se redujeron a la mitad los cultivos de coca, lo que duplicó su precio en las calles de Nueva York, Chicago o Miami, fue el ausente número uno en los créditos del discurso del presidente Obama: el del presidente Álvaro Uribe Vélez.
Pero como lo más seguro es que la fiesta prosiga y en unos meses se esté rubricando esta alcahueta e impune paz en la Habana, y los titulares lloverán desde todos los rincones y quizá hasta le otorguen el Premio Nobel de la Paz al presidente Santos y a Timochenko, vale la pena hacerse estas preguntas, antes de que la resaca nos tome por sorpresa: ¿Qué va a pasar con el dinero del narcotráfico que tienen, y siguen ganando, las FARC? ¿Qué va a pasar con sus bienes? ¿Cómo va a ser la entrega de armas; qué quieren decir con el término “dejación” (que tanto temor nos causa a los colombianos)? ¿Qué pasaría si alguno de los firmantes continúa delinquiendo? ¿Cómo serán las penas alternativas que pagarán los guerrilleros?
Hoy más que nunca es vital que el Congreso de los Estados Unidos apruebe los fondos que promete el presidente Obama para el Plan Paz, pero sobre todo que los colombianos analicemos detenidamente las características que debe poseer la persona que reemplazará a Juan Manuel Santos.
Solo alguien con carácter fuerte, que no tema llevar todo el peso de la ley a los (ex) guerrilleros que incumplan, los obligue a acatar lo pactado y combata con reciedumbre al narcotráfico, puede lograr algún tipo de paz sostenida. Mejor dicho, paradójicamente, para que la paz de Santos sea un éxito, se necesita que quien lo reemplace sea un guerrero.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de febrero de 2016, 11:26 a. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: La coca y la paz."