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Opinión

EDUARDO J. PADRÓN: La droga no es glamorosa

He leído con mucha preocupación y tristeza sobre el turbio encuentro de artistas reconocidos con un narcotraficante tristemente célebre por sus crímenes y violencia. La rara cita se producía con fines periodísticos, según se ha dado a conocer. Una entrevista sin mayores consecuencias con el letal delincuente ha sido el saldo del encuentro.

Me parece que se trata de una publicidad totalmente innecesaria, sobre todo cuando hago el resumen de los años y me doy cuenta que en el camino han caído no pocos amigos y conocidos por el flagelo del consumo de estupefacientes.

Sé de padres, madres, abuelas, tías que sufren la ausencia de sus seres queridos desaparecidos en la flor de la juventud. Sus testimonios siempre me han parecido estremecedores y creo que son los que merecen ocupar titulares en la prensa para hacer conciencia, desde la más temprana edad, sobre las consecuencias devastadoras de la adicción a las drogas.

Que el cine y otras formas del arte, hasta cierto punto, singularicen y mitifiquen personajes como el Tony Montana del filme Caracortada, no justifica que algo similar ocurra con individuos que cuenten ante las cámaras o en la prensa plana las razones que los condujeron a sembrar la muerte entre nuestra juventud y no se sientan culpables.

Es cierto que existen otras pandemias sociales como las armas en manos equivocadas y de salud como el SIDA que han dañado, con rudeza, sectores vulnerables de nuestra población.

El expendio de los narcóticos en nuestras calles, sin embargo, merece toda la atención de las autoridades y de la comunidad en general. Solo hay que recordar los tiempos inciertos de los años ochenta en Miami, donde famosos narcotraficantes campeaban por su respeto en nuestros predios.

La amenaza de la adicción a drogas no conoce de clases sociales, ni de grupos urbanos específicos. Un minucioso estudio reciente llevado a cabo por The New York Times nos ofrece una nueva perspectiva. Las estadísticas del informe indican que la mortalidad por sobredosis ha aumentado en los Estados Unidos a niveles que no se experimentaban desde hace dos décadas, cuando el SIDA dejó de ser una epidemia.

El aumento de fallecidos entre edades que van de 25 a 34 se da en la población blanca, específicamente, y es el primer grupo en experimentar tan lamentable estadística desde aquel de los años sesenta afectado por la guerra de Vietnam.

Vale la pena aclarar que el número de defunciones aumenta a un 23 por ciento en la franja de personas sin una educación secundaria, en comparación con el 4 por ciento de aquellos con título universitario.

Según el estudio, la sobredosis parece ser una de las causas principales tanto de drogas ilegales como aquellas de prescripción facultativa. Las personas no están supuestas a morir entre las edades de 25 y 34 años y las estadísticas de enfermedades mortales como las vinculadas al corazón, el SIDA y el cáncer han disminuido.

Aunque no hay una respuesta absoluta sobre la causa de lo que está ocurriendo en esta parte de la población americana, no pocos especialistas consultados coinciden en decir que circunstancias sociales no resueltas siguen empujando a estas personas a la salida ilusoria que brindan las drogas.

Grupos que no han podido insertarse en la economía, de escasas relaciones familiares y baja educación académica, son el caldo de cultivo para este “elefante” dañino que tenemos frente y, a veces, no queremos ver porque pensamos que está fuera de nuestro ámbito social.

Todos tenemos que poner de nuestra parte y buscar la equidad y bienestar social que reclaman las nuevas generaciones.

Presidente del Miami Dade College.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de febrero de 2016, 0:14 p. m. with the headline "EDUARDO J. PADRÓN: La droga no es glamorosa."

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